Piel de gallina
Título: Piel de gallina
Título Original: (Piel de gallina, 2026)
Autor: Guadalupe Arbona Abascal
Editorial:
Ediciones Encuentro
Colección: Encuentro Literaria
Copyright:
© 2026, Guadalupe Arbona Abascal
© 2026, Ediciones Encuentro, S.A.
ISBN: 9788413392882
Tapa: Blanda
Etiquetas: anecdotario autobiográfica diario espiritualidad intimista literatura española pandemia estudio literario fe y creencias memoria reflexiones
Nº de páginas: 204
Argumento:
Escrito en los años inmediatamente posteriores a la pandemia, "Piel de gallina" reúne las anotaciones con las que Guadalupe Arbona Abascal fue tratando de dar sentido a la experiencia cotidiana en esa "nueva normalidad" que se instauró tras el confinamiento. A través de breves entradas donde viven memoria y reflexión -a veces también narración y poesía, en sus momentos más creativos-, asistimos tanto a estampas íntimas, asociadas a menudo con el ámbito familiar (la enfermedad y el cuidado de unos padres mayores, el nacimiento de una nieta, también las celebraciones de santos y Navidades) o con la vida universitaria, como a fragmentos reflexivos, muchas veces motivados por lecturas o conversaciones personales. Entre esas lecturas sobresale la figura de José Jiménez Lozano, cuyo fallecimiento se relata al inicio del libro, sin que ello trunque su presencia en estas páginas, pues su literatura y su memoria se mantienen presentes junto con referencias a otros escritores, cuya sensibilidad acaso contribuye a paliar el misterioso estremecimiento -me refiero a la piel de gallina- que da título al libro.
Opinión:
Guadalupe Arbona Abascal viene construyendo, de forma paralela a su trabajo como profesora de Literatura y Escritura Creativa en la Universidad Complutense de Madrid, una obra literaria donde la ficción y la escritura íntima avanzan de la mano. A novelas como "El papiro de Miray" (2021) o el reciente libro de relatos "Cuando ellas" (2025) se suma un proyecto diarístico iniciado con "Puerta principal" (2017) y continuado en "Enredada en azul" (2020), al que ahora pertenece también "Piel de gallina". Aunque el género invite a recordar nombres como Jaime Gil de Biedma o Andrés Trapiello, Arbona parece entender el diario de una manera mucho más instrumental, sin apenas espacio para la construcción de una figura autorial ni mucho menos para el ajuste de cuentas o la crónica social. La escritura diarística le resulta, en verdad, poco más que un campo de entrenamiento para la mirada, e incluso me atrevería a decir que esa mirada, aún física y cognoscitiva, apunta hacia otra mirada ulterior, que son los ojos de la fe.
Esa mirada encuentra, naturalmente, su fundamento en la fe cristiana, aunque el libro evita casi siempre el lenguaje confesional y prefiere dejar que sean las experiencias las que hablen por sí solas. Resulta llamativo, por ejemplo, que Flannery O'Connor, a quien Arbona ha dedicado tantos años como editora y estudiosa, apenas comparezca en estas páginas. En cambio, la presencia tutelar de José Jiménez Lozano atraviesa el diario de principio a fin, desde la noticia de su muerte hasta la organización de unas jornadas dedicadas a su obra, o la constante relectura de sus libros. Junto a él va formándose una constelación de autores -Carlos Pujol, Karen Blixen, J. A. González Sainz o Adam Zagajewski, entre otros- que, además de constituir una suerte de dietario de lecturas, se erigen por momentos en interlocutores de la autora, por cuanto parecen compartir con ella la idea de que la literatura sirve, antes que para inventar mundos, para aprender a mirar el mundo que nos rodea con una intensidad nueva. No es casual, por ello, que ni siquiera los episodios más sentidos del diario desemboquen en la desesperación, sino en una forma serena de atención hacia esa vida cotidiana donde Arbona cree seguir descubriendo, una y otra vez, los signos de una presencia.
Por esta razón, "Piel de gallina" se acerca con frecuencia más -desde mi punto de vista- al dietario que al diario propiamente dicho. Arbona parece morderse la lengua en numerosas ocasiones, omitiendo nombres, circunstancias o detalles biográficos que el lector podría esperar encontrar; familiares, amigos, alumnos o colegas comparecen en estas páginas desdibujados, apenas como el punto de partida de una reflexión que nunca pretende invadir la intimidad ajena. Para ella, lo verdaderamente importante no es, pues, lo que sucede, sino el modo en que aprende a mirarlo. En mi opinión, el libro alcanza sus momentos más logrados precisamente cuando se aleja de la mera anotación cotidiana y se aproxima a una escritura más abiertamente literaria, con pequeñas estampas nacidas de una sala de espera o de un paseo, y breves poemas anotados con delicadeza e inseguridad. Son esas páginas las que permanecen en la memoria una vez cerrado el libro y las que confirman que, para Arbona, escribir un diario no consiste meramente en registrar el paso de los días, sino en aprender a descubrir lo extraordinario allí donde casi todos los demás solo vemos rutina.
*Publicado por Ediciones Encuentro.
Darío Luque
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Comentario de los lectores:
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