Anika entre libros

ladrones de tinta

Ficha realizada por: Pilar Alonso Márquez
ladrones de tinta

Título: ladrones de tinta
Título Original: (ladrones de tinta, 2004)
Autor: Alfonso Mateo-Sagasta
Editorial: Zeta Bolsillo


Copyright: © Alfonso Mateo-Sagasta, 2004
© Ediciones B, S.A., 2006
1ª Edición, Marzo 2006 ISBN: 9788496581258
Etiquetas: autores, cameos, escritores, españoles, generación, hispanos, histórica, literatura española, literatura hispana, personajes reales, siglo de oro

Argumento:


Diez años después de que Francisco Robles editara El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, un escritor de nombre Alonso Fernández de Avellaneda publica la segunda parte.
 
Robles, furioso porque alguien interceda en su negocio, encarga a uno de sus empleados, Isidoro de Montemayor, que averigüe quién es Avellaneda y le ajuste las cuentas.
 
Pero la tarea no resulta fácil. Nadie sabe quién se esconde tras el seudónimo de un hombre que parece querer destruir a Cervantes.

Opinión:


Alfonso Mateo-Sagasta , que este año fue galardonado con el III Premio CajaGranada de Novela Histórica por su novela Caminarás con el sol, tiene dos novelas protagonizadas por Isidoro de Montemayor y ambientadas en el Siglo de Oro. Esta es la primera de ellas. 
  
En 1614 Alonso Fernández de Avellaneda publicaba La Segunda parte del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, casi diez años después de que Miguel de Cervantes diera vida a su personaje. No se sabe qué escritor se escondía tras el seudónimo de Avellaneda, aunque la crítica baraja la posibilidad de que fuera alguno de los allegados de Lope de Vega, que no se llevaba muy bien con Cervantes. La obra de Avellaneda contenía varias alusiones desfavorables hacia la obra original y hacia el autor, especialmente en el prólogo, igual que El ingenioso hidalgo contenía el mismo tipo de comentarios perniciosos sobre Lope y otros personajes de la época. 
 
Alfonso Mateo-Sagasta ubica su obra en Madrid, en el año 1614, y el argumento gira alrededor de ese Quijote apócrifo. El protagonista, Isidoro de Montemayor, corrector de pruebas de imprenta, gacetillero y empleado en un garito, recibe el encargo de descubrir quién se esconde tras el nombre de Avellaneda.
 
Sus pesquisas le llevan a realizar una relectura de la obra de Cervantes a través de amigos y conocidos, que le hacen ver las referencias y alusiones a otros autores y personajes de la época en los que no se había fijado. Y la información resulta tan suculenta, que el lector no tiene más remedio que acudir a la misma fuente y comprobar con sus ojos que dichas afirmaciones son completamente ciertas.
 
El protagonista visitará al propio Cervantes, pero también a Lope de Vega, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo o Tirso de Molina, recreando con gran maestría un Siglo de Oro cargado de rencillas, envidias y lenguas afiladas.
 
La recreación no se queda en los grandes maestros de nuestra literatura. El autor trabaja el contexto histórico con la misma soltura, y lo mismo hace con la vida cotidiana. El conde de Osuna o el duque de Lerma se codean con frailes, prostitutas, tenderos o vividores para presentarnos el Madrid de la época con gran realismo, repleto de curiosidades y de anécdotas. Entre las más suculentas: el uso de orina para blanquear los dientes por parte de los barberos (dentistas), la creencia de que las inmundicias en las calles favorecían la salud debido al aire demasiado puro de la capital, o la costumbre de no hacer acopio de alimentos en la casas, ni siquiera en las principales.
 
Pero Mateo-Sagasta no se limita a sumergirnos en el Siglo de Oro a través de su historia o sus personajes, muy bien documentados, lo hace también a través de su prosa, amoldada al estilo de la época, sabrosa y enriquecedora, con un fino sentido del humor y de la ironía. El estilo es perfecto, tanto que dan ganas de quitarse el sombrero y hacer una reverencia, barriendo el suelo con sus plumas.
 
Los personajes están tan bien trabajados que saltan del papel para sentarse a nuestro lado. No nos cuesta nada imaginar a Venancia, la casera del protagonista, una mujer odiosa y calculadora, o a Ximenet, el primo dentista, o a tantos otros que desfilan por sus páginas, algunos con nombre propio y otros simples ciudadanos de a pie. El cuidado que el autor dedica a todos ellos y el gusto por el detalle los convierten en seres de carne y hueso, capaces de encandilarnos con sus historias o sus miserias.
 
En cuanto a la trama, he de decir que está bien construida y ensamblada, que es inteligente y original, jugosa y equilibrada. Es todo un privilegio sumergirse en las páginas de esta novela y dejarse arrastrar hasta el siglo XVII para compartir unos vinos con Lope de Vega, unas confidencias con Cervantes o unos versos con Quevedo.
 
Una experiencia fascinante. 
 
Pilar Alonso Márquez

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