Anika entre libros

Fractura

Ficha realizada por: Lidia Casado
Fractura

Título: Fractura
Título Original: (Fractura, 2018)
Autor: Andrés Neuman
Editorial: Alfaguara
Colección: Narrativa Hispánica


Copyright:

© Andrés Neuman, 2018

© Penguin Random House Grupo Editorial S.A.U., 2018

Edición: 1ª Edición: Febrero 2018
ISBN: 9788420432427
Tapa: Blanda
Etiquetas: recuerdos, energía nuclear, amor, conflicto cultural, supervivencia, globalización, Hiroshima, literatura argentina, Nagasaki, novela, relaciones personales, tecnología, bomba atómica, Fukushima, vejez, madurez, traumas, periodistas, kintsugi
Nº de páginas: 496

Argumento:

El terremoto y posterior incidente nuclear de Fukushima revuelve la memoria histórica de Japón, en general, y muy en particular, la del señor Watanabe, superviviente de la bomba atómica. Pero no será el único.

Al otro lado del mundo, en Argentina, un periodista le ha descubierto y está empeñado en reconstruir su vida y sus amores a través de las voces de quienes le amaron. El viaje hacia la memoria, o hacia el olvido definitivo, no ha hecho más que comenzar.

 

Opinión:

 

La última gran novela de Andrés Neuman no da para una reseña. Da para un club de lectura entero en el que ir desgranando, minuciosamente y sin dejar ninguno atrás, la enorme cantidad de temas interesantes que el autor va dejando caer en cada una de las páginas de su obra. Voy a intentar hacer un resumen aquí. Espero que no quede un batiburrillo sin sentido que le quite mérito a una novela que, sin duda alguna, y lo digo ya desde el primer párrafo, merece la pena leer. Y mucho.

El terremoto de Fukushima, el tsunami y el accidente nuclear que tuvieron lugar el 11 de marzo (¡vaya día para que tuviera lugar!, ¿eh? Pues esta es uno de los temas importantes que recorre el día: las casualidades -o no tan casualidades- que van vinculando las historias de los países, aunque parezca que no) del 2011 son el detonante de esta novela que ahonda en la energía nuclear, en las medias mentiras que nos cuentan y las verdades que se callan. Así, el señor Watanabe, superviviente de las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki, verá cómo toda su existencia se remueve (como la del país entero) al ver que, una vez más, lo atómico causa un desastre humano inconcebible.

A partir de este detonante, la estructura de la novela se desdobla: por un lado, están los capítulos en los que descubrimos hasta qué punto lo ocurrido sacude al señor Watanabe. Narrados en una tercera persona bastante neutra, que no juzga ni compadece, pero que sabe perfectamente lo que siente el protagonista, estos capítulos nos llegan en un presente que va sembrando cierta intriga y que nos hace vivir con el anciano un viaje exterior pero también interior que le llevará al corazón del desastre.

Junto a ellos encontramos otra serie de capítulos narrados en primera persona por cada una de las mujeres con las que Yoshie compartió algún periodo de su vida. El simple hecho de que el mismo protagonista sea tratado como Yoshie en unos episodios y como señor Watanabe en otros ya da una idea del nivel de acercamiento o alejamiento de los narradores respecto a él. Curiosamente, el narrador más alejado, el que habla de él como señor Watanabe y el que le acompaña en el presente, es el que más parece saber de él, de lo que lleva dentro, de los pensamientos que bullen en su interior.

Eso no quiere decir que las mujeres que van desfilando por la novela (Violet, Lorrie, Mariela y Carmen) no le conozcan. Todo lo contrario: mantuvieron relaciones largas y profundas con Yoshie y, cada una en su momento, llegó a conocerle bien. El problema es (y he aquí otro de los grandes temas de la novela) que Yoshie va evolucionando como persona y que los países, las lenguas, las costumbres y las personas que va conociendo han ido variando su personalidad y su forma de ser, hasta el punto de no sentirse de ninguna parte, de ser un extranjero allá donde vaya. De ahí que el desarraigo sea otro de los grandes asuntos de la obra de Neuman.

Gracias a estas cuatro mujeres, vamos descubriendo quién fue el señor Watanabe antes de serlo, mientras solo era Yoshie. Una de las cuestiones que más me ha llamado la atención de estos capítulos es cómo el autor consigue que cada mujer suene diferente. Creo que no se nota tanto entre Violet y Lorrie pero me temo que es una cuestión más personal mía (no conozco tanto las idiosincrasias, costumbres e idiomas de franceses y norteamericanos). Pero Mariela y Carmen irrumpen con sus discursos en argentino y castellano con la fuerza del mismo idioma pero el valor extra de las particularidades de cada una de esas variedades.

Precisamente la cuestión de los idiomas y de las identidades nacionales es otro de los asuntos que más ampliamente se tratan en la novela. Neuman nos hace reflexionar sobre el uso de las lenguas pero también sobre cómo cada lengua moldea la realidad del hablante que la utiliza. Es más, llega a afirmar que Yoshie no es el mismo cuando habla en inglés que cuando habla en francés, por ejemplo, mostrando que el lenguaje ya imprime cierto carácter. O que la forma de hablar propia de cada país despierta sensaciones y emociones diferentes.

Pero los idiomas no son la única cuestión que permite al autor comparar, unir y separar países. De hecho, otra de las grandes reflexiones de la obra es la relación entre los diferentes territorios, los mitos y prejuicios que mantenemos, lo que creemos que nos separa y lo que nos une a todos, aunque no nos demos cuenta de ello.

Además, las voces de Violet, Lorrie, Mariela y Carmen nos van permitiendo pensar en cómo vamos cambiando a lo largo de los años, cuáles podrían ser las características de  cada edad, cómo se viven las relaciones sentimentales y sexuales en cada etapa de la vida y qué cicatrices van dejando en nosotros las fracturas que van teniendo lugar en nuestro recorrido.

Este, el de las heridas, las cicatrices y las fracturas, tanto personales como históricas, es otro de los ejes centrales de la novela, el que le da título. Neuman enlaza esta cuestión con el kintsugi, el arte japonés que consiste en recuperar objetos rotos mostrando, precisamente, los puntos por los que se quebraron, haciendo visibles y bellas sus cicatrices.

Las huidas hacia delante, el viaje como oportunidad para aprender, disfrutar y ser otro; la posibilidad de vivir varias vidas dentro de la misma o cómo afectan los grandes hechos históricos (las grandes fracturas que se producen en diferentes países) en nuestra vida privada (a nuestras pequeñas fracturas personales) son otras de las cuestiones que Neuman incluye en su novela.

Una novela, además, escrita con un estilo limpio y trabajado repleto de pequeños brillantes que ponen un toque poético a la obra. Siguiendo con la idea del kintsugi, podríamos decir que Neuman incluye pequeños toques de oro que hacen resaltar el conjunto del relato, aunque en este caso para nada subraye sus defectos (si es que los tuviera). El poder del autor para manejar las palabras y construir con ellas un objeto artístico y capaz de conmover y hacer reflexionar me parece admirable.

En definitiva, una obra magna, en todos los sentidos, que nos pone en contacto con la esencia del ser humano a través de todo lo que le rodea.

Lidia Casado

 

 

 

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