Anika entre libros

Dulcenombre

Ficha realizada por: Violeta Lila
Dulcenombre

Título: Dulcenombre
Título Original: (Dulcenombre, 2026)
Autor: Marina Arrabal
Editorial: Blackie Books
Colección: Blackie Books


Copyright:

© del texto: Marina García, 2026
© de la ilustración de la cubierta: Mayte Alvarado
© de la edición: Blackie Books, S.L.

Edición: 1ª Edición: Mayo 2026
ISBN: 9791388154300
Tapa: Blanda
Etiquetas: religión contemporánea crítica social enfermedades mentales narrativa literatura española psiquiátrico novela reflexiones terror psicológico suspense obsesiones psiquiatría culpa pacientes fe y creencias salud mental delirios identidad
Nº de páginas: 240

Argumento:

Tiene los ojos azules y amplios y va vestida con pijama, igual que la chica. Las dos están pálidas, despeinadas y, según el doctor Falces, locas. Dulcenombre es su tercera compañera de habitación. No sabe qué ocurrió con las anteriores.

Una joven llamada Dulcenombre sufre delirios místicos a ojos de los psiquiatras. La aparición de un estigma en su cuello parece darle la razón. Pero en lugar de convertirse en una elegida de Dios podría estar convirtiéndose en algo mucho más oscuro.

 

Opinión:

 

"Dulcenombre", la primera novela de Marina Arrabal, ha sido publicada por la editorial Blackie Books.

Lo primero que debo destacar es su formato: unas dimensiones de 11 × 1,1 × 18 cm en tapa blanda, muy cómoda para llevarla a cualquier parte. Con sus doscientas cuarenta páginas, es una lectura que me atrapó desde el principio gracias a la inquietante mezcla de terror psicológico, horror religioso y la reflexión sobre la salud mental que atraviesa toda la historia.

La novela nos traslada a un psiquiátrico donde conocemos a Dulcenombre, una joven ingresada por unos episodios que los médicos consideran delirios místicos. Comparte habitación con otras pacientes y vive en un entorno donde la realidad parece estar constantemente cuestionada. Como adelanta la propia sinopsis, la aparición de un estigma en su cuello hace que todo aquello que parecía tener una explicación clínica empiece a adquirir un significado mucho más inquietante. A partir de ese momento, la historia se mueve en un terreno muy incómodo para el lector: el de la duda permanente.

Y precisamente esa ha sido una de las cosas que más me han gustado de la novela. Marina Arrabal juega constantemente con nuestras expectativas y nunca permite que nos acomodemos en una explicación concreta. Durante toda la lectura me encontré debatiéndome entre dos posibilidades: pensar que estaba asistiendo al sufrimiento de una joven con problemas mentales o creer que realmente había algo sobrenatural detrás de todo lo que estaba ocurriendo. La autora mantiene ese equilibrio con mucha habilidad y consigue que la incertidumbre se convierta en el elemento más perturbador.

El psiquiátrico en el que se desarrolla gran parte de la trama es mucho más que un simple escenario. Se convierte en un personaje más, un lugar opresivo donde cada conversación, cada comportamiento y cada acontecimiento parecen tener varias interpretaciones posibles. Me ha gustado especialmente cómo la autora aprovecha ese contexto para reflexionar sobre lo fácil que resulta desacreditar la experiencia de una persona cuando se la considera enferma. ¿Qué ocurre cuando alguien afirma haber visto algo imposible? ¿Dónde termina la enfermedad y dónde comienza aquello que no somos capaces de explicar? Son preguntas que sobrevuelan toda la novela.

Precisamente ahí reside otra de las grandes virtudes de la historia. La autora aborda la salud mental y la obsesión religiosa con una combinación muy equilibrada de delicadeza y dureza. A través de los acontecimientos que vive la protagonista, la novela invita a reflexionar sobre el miedo que generan aquellas personas cuyas experiencias escapan a lo que consideramos normal o aceptable. También plantea una mirada crítica hacia una sociedad que, en demasiadas ocasiones, responde con desconfianza o rechazo ante aquello que no comprende. Todo ello sin caer en discursos simplistas ni ofrecer respuestas fáciles.

Otro de los aspectos que más me han llamado la atención es el tratamiento de la religión. En muchos libros de terror los elementos religiosos aparecen como simples recursos para generar tensión, pero aquí tienen mucho más peso. La fe, la culpa, el sacrificio, la necesidad de creer y el miedo a lo desconocido forman parte esencial de la historia. Marina Arrabal utiliza estos temas de una forma muy inteligente, creando una atmósfera inquietante que funciona tanto si el lector interpreta los acontecimientos desde una perspectiva sobrenatural como si prefiere una lectura más psicológica.

Dulcenombre me ha parecido además una protagonista muy humana. No es una heroína perfecta ni un personaje diseñado para resultar admirable en todo momento. Es una joven vulnerable, confundida y profundamente sola, que intenta comprender qué le está ocurriendo mientras todos a su alrededor parecen tener respuestas distintas. Esa fragilidad hace que resulte fácil empatizar con ella y acompañarla en un viaje que, en muchos momentos, llega a ser angustioso.

A esa humanidad se suma una inocencia que convierte a Dulcenombre en un personaje especialmente entrañable. Su manera de observar el mundo y su relación con todo aquello que considera sagrado hacen que despierte ternura incluso en los momentos más desconcertantes de la novela. Lejos de generar distancia, esa conexión con lo espiritual contribuye a que el lector se acerque todavía más a ella y comprenda mejor sus conflictos. También merece una mención el resto del elenco, cuyos distintos puntos de vista ayudan a sostener la historia y aportan matices que enriquecen constantemente la narración.

La escritura de Marina Arrabal también ha sido una grata sorpresa. Su estilo es elegante, fluido y muy eficaz a la hora de construir atmósferas. No necesita recurrir constantemente a escenas explícitas o impactantes para generar miedo. El verdadero horror surge poco a poco, a través de los detalles, de las dudas y de esa sensación constante de que algo no encaja. Es un tipo de terror que se apoya más en la inquietud que en el sobresalto, y personalmente es una de las formas de horror que más disfruto.

También he apreciado que, pese a tratar temas complejos, la novela mantiene un ritmo ágil. Sus doscientas cuarenta páginas permiten que la historia avance sin perder intensidad y hacen que la lectura resulte muy absorbente. En varios momentos sentí esa necesidad de seguir leyendo un capítulo más para descubrir qué estaba pasando realmente, aunque la novela siempre se reserva nuevas preguntas y nuevos motivos para desconfiar de cualquier certeza.

Además, me sorprendió la capacidad de la autora para combinar emociones muy distintas a lo largo de la lectura. Aunque la historia está atravesada por el sufrimiento, la incomprensión y el miedo, también hay momentos que despiertan una sonrisa e incluso otros que resultan profundamente emotivos. En más de una ocasión sentí tristeza ante la frialdad con la que algunos personajes son tratados simplemente por ser diferentes o por no encajar dentro de lo que los demás consideran aceptable. Esa dimensión humana aporta todavía más fuerza al conjunto.

Si tuviera que definir "Dulcenombre" con una sola palabra, probablemente elegiría "inquietante". No porque sea una novela que busque asustar constantemente, sino porque logra generar una sensación de incomodidad que acompaña al lector durante toda la lectura. Es una historia sobre la fe, la locura, la identidad, el aislamiento y la necesidad humana de encontrar explicaciones, incluso cuando quizás no las hay.

Estamos, amigo lector, ante un debut muy sólido, dotado de una personalidad propia y perfectamente definida. Marina Arrabal demuestra una notable capacidad para construir atmósferas inquietantes, desarrollar personajes complejos y plantear interrogantes que permanecen en la mente mucho después de haber cerrado el libro. Se trata de una novela especialmente recomendable para quienes disfrutan del terror psicológico, el horror religioso y de aquellas historias que exploran los difusos límites entre la realidad y lo inexplicable.

Muy recomendado.

 

Violeta Lila

 

 

 

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