Anika entre libros

Jadzhi Murat

Ficha realizada por: Darío Luque
Jadzhi Murat

Título: Jadzhi Murat
Título Original: (Хаджи́-Мура́т, 1912)
Autor: Leon Tolstói
Editorial: Nórdica Libros
Colección: Nórdica Clásicos


Copyright:

© 2026, Víctor Gallego (de la traducción)
© 2026, Nórdica Libros, S.L. (de esta edición)

Traducción: Víctor Gallego
Edición: 1ª Edición: Junio 2026
ISBN: 9791388306235
Tapa: Blanda
Etiquetas: familia violencia histórica narrativa literatura rusa novela corta siglo XIX guerras desertores antibelicismo poder
Nº de páginas: 203

Argumento:

Basada en episodios de la guerra del Cáucaso, "Jadzhi Murat" narra los últimos días de un célebre guerrero ávaro, antiguo lugarteniente del imán Shamil, que, enfrentado a sus antiguos aliados, se pasa al bando ruso con la esperanza de liberar a su familia, retenida como rehén. Sin embargo, los rusos desconfían de él y sus antiguos compañeros lo consideran un traidor, de modo que queda atrapado entre dos fuerzas enfrentadas y sometido a las intrigas de unos y otros.

A partir de esta historia, Tolstói compone un amplio y poderoso retrato de la guerra y de la violencia imperial, en el que contrapone las tradiciones y el espíritu de independencia de los pueblos caucásicos a la burocracia y las ambiciones del mando militar ruso. El propio Tolstói había participado, medio siglo antes, en aquella guerra, experiencia de la que surgiría también "Los cosacos".

 

Opinión:

 

En "El canon occidental", Harold Bloom sitúa "Jadzhi Murat" entre sus obras preferidas de toda la literatura universal. Admira, en concreto, su singularidad -él habla de extrañeza- dentro del género narrativo y su capacidad para sustraerse a las convenciones literarias de su tiempo, con una libertad que no tiene parangón. Se esté o no de acuerdo con Bloom con respecto a esta novela, su apreciación de las cualidades que hacen de ella un texto canónico resulta certera. Las grandes obras, con frecuencia, parecen no responder a ningún plan establecido ni acomodarse a las convenciones de un género determinado, pero no por ello dejan de ser capaces de fascinar al lector. Por eso, quien se acerque a "Jadzhi Murat" esperando encontrar una novela de guerra exótica o una historia de amor prohibido se llevará una considerable decepción. Aunque Tolstói parte de materiales reconocibles y de un episodio histórico concreto, el relato desborda desde el principio las expectativas que esos materiales podrían suscitar y hace de la historia de un caudillo caucásico una exploración mucho más compleja de la violencia y la libertad, dos de los temas más frecuentes entre la narrativa de madurez de Lev Tolstói, que después de "La muerte de Iván Ilich" había quedado sumido en una crisis imaginativa que lo mantuvo bastante distanciado del género de la novela.

La trama gira en torno a la deserción de Jadzhi Murat, el más célebre de los lugartenientes de Shamil, líder de la resistencia caucásica. Jadzhi cambia de bando por temor por su propia vida -Shamil era, en cierto modo, también un rival- y porque las fuerzas de este han secuestrado a su familia. Con la esperanza de liberarla con ayuda de los rusos, Jadzhi establece una alianza con el príncipe Mijaíl Vorontsov, que admira su destreza y sus maneras caballerescas. Pero son pocos los rusos que confían en él, pues se ha labrado su fama abatiendo oficiales rusos, e incluso su reducido grupo de seguidores fieles espera que la alianza termine por fracasar. Con todo, en el relato no hay verdadera intriga, pues la historia comienza con el narrador evocando la muerte de Jadzhi, y una sensación de sombría inevitabilidad se cierne sobre cada uno de sus giros y episodios. Tolstói escribe con la perspectiva que le proporciona la historia y sabe ya qué será del Cáucaso en 1859: si no queda completamente conquistado, será al menos devastado y absorbido por el Imperio ruso.

Parte de la singularidad de la novela reside en su técnica narrativa, mucho más madura que la narración objetiva de "Guerra y paz". En esta ocasión, Tolstói recurre a un narrador sin nombre -posiblemente el propio autor- que enmarca el relato con una breve historia introductoria, retomada únicamente al final. El procedimiento establece desde el principio una distancia respecto de los acontecimientos narrados y sitúa la obra en un terreno que es menos el de la historia que el de una reflexión sobre la historia, o más bien sobre la manera en que los individuos quedan inevitablemente arrastrados por el curso del progreso humano. Ese marco -técnica tan cervantina- se construye a partir de la contemplación de un campo recién arado, donde todo ha sido destruido de forma ordenada y metódica y, sin embargo, un pequeño cardo tártaro permanece obstinadamente en pie. Esa flor dará lugar a la historia de Jadzhi Murat, que el narrador innominado conoce en parte porque la contempló en persona, y en parte por el relato que de ella hicieron otros testigos.

Por cierto, como en "Guerra y paz", tampoco aquí escapa al escritor la figura de los grandes hombres que pretenden dirigir el curso de la historia, como Napoleón en aquel caso o como el zar Nicolás I. Este último aparece retratado como un gobernante iracundo y vanidoso, incapaz de percibir las contradicciones de sus propias decisiones. Tolstói le dedica un capítulo entero desde cuya perspectiva puede apreciarse la estrechez de su visión y, al mismo tiempo, la lógica absurda de su poder, que convierte sus decisiones, por arbitrarias o contradictorias que sean, en necesariamente justas y razonables por el mero hecho de proceder de él. Pero "Jadzhi Murat" es también una novela profundamente antibélica, y quizá su mayor fuerza reside en que no necesita convertir a sus personajes en simples víctimas o verdugos para mostrar el absurdo de la guerra. Lo que quedan son los retratos de hombres y mujeres atrapados en los engranajes de la historia, cuyas vidas terminan sometidas a decisiones tomadas muy lejos de ellos. El protagonista, erigido en héroe, sabe que no puede cambiar el curso de los acontecimientos y, sin embargo, se resiste a desaparecer sin más. De ahí la fuerza de la imagen que abre y cierra el relato, ese cardo tártaro que, después de haber sido aplastado y casi arrancado de raíz, permanece todavía en pie. "El hombre ha destruido todo lo que había alrededor, ha acabado con millones de plantas, pero esta no se entrega", escribe Tolstói. La frase podría servir como una suerte de poética de la novela: frente a la guerra y al poder, queda siempre algo que se resiste a ser completamente destruido.

*Publicada por Nórdica Libros.

 

Darío Luque

 

 

 

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