Anika entre libros

La vieja tierra

Ficha realizada por: Lidia Casado
La vieja tierra

Título: La vieja tierra
Título Original: (Altes Land, 2015)
Autor: Dörte Hansen
Editorial: Maeva


Copyright:

© Albrecht Knaus Verlag, un sello de Verlagsgruppe Random House GmbH, Múnich, Alemania, 2015

© Maeva Ediciones, 2017

Traducción: Laura Manero Jiménez
Edición: 1ª Edición: Marzo 2017
ISBN: 9788416690428
Tapa: Blanda
Etiquetas: familia, Alemania, naturaleza, costumbrista, mujeres, literatura alemana, novela, sagas familiares, vida rural, refugiados, matriarcado, infidelidades, maternidad, envidia, tradiciones, madres e hijas, maldad, migraciones
Nº de páginas: 280

Argumento:

Dos mujeres, que siempre se han sentido diferentes y hasta inferiores a los que les rodean, encuentran en una vieja granja de la Vieja Tierra una zona fértil de la Alemania limítrofe con Hamburgo, lo que siempre han buscado: un hogar, una familia. Su lugar en el mundo.

 

Opinión:

 

Lo primero que me atrajo de esta novela fue el subtítulo descriptivo y enigmático que aparece en la portada: "Dos mujeres, dos épocas, una antigua casa". A partir de él me monté mi propia novela antes de leerla. Pero lo que yo había previsto, mi horizonte de expectativas respecto a esta, la primera novela de la periodista y lingüista Dörte Hansen, no tiene nada ver con lo que realmente ha sido la lectura de la obra. Así que he de decir que me ha sorprendido. Y que lo ha hecho gratamente.

Yo me esperaba una historia mucho más convencional y con una estructura de la que (lo confieso) empiezo a estar un poco harta: dos líneas temporales diferentes, que van apareciendo en la novela de forma alternativa y que se corresponden a los dos momentos históricos anunciados en la portada. Y sí, hay algo de eso (sobre todo al principio) pero la autora no se queda ahí (afortunadamente).

De hecho, yo no limitaría el resumen de esta novela a dos mujeres. En el fondo, la obra nos habla de hasta cinco mujeres: Vera y Anne, las dos a las que se refiere la portada, pero también campean por estas páginas la fría Hildegard, madre de Vera; Ida Eckhoff, la dueña de la granja en la que se refugian Hildegard y Vera tras huir de la guerra en Polonia; y Marlene, la hija que Hildegard tuvo cuando se marchó de la Vieja Tierra, hermanastra, por tanto, de Vera y madre de Anne. Y todas ellas son enigmáticas, atrayentes y con una historia detrás que merece la pena descubrir.

Así pues, en realidad, Hansen nos da cuenta de una saga familiar matriarcal, lo que permite hablar de diferentes modos de ser madre, de afectividad o de cuidado, y de la renuncia a la maternidad, consciente o inconsciente. Nos presenta, así, diferentes tipos de madres (frías o cercanas, afectivas o sobreprotectoras, rotas por dentro o recompuestas a fuerza de voluntad) que mueven a la reflexión sobre las relaciones que establecemos las mujeres entre sí y los tópicos que nos acosan y que nos llevan desde el incondicional apoyo que nos prestamos entre sí hasta la creencia de que no somos capaces de llevarnos bien porque las envidias y la maldad siempre acaban haciendo acto de presencia.

Este contexto familiar sirve a la autora para hacer carne de uno de los dichos que más se repiten en la obra: las granjas de las zonas no son de quienes las poseen sino que estos simplemente las cuidan para sus descendientes. Pero Vera, sin descendientes, ha dejado que su granja vaya poco a poco viniéndose abajo, aterrorizada por la superstición de que la casa se defiende de cualquier cambio provocando desgracias en la familia que la habita si esta se atreve a cambiar el más mínimo detalle.

Las cuitas de las mujeres protagonistas de la obra son interesantes y, aunque ya digo que los personajes son un poco peculiares, es fácil empatizar con ellas, preocuparse por sus devenires vitales y preocuparse por sus dolores y sus heridas.

Pero si algo me ha gustado especialmente de esta novela es su ambientación. Hansen consigue trasladar al lector hasta esa extraordinaria Vieja Tierra, llena de árboles frutales y tierra fértil. De hecho, esa exuberancia aparece ya en la portada (gracias al estornino y la cereza que se repiten en las guardas, lo que hace que este libro sorprenda nada más abrirlo) y en el primer capítulo, con la escena de los niños haciendo ruido entre las hileras de cerezos para espantar a los pájaros que se quieren comer los dulces y rojos frutos).

Una ambientación que sirve a la autora para reflexionar también sobre el neorruralismo, sobre esas familias que, cansadas de las grandes ciudades, deciden regresar a lo sencillo, a lo natural, al pueblo. Contrapone, así, la vida y las costumbres de las ciudades y los pueblos pero, también, (y esta parte me ha gustado especialmente) las de los habitantes rurales de toda la vida y esos nuevos colonos con sus nuevos hábitos y sus particulares formas de aprovechar lo que la tierra les ofrece.

Así, el debate entre la tradición y lo moderno, entre lo nuevo y lo viejo, se convierte en una constante en la novela y es abordado tanto desde la reflexión sobre el neorruralismo como desde la trama protagonizada por la familia.

Finalmente, otro de los aspectos que más me ha gustado de la novela es el intento de la autora de captar la esencia de la zona no solo en cuanto al paisaje o las costumbres, sino también respecto a la propia manera de hablar de los habitantes de Vieja Tierra. Se nota el amor de Hansen por la lengua y, así, hay un intento de reproducir las variedades dialectales de la comarca y su peculiar manera de expresarse.

Así pues, Dörte Hansen nos ofrece una novela con una temática diferente, llena de reflexiones interesantes y con el sabor intenso de una zona de Alemania que rezuma fertilidad, tradición y belleza.

Lidia Casado

 

 

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