Anika entre libros

Crónica Especial del VI Premio de Novela Ciudad de Torrevieja

Anika Lillo, octubre 2007


Crónica Especial de los VI Premios de Novela Ciudad de Torrevieja.


Por tratarse de una crónica extensa y con fotografías, está distribuida en varias páginas. Aun así, a medida que avanzan las páginas es posible que tarden más en cargar porque al añadir las fotografías el tamaño del archivo ha ido ampliándose. Paciencia, no os arrepentiréis. Además, en la última página hay más fotografías que no he puesto en estas por no cargarlas en exceso. ¡Al final de la crónica se os pide vuestra opinión y ya tenemos algo que mostrar, así que ánimo!

 


Los que estábamos y algunas presentaciones.

Si se leen las reseñas que hicieron los periódicos en su día cuando José Carlos Somoza salía como el triunfante ganador del VI Premio de Novela Ciudad de Torrevieja, secundado por el finalista Juan Cobos Wilkins, así como en los días posteriores, -algo que por cierto yo hice- te aburres de leer casi las mismas líneas, te sorprendes de lo escueto de la noticia y te asombras hasta con gazapos tremendos. Por supuesto, esto no es culpa de los periodistas asistentes, pero sí debo entender que son los medios en los que trabajan los que apenas les ceden un espacio para remitirse a la información más concreta y libre de anécdotas **. Por eso existe esta crónica, a mi estilo, y sé que conmigo, al menos, se sabrá que los días 28 y 29 de Septiembre de 2007 fueron algo más que esas noticias esqueléticas y que se puede disfrutar mucho, sobre todo porque, como siempre, hay anécdotas de por medio. Por ello mi primer agradecimiento es a la Editorial Plaza & Janés, a Teresa Navarré (que se encargó de los que salíamos desde Valencia) y a Torrevieja.

** Debo admitir que la crónica que hizo J. R. Bertolín para la Cartelera Turia fue de lo más divertida y destaca sobre el resto de crónicas o noticias de periódicos.

¿Quiénes salen en esta crónica? Pues muchos más de los que conoceréis por los libros, porque además de escritores, lógicamente, allí había más personas. Las más divertidas, sin duda, las que vinieron conmigo desde Valencia (las que yo acabé llamando mentalmente los Ché, y entre los que me incluyo), pero si queréis nombres de escritores, famosos periodistas o presentadores de televisión, os doy una pequeña lista (1) (si de alguien tenéis duda de quiénes son, tranquilos que en la crónica se sabrá):

José Carlos Somoza (¡por supuesto!), Juan Cobos Wilkins (¡normal!), Julia Navarro, Nerea Riesco, Ildefonso Falcones, Diego Carcedo, Manuel Giménez, Enrique de Vicente, Fernando Marías (¡sí, estaba él! ¡Con las ganas que tenía de conocerle en persona!), Juancho Armas Marcelo, Jorge Bucay, José Calvo Poyato, Andreu Carranza, Esteban Martín, Nieves Herrero, Reyes Monforte y su flamante esposo -invitado especial-, el actor valenciano José Sancho, Valérie Tasso y Valerio Massimo Manfredi.

(1) Esta lista se reduce a las personas con las que en algún momento tuve contacto con ellos o que conocí. Me consta que hubo más escritores porque un joven y simpático periodista me dio un chivatazo en una de las subidas al autobús (¡Mira! Esta es una escritora muy famosa. ¿Cómo se llama? No me acuerdo ¿Y el título de su libro? Leonor. ¿Leonor de Aquitania? No, sólo Leonor.) y después del viaje y de informarme deduzco que aquella escritora debía ser María Pilar Queralt. Además de ella estaba Sergio Rossi (uno de los autores de "Medusa") al que debí ver varias veces en cada ocasión que visitaba la mesa donde estaba sentado Manel en la cena pero que no me enteré de ello hasta más tarde ¡¡por lo tanto no lo conocí!!

Antes de continuar debéis saber -quienes aún no lo saben- que mi colaborador Manel Haro era otro de los invitados por parte de la revista "Anika Entre Libros", y que lleva colaborando unos cinco años conmigo (aunque comenzó mucho antes enviando críticas y fichas), en cambio no nos conocíamos aún en persona porque él vive en Barcelona y yo en Valencia, de modo que aquel viaje iba a ser, además, nuestra presentación oficial. ¿Cómo sería? Jeje… esa fue una de las anécdotas y pienso contárosla.

Todo empezó cuando, en la cola para subir al tren, me entró hambre. Como mujer precavida que soy saqué uno de esos paquetes que dentro llevan una napolitana con chocolate dentro (o sea, algo que nadie que quiera comer sano se atrevería siquiera a probar) y casi lo engullí. En mi bolso había, además, chicles, caramelos de dos tipos, agua, chocolate, juanolas… y un Actimel (no sé, me dio por ahí). La cola empezó a moverse y mi bolso tuvo que pasar, junto con mi maleta, por los Rayos X para que un señor, cómodamente sentado, se enterara de si llevaba algo raro conmigo. ¿Qué por qué os cuento esto? Porque de ahí surge una de las anécdotas. Sólo recuerdo que había un cartel amarillo con letras en negro que avisaba del peligro. "Peligro. Rayos X"… ufff, menos mal que me había comido la napolitana. Ignorante pero feliz busqué mi vagón y descubro que estaba en Turista. Mecaguentó, ¿pero no me dijeron que iba en preferente? Por supuesto todo tiene explicación, pero aquello forma parte de la historia. Me senté en mi sitio y a mi lado no iba nadie (genial). Enfrente había un matrimonio. Al otro lado, los dos asientos los ocuparon dos chicos y uno de ellos se dirigió a mí. Nos sonaba nuestra cara ¿íbamos a Torrevieja? Sí, los tres. ¿Me podía haber visto en el Hotel Astoria entrevistando a alguien? Sí, estuve allí. Creí reconocerle… ¿Y qué hacemos aquí? -me refería a la clase Turista-. Ahora el Actimel y el chocolate han pasado por los "peligrosos" rayos X y sólo te dan de comer en Preferente.

- Nosotros nos vamos a la cafetería -me dijo el chico.

Era Toni Martínez, un periodista que ya me odiaba (2) porque me había reconocido, aunque yo aún no lo sabía. No obstante el odio debió durar muy poco porque fue una de las personas con las que más me divertí, creo que fue algo pasajero.

(2) En la Feria del Libro de Valencia del 2007, la encargada de llevar a los escritores me sugirió que fotografiara a Ana Isabel Saz, y cuando lo hice interrumpí una entrevista. El chico que estaba entrevistando a la psicóloga-escritora era Toni Martínez. ¡Por eso me odiaba!

La cuestión es que allí estaba yo, toda hippy y con tonos rosas, con mi libro de Isabel Allende ya encima de las piernas (me estaba leyendo "La suma de los días" y no era la única del medio que llevaba un libro para el viaje, Manel mismo leía "Guerrilleros" de Javier Nart y Rafael Abella, al que ya hemos entrevistado), con una cara de mosqueo impresionante por el hambre que iba a pasar, y pensando que mi Actimel y mi chocolate eran peligrosos. De hecho un simple sorbo de agua me supo fatal y casi me da un pasmo ¡Argh! ¡Que de verdad los rayos X fastidian la comida! ¿Lo sabría el mundo entero? En esas estaba cuando cogí mi móvil y le mandé un mensaje a Manel -al que creía ya en Torrevieja- y cuando le di a enviar me entraba un mensaje de Manel diciendo "¡¡Debes llevar 20 minutos de viaje ya!! ¿Qué tal es la clase preferente? ¿Nerviosa?"… y con cara de horror iba a contarle más cuando una silueta se sentó frente a mí (ni me había dado cuenta de que los asientos de enfrente habían quedado vacíos). Levanté la cabeza y lo reconocí al instante.

- ¡Manel!

Sinceramente, ahora mismo ni siquiera recuerdo si le di dos besos (¿lo hice, Manel?) para presentarme porque, atropelladamente, de mi boca ya salía todo lo que me había pasado: la clase turista, sin comida, oh sí, ¡¡con comida pasada por Rayos X!!, que le había enviado un mensaje al móvil, que los chicos de al lado se habían ido a la cafetería del tren… ¡Dios! Cuántas cosas le conté en segundos… Pero os juro que le dejé hablar, además quería que lo hiciera.

Nota de Manel:

¡¡Para, Anika, para!! Sí, me diste dos besos, bueno, en realidad te los di yo a ti, pero al cabo de unos minutos, porque te pusiste a hablar sin parar. Sigue con la crónica…

Me contó que estaba en el primer vagón, las caras conocidas que había visto, que me estuvo buscando en Preferente y, al final, al no encontrarme, siguió buscando… Incluso me dijo que me había visto desde el tren cuando iba con mi maleta por el arcén, y que pretendía mandarme un mensaje sobre mi hippy vestimenta rosa.

Nota de Manel:

Yo no me esperaba que fuera tan bajita, la verdad… me la esperaba más alta y menos rosa.

Mientras hablábamos apareció un sonriente Toni Martínez.

- ¡Anika! Ya he arreglado lo de la comida. Vamos a la cafetería.

Allí nos dirigimos y de golpe y porrazo me tocó aprender a caminar entre vaivenes, pero llegar a la cafetería fue genial porque allí estaba ya Teresa Navarré (3) con su risa inconfundible y su buen humor contándonos por qué habíamos acabado en Turista: los vagones de Preferente se habían llenado porque desde Barcelona ya venían casi completos así que los de Valencia tuvimos que adaptarnos y tres de nosotros quedamos fuera. No fue problema. Íbamos a comer igualmente.

(3) Teresa Navarré dirige muy competentemente Kéryx, una Agencia de Comunicación en Valencia.

No contaré los entresijos de la comida y los planes (que vinieron con una sugerencia de Toni asegurándome que no pretendía "echarme" de la cafetería, si no ofrecerme la posibilidad de que comiera junto a Manel que, en el momento en que me visitó tenía un asiento libre a su lado) pero lo cierto es que Teresa cambió mi bocadillo por su comida y yo me comí su comida y tuve la oportunidad de conocer al periodista Carlos Morenilla, quien ejerce su trabajo en el diario Las Provincias. Comimos juntos y me llevé el postre de regalo a los que estaban en la cafetería. Y allí descubrí que los Chés son de lo mejorcito.

Toni me presentó a Alfredo, un chico delgado que iba a Alicante, y que en realidad se llamaba Julio (¡era una broma entre ellos y acababan de conocerse!) y también una mujer rubia les acompañaba entre risas y, a pesar de no llamarse así, Toni la presentó a todo el mundo como Alfreda. Podéis imaginar el cachondeo. Esto hizo que el viaje se acortara muchísimo, fuera divertido, y todos estuviéramos tan contentos. No sé cómo se lo pasarían en Preferente, pero la Cafetería resultó de lo mejor del viaje.

El propio Julio/Alfredo nos avisó cuando estábamos llegando y nos preparamos para recuperar nuestras maletas. De ahí subimos a los autobuses y ya pudimos elegir dónde sentarnos. También fue el momento para ir viendo a algún que otro conocido aunque personalmente sólo recuerdo a Valérie Tasso, alta y moderna (una forma de decir que con nuestras pintas sólo destacábamos dos, ella por su forma de vestir, y yo por hippylonga. Advierto, no hay fotos de nuestra vestimenta esa mañana). Por supuesto ¡cómo no! los Chés de turista, algunos amigos suyos, Manel y yo nos sentamos al final del autobús, y así sería a partir de entonces nuestras subidas a los autobuses. Juntos pero no revueltos -o sí-, conociendo más y mejor a periodistas de lo más interesantes.

Tras la llegada al Hotel Cabo Cervera los que fumábamos -Manel iba a rastras conmigo porque no fuma- no hicimos cola en el mostrador, si no que nos quedamos fuera para fumarnos nuestros cigarros y así, de paso, seguir hablando. ¡Anda que no hablamos! Y cuando ya no quedaba nadie nos fuimos a por las llaves (tarjetas) de nuestras habitaciones. ¡Genial! Manel y yo estábamos en el mismo piso, el 1º, con varias puertas de separación pero pocas.

En el ascensor de subida Toni dijo que teníamos un regalo en la habitación, una maleta. ¡Qué memoria la mía que cuando entré en la habitación -y sólo era un piso de subida- ya lo había olvidado! Entro, abro la puerta, veo una maleta en la habitación y lo primero que pienso es… "Ostras ¿con quién me tocará compartir habitación?". Puesto que no soy cotilla ni toqué ni miré de cerca la maleta, pero al ver que mi acompañante ni siquiera la había abierto para vaciarla hice lo propio: la dejé con toda mi ropa dentro (arrugándose, por supuesto) y salí fuera.

Nota de Manel:

Yo sí me di cuenta de que esa maleta era un regalo, así que deshice mi equipaje y colgué la ropa en las perchas para que por la noche estuviera sin arrugar.

Manel y yo bajamos y nos fuimos a la terraza de la cafetería, frente a la piscina, y así seguimos hablando y hablando… Yo llevaba dos cámaras de fotos, una nueva, recién comprada -que era la que en esos momentos llevaba encima- y la otra (la llamo "vieja" aunque no lo sea) en la que confío menos porque consume las pilas recargables después de apenas unas fotos. Y le estaba enseñando tan feliz la cámara nueva a Manel cuando decidimos empezar a hacer fotos. Nos hicimos una a cada uno y… ¡chas! No se podían hacer más. ¡¡¡Arggggggggggggg!!! ¡Casi me da un pasmo cuando me enteré de que mi marido me había comprado la cámara pero no tarjeta para las fotos! Vosotros que me conocéis, yo que saco fotos de todo lo que puede resultar interesante ¿os imagináis? Me sentí casi mutilada ¡porelamordediosquérabiaaaaaaaaaaaaaaa!.

A partir de ese momento dependíamos únicamente de la cámara de Manel.

Nota de Manel:

Que dicho sea de paso, es una cámara muy competente…

Las únicas fotos que hicimos con mi cámara nueva en la terraza:

 

Manel

Anika

 

(Seguir la crónica en página 2, menú lateral derecho)

 

 

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