Anika entre libros

muerte y un poco de amor

Ficha realizada por: Gemma Nieto
muerte y un poco de amor

Título: muerte y un poco de amor
Título Original: (smert i nemnogo liubví, 1995)
Autor: Alexandra Marinina
Editorial: Pàmies


Copyright: Traducción de Fernando Otero Macías y José Ignacio López Fernández, 2010
Ilustración de la cubierta: Alejandro Colucci
1ª edición Mayo 2010 ISBN: 978-84-96952-62-1
Etiquetas: autores, escritores, género negro, literatura rusa, policiaco, rusos

Argumento:


Nastia trabaja como analista en la Dirección General de Interior de la Policía rusa. Tras muchos años de relación con su novio Liosha, deciden casarse. Pero no será una boda tranquila. El día anterior recibe un mensaje anónimo con un aviso: “No lo hagas. Lo lamentarás”. Sin embargo, no es ella quién lo lamentará sino la novia que le precede en el juzgado que será asesinada.
 
Dos horas antes, en otro juzgado de la ciudad, se produce un crimen análogo y las similitudes entre ambos harán pensar a la policía que ambos sucesos está relacionados. 
 
Durante la investigación, la policía rusa descubre que no han sido los dos únicos casos de novias que han recibido anónimos amenazadores. Aunque ninguna de las demás resultó muerta, el asesino consiguió destrozar sus vidas.
 
La protagonista del relato, Nastia, intuye que detrás del caso podría esconderse una mujer resentida cuya boda no llegó a producirse por algún tipo de infidelidad y que eso le ha dejado una marcada huella. Sin embargo, cuando descubre a la posible asesina, parece haberse suicidado.

Opinión:


Hace años, leyendo un curioso ejemplar sobre cómo escribir novelas redactado por un afamado autor norteamericano, me sorprendió que afirmara que los nombres de los personajes que un escritor elegía eran muy importantes. Tenían que ser recordados por el lector de una forma inconsciente, y por lo tanto, debían de ser sencillos. Estuve de acuerdo con él porque su argumento poseía una lógica aplastante: si el lector no podía recordar esos nombres y relacionarlos rápidamente con los personajes mientras leía la novela, se perdería. Parece que “la zarina de la novela negra rusa”, como la denomina su editorial española, no ha tenido en cuenta esta lógica. Nada más abrir el libro nos encontramos con un listado de los personajes principales. Cada uno de ellos suele tener su nombre de pila y uno o dos apellidos. Algunos, incluso cuentan con más de un alias. Por regla general, esos apodos no son muy parecidos a los nombres, y el uso aleatorio que Alexandra Marinina hace de ellos contribuye a aumentar la confusión del lector. Sirvan como ejemplo: Alexei Mijáilovich Chistiakov, de mote Liosha; la protagonista se llama Anastasia Páulovna Kámenskaya, con dos apodos: Nastia y Nastasia; y, un último ejemplo para finalizar: el juez de instrucción se llama Konstantín Mijailovich Olshanski, cuyos apodos son Kostia y Mijálych. Y así hay más de treinta. Creo que esto es más que suficiente para remarcar mi confusión entre los personajes.
 
Tras eso comienza la novela y, lejos de la costumbre de los últimos años de iniciarla con un asesinato, o con una muerte truculenta, siendo este libro, además, una novela negra, la autora (de reconocido prestigio internacional) se permite el lujo de introducirnos en la historia hablándonos de la vida privada de los principales personajes. Comienza el relato, por tanto, de una forma pausada. Algo que es de agradecer.
 
Sin embargo, Alexandra Marinina no domina las emociones de sus personajes, que pasan de una inmensa alegría a un enfado colosal si mediar causas justificables. Sus personalidades individuales no llegan a calar en el ánimo del lector que no logra sentir por ellos ni pasión ni odio; simplemente, no consigue sentir nada por ninguno de ellos. Además, la autora pone en conocimiento de los personajes hechos que no explica al lector; que ellos sepan cosas que quedan sin explicación en la trama no ayuda a confiar en la narradora ya que da la sensación de que va “cuadrando” la trama sobre la marcha. También existen incongruencias entre los papeles que adoptan los personajes y su forma de actuar.
 
Algunas irregularidades que posee la trama enfrían al lector y provocan su desconfianza hacia el buen hacer de la escritora rusa. Encontramos numerosos ejemplos a lo largo de la obra. Hay personajes que Alexandra Marinina afirma que llevan viviendo juntos durante quince años y luego, unas páginas más adelante, nos explica que sólo se ven los fines de semana.
 
Las descripciones de lugares son casi nulas y eso hace que el lector vaya de la mano de la autora como un ciego. Al no ver los escenarios donde se desarrolla la acción todo lo que ella cuenta es válido por el artículo treinta y tres. El lector se encuentra indefenso y desubicado.
 
Falla en el tono de la narración. Aunque intenta que su novela sea cercana al lector con el uso de palabras que cree adecuadas y la creación de ambientes familiares, no los introduce en el momento adecuado y su prosa pierde credibilidad.
 
Hacia la mitad de la novela descubro que es posible que el problema de la poca consistencia del relato resida en que la autora no trabaje sobre un guión pre-elaborado. Algo que considero necesario en este tipo de tramas complejas en las que el narrador tiene que ir alternando los diferentes hilos argumentales sin dejar cabos sueltos. El hecho de no disponer de un guión previo conduce a que el autor cometa errores y que al final se encuentre en un callejón sin salida, argumentalmente hablando. El hecho de que escriba sobre la marcha puede inferirse porque la información horizontal entre los diferentes personajes cojea mucho y porque no anticipa al lector algunas de las características de esos personajes, que más tarde serán de vital importancia para no sentirse confuso y estafado.
 
Lo cierto es que hasta la página cien no se puede entrar en la historia y comenzar a leer con un cierto grado de interés. A destacar, por meritorio, son unos asertos que Alexandra Marinina incluye en la novela con letra cursiva y que constituyen una especie de monólogo interior del asesino. Psicológicamente están muy logrados para poder evaluar el grado de demencia del criminal.
 
Me ha sorprendido el retrato de la sociedad rusa de hace quince años que hace la autora. En algunos libros que leí de ese tiempo sobre Rusia parecía que su sistema político comunista, al intentar abolir la religión, y con ella todas sus cortapisas sociales hacia la mujer, habría permitido la aparición de una sociedad más liberal. Sin embargo, me ha extrañado que cuente como en Rusia no está bien visto que una mujer llegue solterona a los treinta. Idea recurrente que manifiesta en varios comentarios a lo largo de la novela. La crítica que hace de su propia sociedad es amarga, desnuda, con cierto punto melancólico por los días pasados, cuando las cosas debieron de ser mejores.
 
Del mismo modo, cuando la autora se detiene y describe la vida de un personaje concreto y narra lo que le ha llevado a ser como es y cómo es posible justificar sus actos, hay una brillantez que sorprende ya que la calidad literaria de esas páginas no es equiparable al resto de la novela. En las tres o cuatro ocasiones que lo hace realmente se disfruta con su lectura. Sobre la página 173 nos encontramos con un extenso relato sobre las intenciones de Turbin, el joven cuya boda se desea impedir, acerca de sus ilusiones en la vida y de sus metas. Es en situaciones “intimistas” como ésta, al narrar las vidas de los personajes desde una perspectiva interior, cuando la autora muestra su potencial y sabe llevar al autor de la mano. Creo que sería una estupenda narradora de novela rosa ya que sabe narrar con acierto los tejemanejes y las intrigas.

Otro ejemplo muy conseguido fueron las dos conversaciones que uno de los personajes, Marat, mantiene con los jóvenes cuya boda desea evitar. La forma en que la autora plantea el diálogo entre los tres y su dominio de la psicología humana más básica hace que sean magistrales. Lo que a su vez me crea una duda, si sabe escribir bien ¿porqué no lo ha hecho con las 300 páginas de la novela?
 
Contribuye a aumentar mi nivel de confusión el hecho de que Planeta publicó en el pasado cinco de sus novelas con Nastia como protagonista y que, además, han sido traducidas a varios idiomas. Sin embargo, su escritura no está muy elaborada. Los diálogos son torpes y artificiales.
 
Por su parte, la editorial debería de haber cuidado más la corrección de la obra. Aunque otros errores quizá deberíamos atribuírselos a los traductores. Hay una frase en especial que me dejó perpleja: “¿Eso es no cierto?” (pág. 17). Es posible que en ruso las frases se construyan así (desconozco ese idioma) pero en español no es lo más común. Cuando llegué a ella ya había pasado por otras construcciones gramaticales que me resultaron igualmente extrañas en nuestro lenguaje, con los sujetos, los predicados o los complementos en un orden diferente al que estamos habituados y que impiden concentrarte en el relato. Achacable también a los traductores son algunos vocablos utilizados como hacer referencia a unas costuras abiertas en una falda como “rajas” o el uso de “canalillo” para referirse al espacio entre los pechos femeninos cuando son términos que no encajan en el tono general de la obra.
 
Resumiendo, creo que la autora sabe escribir bien y que también sabe ensamblar varios argumentos con éxito en una trama compleja. Mi duda es: ¿por qué no lo ha hecho? 
 
Gemma Nieto

Frases de esta opinión pueden utilizarse libremente en otros medios para promoción del libro, siempre que no se varíe y se mencionen al autor de la misma y al medio anikaentrelibros.com

¿Te ha gustado? Compártelo:

Comentario de los lectores:

Publicidad
Anika entre libros
Actividad subvencionada por el Ministerio de Cultura
Ministerio de cultura

Esta web utiliza cookies para obtener datos estadísticos de la navegación de sus usuarios. Si continúas navegando consideramos que aceptas su uso. Más información X Cerrar