Anika entre libros

Colette

Ficha realizada por: Darío Luque
Colette

Título: Colette
Título Original: (Un été avec Colette, 2022)
Autor: Antoine Compagnon
Editorial: Acantilado
Colección: El Acantilado


Copyright:

© 2022, Équateurs - Terre Neuve Éditeurs / France Inter
© 2026, Núria Petit Fontserè (de la traducción)
© 2026, Quaderns Crema, S.A. (de esta edición)

Traducción: Núria Petit
Edición: 1ª Edición: Junio 2026
ISBN: 9791387964269
Tapa: Blanda
Etiquetas: biografía ensayo feminismo literatura francesa París estudio literario Colette sobre literatura sobre escritoras escritoras
Nº de páginas: 174

Argumento:

Antoine Compagnon traza en estas páginas un retrato apasionado y accesible de Colette, una de las grandes escritoras francesas del siglo XX, cuya vida y su obra desafiaron constantemente las convenciones de su tiempo. A través de cuarenta breves capítulos, el autor recorre los principales episodios de su trayectoria vital y literaria, desde el éxito de las novelas de Claudine -publicadas bajo la firma de Willy, su primer marido- hasta la creación de figuras inolvidables como Sido y Gigi, pasando por sus escándalos sentimentales, su carrera teatral y su consagración como monumento nacional de las letras francesas. Más allá del mito, emerge aquí una autora profundamente moderna, capaz de convertir la memoria, el deseo, la naturaleza y las sensaciones en materia literaria y de renovar, con una voz inconfundible, la manera de contar la experiencia humana. En su brevedad y sencillez, "Colette" invita a descubrir o redescubrir a una escritora cuya libertad vital y cuya prosa luminosa siguen interpelándonos con una sorprendente actualidad.

 

Opinión:

 

En los últimos años, las editoriales españolas han contribuido decisivamente a devolver a Colette al lugar que merece dentro del canon europeo. Acantilado ha recuperado títulos fundamentales como "Chéri" (2018), "La gata" (2025) y "Sido" (2026); Debolsillo reunió no hace mucho el ciclo completo de "Las novelas de Claudine" (2023), e incluso puede encontrarse alguna edición de "Lo puro y lo impuro", ineludible para sus lectores más fieles. Sospecho, sin embargo, que sigue siendo una autora más citada que leída, como también debe haber pasado en Francia, donde -según explica Antoine Compagnon- varias generaciones de escolares franceses habrían estudiado con dictados extraídos de sus obras, lo cual habría alejado a muchos lectores de la extraordinaria modernidad de su literatura. Si en nuestro ámbito hispánico algunas páginas de Elena Fortún han conocido un destino parecido, la posición histórica de Colette resulta incomparable: contemporánea de Proust, Gide, Claudel o Valéry, fue la única mujer de aquella constelación de clásicos modernos y, probablemente, la más popular e insolente de todos ellos. No es casual, por tanto, que Compagnon defienda que los grandes escritores son, ante todo, fabricantes de mitos. Colette creó al menos tres personajes que han acabado formando parte del imaginario francés (Claudine, Sido y Gigi), pero creó también algo más difícil y más perdurable: la propia figura de Colette, convertida con el tiempo en un auténtico monumento literario y sentimental de la cultura francesa.

Aunque Compagnon no menciona en ningún momento los estudios autoriales que han venido desarrollando -sobre todo en territorio francés- un reducido equipo de críticos y profesores, como Jérôme Meizoz o José-Luis Diaz, resulta difícil ignorar su deuda con ellos, pues todo el libro parece girar alrededor de esta cuestión. Los cuarenta capítulos que conforman esta "Colette", como pequeños retazos de un mismo retrato biográfico, persiguen las huellas que Sidonie-Gabrielle Colette -este fue su verdadero nombre- fue dejando de sí misma en sus personajes y en la imagen público que acabó construyendo a lo largo de los años. El recorrido comienza, como no podía ser de otro modo, en el lento proceso de emancipación que permitió a Colette distanciarse de su primer marido, usurpados de unas novelas de Claudine que aparecieron bajo su firma masculina, y que le permitió también la conquista de una voz propia. Esa misma autonomía daría lugar también a una vida escandalosa que pasó por varios divorcios y por una sucesión de provocaciones públicas que terminaron convirtiéndola en una figura controvertida, pero no por ello menos admirada. Sus relaciones lésbicas con Natalie Clifford Barney o con Matilde de Morby, más conocida como Missy, constituyen apenas uno de los muchos episodios en los que Compagnon se detiene: están también sus giras teatrales y los espectáculos que escandalizaron al París de la época; su colaboración con Maurice Ravel en "El niño y los sortilegios"; las miles de páginas periodísticas que escribió para ganarse la vida, incluso en tiempo de guerra; su pasión por los animales y los objetos cotidianos; y, por supuesto, la compleja red de afectos que la unió a Sido -su madre, convertida en mito literario-.

Esa libertad vital encuentra, además, un reflejo constante en su literatura, y uno de los mayores aciertos del libro consiste precisamente en seguir el rastro de esas correspondencias sin caer nunca en el reduccionismo biográfico. Compagnon vuelve una y otra vez sobre las novelas de "Claudine" (incluyendo extensos pasajes), sobre "Chéri", "Sido", "Gigi" o "Lo puro y lo impuro" para mostrar hasta qué punto Colette transformó en materia literaria a las personas y las experiencias que habían marcado su existencia, a menudo mediante una mirada caricaturesca -cuando se trata de amantes o exmaridos- y en otras ocasiones como parte de una profunda reflexión existencial (pienso en el personaje de Sido, que tiene mucho de su madre, pero también de su propia experiencia sobre el envejecimiento). No resulta extraño que Compagnon llegue incluso a hablar, con todas las cautelas necesarias, de una suerte de autoficción 'avant la lettre', pues mucho antes de que el término se pusiera de moda, Colette ya había puesto en juego un sutil entramado de correspondencias entre su propia biografía y la ficción que orquestaba en sus novelas. A lo largo del ensayo asistimos también a las distintas incursiones de la autora en el cine, en el teatro y el music-hall y en el mundo de la publicidad, las cuales permiten ofrecer un retrato mucho más ambicioso de ese mito que se construyó en torno a su persona.

"Colette es la vida misma. Quien topa con ella cualquier día, por casualidad, cuando se inicia en la literatura y empieza a leer por placer […], no la olvida jamás", decía J.M. Le Clézio. Después de leer este pequeño libro, resulta difícil no compartir esa impresión y no agradecer a Compagnon el entusiasmo sereno con que nos invita a regresar, una vez más, a la obra de una autora inagotable.

 

Darío Luque

 

 

 

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