Hombres salmonela en el planeta Porno
Título: Hombres salmonela en el planeta Porno
Título Original: (ポルノ惑星のサルモネラ人間, 1979)
Autor: Yasutaka Tsutsui
Editorial:
Atalanta
Colección: Ars Brevis
Copyright:
© Del original: Yasutaka Tsutsui
© De la traducción: Jesús Carlos Álvarez Crespo
© Ediciones Atalanta, S.L.
Edición: 1ª Edición: Noviembre 2025
ISBN: 9788412998634
Tapa: Dura
Etiquetas: familia ciencia ficción crítica social relatos entrevista erotismo humor negro literatura japonesa mundos paralelos recopilatorio de autor sátira sueños surrealismo recopilación falsas apariencias imaginación consumismo isla absurdo árboles
Nº de páginas: 188
Argumento:
Una planta produce sueños eróticos, una ciudad se inclina un poco todos los días, un hombre anodino es perseguido por todos los medios de comunicación, una atiborrada masa de bañistas se aplasta en una playa abrasadora, unos científicos tienen la misión de investigar un planeta en donde todo es sexual. Bajo el prisma de un mundo absurdo, violento, cómico y sorprendente, Yasutaka Tsutsui desarrolla una despiadada crítica del mundo en el que vive.
Opinión:
Violeta Lila
"Hombres salmonela en el planeta porno", de Yasutaka Tsutsui, editado por Atalanta en tapa dura, en un formato de 14 x 22 cm y con ciento ochenta y ocho páginas, es un libro que se abre como una caja de resonancia para lo absurdo: uno lo sacude un poco y, en lugar de encontrar orden, aparecen destellos de incoherencia cuidadosamente calibrada. El autor propone universos apenas desplazados del nuestro, donde el sinsentido no es un accidente sino una ley física. Nada se explica, ni falta que hace, porque el pacto con el lector es otro: creer primero, pensar después. Tsutsui invita a ese salto al vacío y, una vez en el aire, demuestra que el absurdo, cuando está bien tejido, revela más sobre la realidad que cualquier realismo cansado.
Los protagonistas de estos relatos comparten una cualidad inquietante: son gente común. Ni héroes ni iluminados. Individuos que podrían estar sentado a tu lado en el subte, arrastrando la rutina, y que precisamente por eso se vuelven memorables: su mediocridad se convierte en materia literaria. Tsutsui entiende que lo extraordinario, para funcionar, necesita un punto de anclaje, y que la mejor forma de criticar una sociedad es mostrarla desde la perspectiva de quienes no se creen especiales.
El ejemplar arranca con el relato titulado "El bonsái Dabadaba", donde un árbol capaz de inducir sueños libidinosos se convierte en un dispositivo para trastocar los límites entre la vigilia y la fantasía. El relato juega con esa zona borrosa en la que lo imaginado parece más convincente que lo vivido. Su desenlace puede anticiparse, sí, pero ese ligero desgaste narrativo no arruina el viaje: el autor abre una veta deliciosa de inquietud y deseo, dejando una estela que invita a seguir leyendo.
El mecanismo de la sátira aparece con toda su fuerza en "Rumores sobre mí", donde un oficinista anodino termina convertido en el epicentro de una cobertura mediática tan exhaustiva como absurda. Aquí, Tsutsui pone en escena una sociedad hipnotizada por su propia voyeuría: noticias que no informan, fama sin mérito, vidas arruinadas por el mero hecho de ser observadas. En esta distorsión hilarante late una crítica feroz a la industria del espectáculo y al apetito voraz de la opinión pública. Lo inquietante no es que los medios del cuento sean ridículos, sino que se parezcan tanto a los nuestros.
Uno de los textos más potentes del volumen es "El límite de la felicidad", donde la vida familiar se retrata como una coreografía agotadora sostenida por compras, sueldos y apariencias. Tsutsui disecciona el consumismo con bisturí de humor negro: el protagonista intenta rebelarse contra la tiranía de esa felicidad plastificada, pero su resistencia se estrella una y otra vez contra la inercia social. El relato produce una sensación asfixiante, una incomodidad que perdura al cerrar la página, como si el autor nos obligara a mirarnos en un espejo empañado.
En "El mundo se inclina", una ciudad construida sobre una isla artificial empieza a hundirse literalmente por una mezcla de corrupción, negligencia y fanatismo político. El autor convierte esa inclinación en una metáfora evidente, y por eso mismo eficaz, de gobiernos que prefieren negar el desastre antes que admitir un error. Sociedades diseñadas para el colapso, autoridades que se tapan los oídos: cualquier semejanza con la realidad no es coincidencia, sino diagnóstico.
"El último fumador", lleva el absurdo al extremo y describe un país que persigue a los fumadores como si fueran criminales de guerra. Lo que comienza como una campaña sanitaria se transforma en cacería. Tsutsui exagera el conflicto hasta lo grotesco para mostrar cómo la moral pública, cuando se vuelve intransigente, puede justificar cualquier violencia. La víctima cambia de bando, el fanatismo se multiplica, y el autor demuestra que incluso las guerras culturales más ridículas pueden destruir vidas.
Finalmente, el cuento que da título al libro "Hombres salmonela en el planeta porno", el más extenso y el más ambicioso, despliega un escenario ajeno: otro planeta poblado por criaturas casi humanas. Extrañamente, es en esa distancia donde el autor consigue el retrato más nítido de nuestras propias rarezas. El autor construye un mundo distinto no para escapar del nuestro, sino para subrayar sus grietas.
En conjunto, el ejemplar funciona como una radiografía divertida y despiadada del Japón de la segunda mitad del siglo XX y también del mundo de hoy. Tsutsui escribe con una ligereza engañosa: su prosa parece sencilla, traviesa, casi descuidada, pero es justamente esa irreverencia la que le permite afilar cada crítica. Es un autor que se permite el juego y, al mismo tiempo, la puntería.
Este libro no solo entretiene; inquieta. Y en esa incomodidad luminosa reside su verdadera fuerza. Tsutsui nos recuerda que el absurdo, lejos de ser un desvarío, es a veces la mejor herramienta para decir la verdad.
Cierra con una entrevista al autor.
Maravilloso.
Violeta Lila
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Joseph B Macgregor
Partamos de la base de que vivimos en un mundo absurdo. Día a día me llegan signos que confirman paulatinamente esta teoría y no hay forma de que nadie me demuestre lo contrario. Llevamos una existencia en la cual diariamente hacemos cosas absurdas, nos enfrentamos y debemos superar conflictos bastante surrealistas, o nos encontramos con personas que hacen del esperpento un modo de vida. Estos relatos hablan del tedio cotidiano, de la inútil aspiración del hombre por conseguir algo que llaman "felicidad" que asociamos inevitablemente con todo lo que se nos vende a través de la publicidad o de la televisión: un crucero, un automóvil, los chiquiprecios, el aniversario de Carrefour o la Semana Fantástica de El Corte Inglés, la televisión de plasma, cantidades espectaculares de dinero o como sucede en uno de los cuentos incluidos en el libro (El límite de la felicidad) pasar un día de playa, con consecuencias funestas y angustiosas para todos.
"Hombres salmonela en el planeta porno" es un libro especialmente indicado para todos aquellos que discrepamos profundamente con Leibniz cuando afirmó que "El Ser perfecto, en virtud de su perfección misma, debe crear el mejor de los mundos posibles, por lo cual se entiende aquel mundo que contiene el máximo de realidad, el máximo de esencia"; es decir: un selección de relatos breves especialmente aconsejados para aquellos que disfrutamos horrores con el "Cándido" de Voltaire, en el cual su autor se burla constantemente de semejante idea o para aquellos que adoramos a Kafka o a Cortázar por encima de muchos otros escritores.
La estructura de los relatos es muy sencilla - aunque de complicada ejecución: se parte de un hecho absurdo que progresivamente se van enredando cada vez más hasta desembocar en una situación angustiosa o dramática (los protagonistas de El límite de la felicidad), sin salida (como le sucede los a lo personajes de El bonsái Dabadaba o El mundo se inclina) o divertida (Hombres salmonela en el Planeta Porno) en la que terminan siendo devorados o fagotizados, pero siempre sin perder el sentido burlón o irónico.
En ese sentido, podríamos decir que Yasutaka Tstsui es una suerte de Kafka pero con sentido del humor. Frente al absurdo cotidiano, Tstsui contraataca con la imaginación y el sexo frecuentemente practicado sin ningún tipo de límite ni cortapisa; es decir: pa cuatro días que vamos a vivir resulta de obligado cumplimiento intentar pasarlo lo mejor posible...
Son seis cuentos en los que humor, ciencia-ficción, surrealismo, crítica social, imaginación y absurdo se entremezclan a partes iguales, que considero de obligada lectura para todo buen aficionado a la literatura de calidad, ya que se divertirá y sorprenderá a partes iguales seguro.
Joseph B Macgregor
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Comentario de los lectores:
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