El último amante
Título: El último amante
Título Original: (Zuihou de quingren, 2005)
Autor: Can Xue
Editorial:
Hermida Editores
Colección: El jardín de Epicuro - Ficción
Copyright:
© 2026, de la presente edición: Hermida Editores
© 2026, de la traducción del chino y las notas: Blas Piñero
Martínez
Edición: 1ª Edición: Marzo 2026
ISBN: 9791399104769
Tapa: Blanda
Etiquetas: amor contemporánea erotismo narrativa literatura china novela matrimonio vanguardia simbolismo subconsciente literatura experimental identidad deseo sueño
Nº de páginas: 527
Argumento:
"El último amante" despliega una narrativa de deseo, convulsiones y metamorfosis interior, ambientada en un espacio impreciso que resulta más mental que geográfico. Sus protagonistas, Qiao y Li Sha, junto a una constelación de cónyuges y amantes, transitan relaciones en las que la fidelidad, la fantasía, el recuerdo y la huida se desdibujan.
A Can Xue le gustan las disposiciones no lineales de la materia literaria, el artificio y el juego de perspectivas. La trama no avanza bajo una lógica causal convencional, sino a través de desplazamientos mentales, asociaciones e imágenes recurrentes. De este modo, Can Xue convierte la experiencia amorosa en una forma de conocimiento enigmático: aquí, amar equivale a adentrarse en un territorio donde el yo se fractura, el cuerpo se vuelve símbolo y la realidad material queda atravesada por una insistente pulsión espiritual.
Opinión:
"El último amante" pertenece a esa clase de novelas que conviene comenzar sin impaciencia. Can Xue no escribe para resolver una peripecia, sino para someter la percepción del lector a un proceso de descubrimiento, extrañeza y reconocimiento progresivo. Construye artefactos literarios delicados, de difícil acceso, pero sostenidos por una ambición formal poco frecuente. Lo que en otros autores sería argumento -relaciones de pareja, complicaciones conyugales, afectos quebrados- se convierte aquí en una arquitectura de estados mentales. Los personajes desplazan sus deseos, se alejan y se acercan, viven en una indefinición casi permanente, como si la identidad fuese menos una posesión estable que una materia en transformación.
Can Xue es el seudónimo de Deng Xiaohua, nacida en Changsha, Hunan, en 1953. Autora autodidacta, vinculada a la vanguardia china surgida desde los años ochenta, ha construido una obra narrativa y ensayística marcada por el flujo de conciencia, la ruptura de la mímesis realista, lo grotesco, el sueño y una lectura heterodoxa de la literatura europea. En su escritura conviven la radicalidad formal, la exploración del inconsciente y una concepción de la novela como espacio de resistencia frente a cualquier comodidad interpretativa.
El amor, en consecuencia, no aparece tratado como tema sentimental, sino como una energía que se expande y se concentra, que atrae y desestabiliza. Se habla aquí del sentido de posesión, de la contemplación del otro, de los límites del vínculo amoroso y de la dificultad de nombrar aquello que nos une o nos separa. Can Xue contempla el deseo humano como una fuerza ambivalente, capaz de iluminar y degradar, de abrir una vía hacia lo espiritual y al mismo tiempo devolver al ser humano a sus zonas más instintivas.
La novela es exigente, conviene decirlo. Hay que aceptar su lógica de dificultad y resistirse a reducir la prosa de Can Xue a un mero surrealismo decorativo o errático. El lector debe permanecer abierto a lo que sucede en sus páginas, porque navegará continuamente entre símbolos, significados movedizos, ambivalencias y alegorías más abiertas que cerradas. No todo se ofrece como explicación; muchas veces la imagen importa más que la secuencia, y la impresión más que el desenlace.
He tenido la suerte de reseñar ya para este mismo portal otras contribuciones de la autora publicadas por Hermida Editores: "La frontera" y "La calle de los Cinco Aromas", novelas que, aunque distintas, comparten ese pulso singular ante la realidad y esa pasión por desplegar un discurso literario propio, extraño y reconocible. El trabajo del traductor, Blas Piñero Martínez, vuelve a ser magnífico y fundamental. Traducir a Can Xue no consiste solo en trasladar un mensaje, sino en acercarnos a unas resonancias culturales muy alejadas de nuestra realidad. En ese sentido, las notas a pie de página cumplen una función modélica: orientan sin simplificar, aclaran sin domesticar la rareza del texto y ayudan mucho a entender una cultura tan distante de la nuestra como la china.
No es una novela fácil ni pretende serlo. Pero su dificultad no procede de una oscuridad gratuita, sino de una concepción radical de la literatura: leer como quien entra en un sueño ajeno y descubre, progresivamente, que ese sueño también puede pertenecerle y ser significativo.
Rafael Ruiz Pleguezuelos
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Comentario de los lectores:
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