Anika entre libros

El misterio del carruaje. Ilustrado

Ficha realizada por: Mar Gázquez
El misterio del carruaje. Ilustrado

Título: El misterio del carruaje. Ilustrado
Título Original: (The Mystery of a Hansom Cab, 1886)
Autores: Cristina Sedano, Fergus Hume
Editorial: dÉpoca editorial
Colección: Misterios de Época


Copyright:

© Editorial dÉpoca, 2015

Ilustraciones de C. Sedano

Traducción: Rosa Sahuquillo Moreno y Eva María González Pardo
Ilustraciones: B/N
Edición: 1ª Edición: Marzo 2015
ISBN: 9788494363405
Tapa: Dura
Etiquetas: clases sociales, clásicos, asesinatos, detectives, misterio, policiaca, intriga, libros ilustrados, literatura australiana, novela, siglo XIX, secretos, suspense, best seller, jet set, bajos fondos, decimonónica, Melbourne
Nº de páginas: 352

Argumento:

Un hombre es encontrado muerto en el interior de un carruaje alrededor de las dos de la madrugada de un viernes.

La víctima es Oliver Whyte, un caballero recién llegado de Inglaterra y cuya intención era la de casarse con Madge, hija de un rico hacendado local. Todas las pruebas del crimen apuntan al joven irlandés y verdadero amor de Madge, Brian Fitzgerald, como el autor del asesinato.

Brian se declara inocente y tiene una coartada que le valdría la absolución, sin embargo se niega a revelarla porque esconde un terrible secreto que causaría un gran sufrimiento a su amada.

Los detectives Gorby y Kilsip, y hasta el abogado del acusado, serán los encargados de descubrir la identidad del verdadero asesino.

 

Opinión:

 

La primera impresión que se tiene al tener entre las manos "El misterio del carruaje" es de la encontrarse ante un libro cuya edición es exquisita. Nada nuevo, por otra parte, tratándose de la editorial dÉpoca. Detalles como el retractilado, la tapa dura impresa igual que la sobrecubierta, elementos decorativos y estéticos como la cinta marcadora a juego con la cabezada, las deliciosas ilustraciones en blanco y negro, o el marcapáginas y la lámina con la ilustración de la cubierta que se incluyen como obsequio con la compra del libro, son las señas de identidad de una editorial que ofrece a los lectores ediciones cuidadas y de gran calidad.

 

Ilustrado -carruaje

 

"El misterio del carruaje" presenta la particularidad de ser el libro de misterio más vendido durante el siglo XIX y principios del XX, convirtiéndose así en la primera novela de misterio en alcanzar la condición de bestseller, circunstancia que para los amantes de la novela de intriga detectivesca clásica ya es motivo bastante para acercarse a esta historia.

La trama se sitúa en Melbourne a finales del siglo XIX y enlaza personajes de distintos ámbitos sociales, desde los más sofisticados hasta los más míseros. Cuando penetra en estos últimos, en los bajos fondos, he de decir que más que aversión he sentido compasión, incluso por los personajes que la lectura nos da a entender como de los más deleznables, como es el caso de Abuela Raterilla. Acostumbrados como estamos los lectores actuales de novela negra a personajes explícitamente detestables, resulta difícil sentir desprecio por un personaje con un apodo tan familiar e inocente formado además por un diminutivo.

La trama sigue los patrones clásicos de la novela de detectives y mantiene hasta el final el interrogante sobre la identidad del asesino. La correcta dosificación que hace el autor de la revelación de las pistas consigue que el interés por la lectura se mantenga a un ritmo exento de sobresaltos pero constante en todo momento. Desde el principio el lector se ve implicado en la resolución del misterioso asesinato haciendo cábalas sobre la identidad del asesino y sobre cuál será el secreto que se empeña en ocultar el acusado, a pesar de que su revelación podría eximirlo de toda culpa.

Por su originalidad, merecen ser mencionados en esta novela varios aspectos. En primer lugar, no hay un único detective que cargue con el protagonismo y con el peso de la investigación, algo inusual en la novela de detectives. Al principio pensamos que ese papel recae sobre el detective de policía Gorby, pero después resultan ser dos los detectives implicados en la investigación y además son adversarios. Pero es más, ahí no acaba la originalidad puesto que el abogado del acusado, el señor Calton, se podría decir que llega a convertirse en un tercer "detective parcial" al perseverar como el que más en la búsqueda del asesino. Las pesquisas que van llevando a cabo estos tres personajes y las dispares conclusiones a las que llegan, ofrecen un magnífico juego al lector que compartirá con ellos este peculiar rompecabezas.

Según la información que nos ofrece la editorial tanto en la introducción como en el posfacio -interesantísimos ambos-, en realidad Fergus Hume aspiraba a ser dramaturgo y escribió esta novela con el único fin de llamar la atención de los empresarios teatrales al ser la novela de intriga la que mejor se vendía en aquella época. Dicha vocación se advierte en la novela en fragmentos que cobran tintes de otros géneros literarios y que trascienden el ámbito concreto de la novela de detectives.

Uno de esos puntos es la historia de amor entre Brian, el acusado del crimen, y Madge, la hija del rico hacendado; una relación amorosa que para el lector actual resulta teatral y exagerada al presentar los visos folletinescos tan habituales en la novela decimonónica.

Otro punto que evidencia las verdaderas aspiraciones literarias del autor es la cantidad de referencias culturales y literarias explícitas que asoman a menudo en la novela y que, con la conveniente información que sobre las mismas encontramos a pie de página, suscitan -a la vez que sacian- el interés cultural del lector.

A pesar de ser una novela decimonónica, el estilo es sencillo y en absoluto florido; en muchas ocasiones resulta humorístico y en no pocas, jocoso. A esto contribuye que cuando se expresan los personajes de los bajos fondos de Melbourne el autor refleje su modo de hablar de forma fidedigna y literal -y en este punto considero indispensable alabar el magnífico trabajo de la traducción del libro- en un habla plagado de vulgarismos y de transgresiones a las normas gramaticales que nos ofrece no pocos momentos divertidos durante la lectura; y sirva este ejemplo que encontramos en la página 268: "Er tipo de la policía y er señoritingo -respondió Lizer, de pronto-. Vienen a ver si ya´s estirao la pata".

El misterioso asesinato se resuelve de forma correcta y coherente con el devenir de los acontecimientos si bien, llegados a este punto, tengo que decir que, y aunque se pueda intuir, me habría gustado conocer el auténtico motivo del crimen. Sin embargo, este pequeño reparo (que en modo alguno afecta a la calidad de la novela) tiene una explicación que el lector deducirá -y disculpará- tras leer el interesante posfacio de la novela.

Mar Gázquez

 

 

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