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Historia de las sensibilidades

Ficha realizada por: Rafael Ruiz Pleguezuelos
Historia de las sensibilidades

Título: Historia de las sensibilidades
Título Original: (Historia de las sensibilidades, 2022)
Autores: Alain Corbin, Hervé Mazurel
Editorial: Acantilado
Colección: El Acantilado


Copyright:

© 2022, Presses Universitaires de France / Humensis
© 2026, de la traducción: Carlos Losilla Alcalde
© 2026, de la edición: Quaderns Crema, S.A.

Traducción: Carlos Losilla Alcalde
Edición: 1ª Edición: Marzo 2026
ISBN: 9791387964290
Tapa: Blanda, Bolsillo
Etiquetas: ensayo entrevista filosofía cultura Historia I Guerra Mundial literatura francesa reflexiones emociones neurociencia sentidos historiografía no ficción
Nº de páginas: 123

Argumento:

"Historia de las sensibilidades" es una puerta de entrada muy válida a una corriente historiográfica que ha buscado devolver al pasado su espesor afectivo: los sentidos, los miedos, el llanto, el pudor, la intimidad, la percepción del clima o la relación entre cuerpo y emoción.

No estamos ante un libro escrito íntegramente por Alain Corbin y Hervé Mazurel, sino una recopilación coordinada por ellos, donde diversos especialistas ensayan aproximaciones concretas al mundo sensible. Mazurel abre el volumen con una introducción metodológica; después llegan estudios sobre las lágrimas en Roma, la sensibilidad medieval, los meteoros entre Ilustración y Romanticismo y las cartas conyugales de la Gran Guerra. La parte final incluye una entrevista con Corbin y un texto sobre neurociencia afectiva e historia de las emociones. Un libro pequeño en formato, pero amplio en alcance.

 

Opinión:

 

"Historia de las sensibilidades" no debe leerse como una obra monográfica de Alain Corbin y Hervé Mazurel, sino como un mapa de orientación, una pequeña constelación de estudios reunidos para mostrar qué puede aportar al conocimiento histórico aquello que durante mucho tiempo pareció demasiado inestable, demasiado íntimo o escurridizo: la vida sensible. Esa aclaración es importante, porque el lector que busque un ensayo unitario de Corbin, en la línea de Historia del silencio o "Terra incognita", encontrará aquí otra cosa: un volumen coral, de ritmo cambiante, donde cada capítulo abre una vía distinta de acceso al pasado.

La introducción de Mazurel funciona como pórtico teórico. Allí se recuerda que la historia no puede limitarse a hechos, instituciones o estructuras, porque también las maneras de sentir, de oler, de escuchar, de llorar o de conmoverse tienen una historicidad. Lo sensible no es una esencia universal que atraviesa intacta los siglos: está modulado por códigos sociales, religiosos, médicos, políticos y lingüísticos. En ese sentido, el libro combate uno de los grandes peligros del lector contemporáneo: creer que los antiguos, los medievales o los hombres y mujeres del siglo XIX sentían como nosotros, sólo que vestidos de otra manera.

El índice confirma esa voluntad de mostrar más que de sistematizar. Sarah Rey estudia el poder de las lágrimas en la Antigüedad romana, donde llorar no siempre expresa debilidad, sino que puede ser gesto político, retórico o ritual. Damien Boquet se pregunta si había que "civilizar a los bárbaros" y revisa el modo en que la Edad Media pensó y administró las emociones. Anouchka Vasak dedica uno de los capítulos más sugerentes a los "barómetros del alma", relacionando meteorología, sensibilidad e imaginación entre la Ilustración y el Romanticismo. Clémentine Vidal-Naquet se adentra en las correspondencias conyugales de la Primera Guerra Mundial, allí donde la intimidad escrita sostiene, disfraza o transforma el vínculo amoroso en medio de la catástrofe.

La segunda parte cambia de registro. La entrevista con Corbin permite escuchar al gran pionero de esta disciplina, el historiador que convirtió olores, silencios, paisajes sonoros, playas y umbrales del deseo en objetos legítimos de investigación. El capítulo final, firmado por Thomas Dodman, Quentin Deluermoz y Hervé Mazurel, introduce una discusión contemporánea: hasta qué punto la neurociencia afectiva puede dialogar con la historia de las emociones sin reducir la experiencia humana a pura biología.

El resultado es desigual en el mejor sentido: no todos los textos buscan lo mismo ni avanzan con idéntico método. Precisamente por eso el libro se parece menos a una síntesis cerrada que a un viaje intelectual por territorios próximos. Su mayor virtud está en enseñar a leer de otra manera: una lágrima, una carta, una tormenta, un gesto corporal o una expresión amorosa pueden contener tanta historia como una ley o una batalla. Acantilado ofrece así una introducción muy útil a un campo que obliga a pensar el pasado no sólo como sucesión de acontecimientos, sino como transformación de las formas de estar en el mundo.

 

Rafael Ruiz Pleguezuelos

 

 

 

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