El rayo que no cesa
Título: El rayo que no cesa
Título Original: (El rayo que no cesa, 1936)
Autores: Miguel Hernández, Pedro Oyarbide
Editorial:
Lunwerg
Colección: Literatura ilustrada
Copyright:
© 2026, Pedro Oyarbide
© 2026, Editorial Planeta, S.A.
Edición: 1ª Edición: Mayo 2026
ISBN: 9791387761905
Tapa: Dura
Etiquetas: libros ilustrados poesía sonetos poesía romántica amor deseo muerte desamor poesía española literatura española contemporánea arte
Nº de páginas: 125
Argumento:
Publicado por primera vez en 1936, "El rayo que no cesa" ocupa un lugar central en la trayectoria de Miguel Hernández y constituye una de las cimas de la poesía española del siglo XX. Integrado principalmente por sonetos de extraordinaria intensidad expresiva, el libro explora las contradicciones de una pasión que oscila entre el impulso erótico -descrito con imágenes de la mejor tradición petrarquista- y la conciencia del sufrimiento. Sobre ese conflicto se levantan algunos de los símbolos más poderosos del universo hernandiano, como el rayo que hiere sin descanso, el toro asociado a la fuerza y al destino trágico o el barro que expresa la fragilidad de la condición humana. Junto a estos sonetos amorosos, en buena medida inspirados por la relación del poeta con la pintora Maruja Mallo y atravesados también por la presencia decisiva de Josefina Manresa, se incluye también la conmovedora "Elegía a Ramón Sijé", convertida con el tiempo en uno de los textos más emblemáticos de la lírica en lengua española.
Casi un siglo después de su publicación, la obra poética de Miguel Hernández conserva intacta su capacidad para conmover a los lectores y recordar que el amor y la pérdida siguen siendo las experiencias más profundamente humanas. En esta ocasión, además, se le añade el imaginario del ilustrador Pedro Oyarbide, que ha sabido reinterpretar los versos del poeta oriolano.
Opinión:
Se me ocurren pocas obras de la poesía española que hayan alcanzado una presencia tan perdurable en la memoria colectiva como "El rayo que no cesa". Sus versos han encontrado nuevos lectores generación tras generación y han trascendido el ámbito estrictamente literario gracias, entre otros motivos, a la difusión que les otorgó la música de Joan Manuel Serrat, cuya versión de la "Elegía a Ramón Sijé" forma ya parte de nuestro imaginario cultural. Sin embargo, la vitalidad de un clásico depende siempre de su capacidad para renovar sus formas de acceso y de diálogo con el presente. La cuidada edición que ahora publica Lunwerg, enriquecida con las ilustraciones de Pedro Oyarbide, responde a ese propósito, por cuanto propone una lectura visual que subraya la intensidad simbólica del poemario y abre nuevas puertas de entrada a un universo poético que sigue interpelando al lector contemporáneo. Me parece, por ello, una excelente apuesta para atraer la curiosidad de nuevos -y jóvenes- lectores hacia un rincón de nuestra historia literaria que merece salir de las aulas.
La potencia del poemario reside, como todos sabemos, en la extraordinaria capacidad de Miguel Hernández para convertir la experiencia amorosa en un sistema simbólico de enorme intensidad. El rayo, por ejemplo, encarna una pasión dolorosa e inextinguible desde el comienzo mismo del libro: "¿No cesará este rayo que me habita / el corazón de exasperadas fieras?"; el corazón, una de las imágenes más recurrentes del poemario, aparece herido, desgastado o sometido al deseo; el toro representa la fuerza instintiva y la vulnerabilidad del amante; mientras que otros símbolos -la paloma, el sol, el limón, las flores o la amapola- construyen un imaginario que hace indisociable a la naturaleza del sufrimiento. Las ilustraciones de Pedro Oyarbide dialogan con esa constelación simbólica mediante una propuesta visual de gran impacto, visible ya desde una portada que, además de poner en el centro la efigie del autor atravesado por ese rayo, lo rodea de algunos de esos símbolos y de dos figuras titánicas -una femenina y otra masculina- que acaso anuncian el potencial erótico de los versos.
A veces las imágenes acompañan a los poemas en un gesto ilustrativo que parece trasladar las imágenes de sus versos, tan singulares, a otro lenguaje artístico. Vemos así el tribunal de tiburones al que alude el poeta en la tercera composición del volumen, el amargo limón que protagoniza el cuarto poema y la naranja helada del siguiente, o la majestuosa paloma del octavo. Algunos dibujos se presentan también de forma autónoma, sobre todo aquellos de mayor entidad, que parecen recoger la significación y la emoción de todo el poemario. Sin embargo, también hay otros que nos fuerzan a interrumpir la lectura de los sonetos -una composición que, recordemos, debe en gran medida su valor al ritmo conseguido entre cuartetos y tercetos-. Ocurre incluso con la "Elegía a Ramón Sijé", interrumpida por una doble página a color que no viene sino a demorar y dificultar una lectura atenta del poema. Además de las imágenes seleccionadas, extraídas casi todas ellas de los versos, también los colores escogidos parecen responder a una voluntad estética, pues a lo largo del libro nos asomamos a una excelente combinación de rojos, verdes, dorados y negros, los colores que Oyarbide atribuye a la paleta de Hernández.
Aunque en algunos momentos he llegado a sospechar que la lectura de esta edición podría abordarse como un cómic, más que como un poemario, siento que hay algo en la disposición de los elementos visuales que me ha impedido disfrutar la lectura tanto como me habría gustado. Ese algo es -lamento decirlo- la tipografía, que dificulta en gran medida una lectura ágil y clara de los magníficos poemas de Miguel Hernández. En cualquier caso, la idea de ilustrar este poemario es excelente, y también lo es el resultado, que ofrece una conversación fértil entre palabra e imagen sin dar la espalda a la poderosa iconografía hernandiana.
Darío Luque
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Comentario de los lectores:
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