Anika entre libros

Íbamos a ser reinas. Mentiras y complicidades que sustentan la violencia contra las mujeres

Ficha realizada por: Lidia Casado
Íbamos a ser reinas. Mentiras y complicidades que sustentan la violencia contra las mujeres

Título: Íbamos a ser reinas. Mentiras y complicidades que sustentan la violencia contra las mujeres
Título Original: (Íbamos a ser reinas. Mentiras y complicidades que sustentan la violencia contra las mujeres, 2017)
Autor: Nuria Varela
Editorial: B de Books


Copyright:

© Nuria Varela, 2012, 2008

© Sipan Barcelona Network, S.L., 2017

Edición: 1ª Edición: Noviembre 2017
ISBN: 9788466662390
Tapa: Blanda
Etiquetas: maltrato, abusos, malos tratos, alcohol, familia, violencia, divulgación, discriminación, enfermedades mentales, ensayo, feminismo, mujeres, igualdad, literatura española, pornografía, secuestros, sexualidad, miedo, terror psicológico, testimonios, violencia de género, pobreza, discriminación sexual, violaciones, acoso, solidaridad, paternidad, violencia psicológica, psicología masculina, psicología femenina, embarazo, casas de acogida, patriarcado, maternidad, víctimas, machismo, aborto, juicios mediáticos, injusticias, independencia de la mujer, femenicidio, sumisión femenina, dependencia, masculinidad, violencia familiar, Síndrome de Alienación Parental (SAP), acoso sexual, Juana Rivas
Nº de páginas: 337

Argumento:

Nuria Varela actualizó en 2017 el estudió que llevó a cabo en 2002 sobre la violencia machista en España. Quince años después, el balance no puede ser más desolador: 910 asesinatos más. En estas páginas, la autora expone, sin medias tintas, con dureza y valentía, las causas del maltrato y el cambio social que requiere solucionar uno de los problemas más graves e injustos de nuestra sociedad actual

 

Opinión:

 

Lucidez, valentía y fortaleza. Son los tres sustantivos que se me vienen a la cabeza ahora que empiezo a escribir la reseña de este "Íbamos a ser reinas" que deja huella. Lucidez, porque Nuria Varela realiza en esta obra un análisis profundo de las causas de la violencia machista (o, como dice ella en el subtítulo de este estudio, de las "mentiras y complicidades que sustentan la violencia contra las mujeres". Y el hecho de que hable de mentiras y de complicidades me parece, además de acertado, punzante, que da donde más duele. Trataré de explicar por qué más adelante). Valentía, porque dice las cosas tal cual son, amparada por las cifras estadísticas y los estudios rigurosos sobre el maltrato que se han llevado a cabo a lo largo de los años. Y de una forma contundente y reivindicativa. Y fortaleza porque si ya es duro leer este libro, si es arduo descubrir mediante retazos, citas y conversaciones lo que las mujeres que sustentan esta obra cuentan a través de la autora, no quiero ni imaginarme lo que puede ser sentarse delante de ellas y que te cuenten, volver a escuchar lo que te han narrador y extraer ideas para tu obra, releer esas ideas y escribirlas intentado transmitir todo el dolor, la rabia, la impotencia, la ira, la injusticia, la soledad, el sufrimiento, las dudas, la inseguridad, la destrucción psicológica y el tormento que sintieron las mujeres que aquí aparecen.

Y es que quizá sea lo primero que hay que advertir: esta obra es dura. Muy dura. Recoge los testimonios directos de varias mujeres que han sido maltratadas por hombres. Maltratos muy variados, como se ve en el título de cada capítulo, que nos hablan de una sociedad dominada por la violencia (o que, por lo menos, la consiente) y por una visión masculina y machista de la vida en la que las mujeres son, claro está, diferentes, raras, que se salen del canon.

Esta es, precisamente, una de las primeras propuestas de Varela para acabar con la violencia contra las mujeres: cambiar el canon social, el punto de vista, la medida de todas las cosas: que no sea el hombre (masculino) sino el ser humano (hombre y mujer). Nada fácil. Pero necesario. Y una segunda medida, no menos importante: que dejemos de imponer un modelo de hombre violento, poderoso, duro, nada empático y muy poco emocional. Varela expone en la obra cuán desigual es el trato que damos a niños y niñas desde que son pequeños. Aunque nos parezca que educamos en igualdad, el mensaje es tan sutil como permitir que los niños utilicen la violencia para conseguir sus fines (aunque sea canalizada a través de actividades físicas como el deporte) mientras que a las niñas se les enseña a ser buenas, es decir, a ser sumisas.

Por eso habla en el subtítulo de "complicidades", porque, en el fondo, la mayoría de la sociedad mantiene unos roles de género patriarcales que afectan tanto a la forma de ser de hombres y mujeres como a las labores que pueden o no pueden realizar. Y habla de mentiras, porque el patriarcado nos ha contado algunas falsedades que aún hoy se siguen dando por ciertas, sin pararnos a pensar si lo son o no. "Grandes mentiras de la historia", como la propia autora las llama en la nota que incluye al comienzo de la obra, como que quien bien te quiere te hará llorar, el amor romántico que transmiten las canciones, novelas y películas; la idea patriarcal de familia; que los hombres van a trabajar y las mujeres se quedan en casa cuidando de los niños; que el objetivo vital de una mujer debe ser el matrimonio y, ligado a ello, la maternidad; la autoridad masculina; el reparto de poder; la asignación de roles de género (qué pueden y no pueden y qué deben o no hacer hombres y mujeres)... En definitiva, la inferioridad de la mujer, el reducir su campo de actuación a la esfera privada y la creencia de que el amor todo lo puede.

La desigualdad entre hombres y mujeres es, pues, el soporte en el que se asienta una violencia de género normalizada y naturalizada por los medios de comunicación y la sociedad en general. La impunidad contra los maltratadores, hace que la violencia contra las mujeres se perpetúe en un ciclo sin fin. Esta es una de las principales tesis de Varela, quien asegura, además, que la sociedad fomenta un clima de violencia general asociada al modelo masculino patriarcal. No es que los hombres sean violentos, es que el modelo patriarcal les inculca que lo son, defiende la autora.

Además del prólogo de Marcela Serrano y las notas de la autora, al comienzo; y de dos anexos que nos hablan sobre la vergüenza de las cifras, el primero, y que nos ofrece una cronología completa de los procesos judiciales del caso Juana Rivas, la mujer que el pasado verano no quiso entregar a sus hijos a un exmarido condenado por violencia de género, en el caso del segundo, este ensayo actualizado está dividido en doce capítulos que ahondan en la raíz y las consecuencias del problema. Así, siempre avalada por los testimonios en primera persona de mujeres que han convivido con maltratadores, por cifras y por diferentes estudios realizados, Varela va desgranando esas mentiras y complicidades de la violencia contra las mujeres: en el primer capítulo analiza los mitos y los errores de la violencia machista; en el segundo, el poder del miedo, esa telaraña que atrapa a las víctimas y las paraliza hasta dejarlas sin ninguna capacidad de decidir ni actuar; en el tercero, el poder del sexo, cómo los hombres utilizan la sexualidad para someter, controlar y vejar a las mujeres; en el cuarto, el poder en sentido amplio, el poder político, el respeto social, el poder en el seno de la familia; en el quinto, el maltrato psicológico y los pequeños o grandes abusos cotidianos, los micromachismos y los macromachismos, de los que somos víctimas todas las mujeres cada día; en el sexto, el maltrato judicial, la injusticia de muchas sentencias y procesos judiciales que tienen que ver con el abuso a las mujeres; en el séptimo, el maltrato económico, entendido tanto como la prohibición de trabajar que muchos maltratadores imponen a sus víctimas, como la desigualdad de salarios, acceso a puestos de trabajo o ascensos en la carrera profesional; en el octavo, el maltrato paterno, la violencia ejercida contra los hijos; en el noveno, la pobreza, la edad y el alcohol como causas o consecuencias de la sumisión; en el décimo, la violencia contra las mujeres jóvenes, cómo nuestras jóvenes tienen aún más peligro porque han sido educadas en una falsa sensación de igualdad que las deja desprotegidas contra el machismo real de la sociedad; en el undécimo, la construcción de la masculinidad y en el duodécimo, la libertad, la solidaridad femenina, los hombres feministas y la dignidad que toda mujer merece.

Como puede verse, el análisis es amplio y exhaustivo y la obra, tan interesante y dura como necesaria. Una llamada de atención, un grito de ave de rapiña, como dice Marcela Serrano en el prólogo, que todos (hombres y mujeres) deberíamos leer y, sobre todo, interiorizar y poner en práctica.

Lidia Casado

 

 

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