Anika entre libros

Madre de leche y miel

Ficha realizada por: Saray Schaetzler
Madre de leche y miel

Título: Madre de leche y miel
Título Original: (Mare de llet i mel, 2018)
Autor: Najat El Hachmi
Editorial: Destino
Colección: Áncora y Delfín


Copyright:

© Najat El Hachmi, 2018
© Editorial Planeta, S.A., 2018

Edición: 1ª Edición: Marzo 2018
ISBN: 9788423353378
Tapa: Blanda
Etiquetas: familia, Cataluña, economía, sociología, conflicto cultural, costumbrista, política, mujeres, globalización, inmigración, literatura española, novela, Marruecos, trabajo, matrimonio, maternidad, machismo, hermanas, cosificación, emigración, Rif
Nº de páginas: 384

Argumento:

Fatima procede del Rif. Tras abandonar su país y una vida sencilla pero dominada por el sistema patriarcal que mantiene a las mujeres invisibilizadas aterriza en Cataluña, una sociedad desconocida para ella que no está exenta de la dureza que ya ha experimentado por el hecho de ser mujer.

 

Opinión:

 

Si tuviéramos el valor de preguntarles a estas mujeres que emigran esperando conseguir una vida mejor, la tragedia de viajar lejos de sus familias y hogares conllevaría la paradoja de la esperanza. Esto nos abre los ojos frente a otras realidades, mujeres que viven su día a día alejadas de sus propias decisiones, sin derecho a emitir opiniones o decidir sobre su destino para las que el mismo collar en diferente país significa un paso adelante en su construcción como personas independientes.

Así, si algo se puede señalar como positivo en estas situaciones es una supuesta libertad. Y digo supuesta a sabiendas de que cuando a una mujer se le niegan los derechos más elementales, que aquí reconocemos y de los que además hacemos uso, esta autodeterminación de formar parte del grupo de mujeres que salen a trabajar fuera de sus hogares significa para ellas algo novedoso, que hace reflejo de otras sociedades en las que ellas sí tienen voz, aunque no debemos engañarnos, nuestra supuesta cultura de libertad no está exenta de dureza para mujeres que han sobrevivido a una cultura machista extrema, para integrarse en otra similar, no exenta de discriminación, eso sí, maquillada con etiquetas de denominación de origen, como manda la moderna sociedad occidental.

El caso de las temporeras de Huelva que ocupa estos días las noticias no es ninguna novedad ni supone un caso aislado. Hablando con trabajadores y trabajadoras de la zona confiesan que estas actitudes ya se daban desde el principio, al amparo del miedo de estas mujeres y de la perversión de capataces y compañeros, pues el hecho de callarse unos hechos tan graves les hace cómplices de esas violaciones y abusos. Parece que existía un esfuerzo por no dar a conocer en los medios esta situación, a qué hablar de un tema que carece de interés. Los protagonistas de estos hechos deleznables son mujeres, y para más inri de origen extranjero, ya sean originarias de Marruecos -como ocurre e este caso- o de cualquier otro país, el valor de la palabra de una mujer está desvalorizado, lo mismo que su identidad como persona. Mujeres cosificadas, tratadas como meros objetos de mano de obra a las que se puede violentar con total impunidad.

Cuando la autora nos habla de las penalidades que la protagonista conoce en su país, y creemos que llegar a Europa debería suponer para ella un alivio, nos percatamos de que no es tan sencillo integrarse en una cultura con la que una no está familiarizada, no sólo a nivel social, sino religioso, político, económico,…más cuando la mochila educativa arrastra consigo unos valores que chocan de frente con los del nuevo hogar.

No se puede integrar en un nuevo país si no deja de lado viejas costumbres, lo mismo que no es posible ni de debe abandonar la raíz que sustenta su propia cultura, estamos cansados de oír que no es sano para la psique, y ahí comienza la lucha entre adaptarse o no, en dejar que sea el entorno el que va entrando en nosotros, o hacerlo a medias, cuestionando o comparando uno y otro.

La solución no está clara, y ni las explicaciones didácticas ni la psicología ortodoxa cubren la explicación de esta necesidad humana de sentirse de algún sitio sin abandonar las propias raíces. Así, esta obra no es sólo un recuerdo hacia el pasado de cada emigrante, sino el reflejo de lo que aún debemos esforzarnos en visibilizar en los países que acogen emigrantes y se creen con el derecho de imponer costumbres y folklore por el hecho de la creencia errónea de poder y sometimiento. No hay país que no haya sufrido el alcance de la migración o emigración en alguna época de la historia, y cada vez es más común que nos desplacemos por el mundo prescindiendo de las viejas fronteras físicas. Toca adaptarse y reconstruir aquellas ideas ya obsoletas de las que la propia globalización se ha encargado de prescindir. Hace unos pocos años se gritaba y clamaba por un mundo global, sin prever sus consecuencias. ¿Acaso soñábamos con un mundo globalizado en el que se acataran sólo aquellas singularidades que nos favorecieran a los países desarrollados? Ah, era eso.

Puedo soñar con que estoy en esos paisajes desérticos y huelo la sequedad, la arena y la falta de aire se meten en mi garganta cuando leo los pasajes que rememora Fátima en su relato, y camino a su lado cada vez que me cruzo en las callejuelas de Barcelona, o en el metro o en una cola con estas mujeres a las que no entiendo cuando hablan entre ellas. No entiendo, que viviendo en España hace años algunas no han aprendido aún a escribir o a leer, pero sí lo hago cuando aplico la perspectiva de género, porque sé que mientras que sus maridos han ido a la universidad (allí es gratuita) a ellas se les ha permitido ser esposas y madres, se les ha confinado en el espacio íntimo, y se les ha prohibido el espacio público en que otras trabajamos, nos relacionamos, estudiamos. Y aquí anotamos el carácter de localización de los espacios que estas mujeres emigrantes ocupan, cuartos oscuros o viviendas en condiciones paupérrimas, al mismo nivel que los autóctonos que viven en estado de pobreza.

"Mujeres de leche y miel" no es sólo un relato más bucólico y almibarado de las mil y unas noches, sino un mazazo que nos devuelve a la realidad que provoca que nos enfrentemos con la sociedad actual, en la que si bien convivimos mujeres de etnias y culturas tan diferentes la educación y el desprecio que padecemos cada día por el hecho de ser mujeres es bien parecida.

Esta novela revela en los actos de las muchachas cómo los cuidados entre nosotras sustituyen -y reparan en ocasiones- los daños recibidos, y resulta enriquecedor entender que podemos adaptar este cuidado mutuo, prescindiendo de barreras que son más mentales que físicas.

Lectura imprescindible para las mujeres y hombres de estas nuevas sociedades, para los interesados en sociología, en derechos humanos, en el bien común, y para los que disfrutan viajando y abriendo la mente desde el sillón. Todo es válido cuando se trata de abrir compuertas hacia la tolerancia.

Makechu Antón

 

 

 

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