Anika entre libros

La muñeca de nieve y otros cuentos

Ficha realizada por: Darío Luque
La muñeca de nieve y otros cuentos

Título: La muñeca de nieve y otros cuentos
Título Original: (The Snow-Image, and Other Twice-Told Tales, 1851)
Autor: Nathaniel Hawthorne
Editorial: Acantilado
Colección: Narrativa del Acantilado


Copyright:

© Quaderns Crema, S.A., 2017

Traducción: Marcelo Cohen
Edición: 1ª Edición: Enero 2017
ISBN: 9788416748273
Tapa: Blanda
Etiquetas: familia, antología, naturaleza, amor, cuentos, relatos, literatura estadounidense, metaliteratura, recopilatorio de autor, recopilación, infancia, muñecos, condición humana, montañas, trascendentalismo
Nº de páginas: 256

Argumento:

Dos niños, en pleno invierno, hacen una muñeca de nieve que acaba adoptando conciencia humana. En una ciudad ficticia, en lo más profundo de un valle, los habitantes esperan deseosos de encontrar a aquel que lleve el mismo rostro que está configurado en el relieve de la montaña. Un titiritero representa la historia de su ciudad, pero llena de anacronismos. Un antiguo calero encuentra, tras un largo periplo, el Pecado Imperdonable. Un burgués engaña a una inocente chica para que se enamore de él. Dos peregrinos enamorados emprenden una huida para poder vivir juntos. Un hombre quema sus manuscritos, en los que se encuentran sus propios demonios. Dos viudas, por cuestión de azar, recuperan a sus maridos.

Estas y otras historias son las que se recogen en esta antología de cuentos escritos por Nathaniel Hawthorne. Sus relatos, originalmente publicados en diarios y revistas, lo conectan por temas y motivos con el lector contemporáneo, pero al mismo tiempo permiten hacerse una idea del maravilloso mundo literario que hay en sus novelas.

 

Opinión:

 

Si tuviera que describir con una palabra el estilo de Nathaniel Hawthorne, diría que es cándido. No en vano, el libro -que, por cierto, fue su primera obra- lleva por título "La muñeca de nieve", un cuento protagonizado por niños y que podría estar perfectamente dirigido a los mismos, a pesar de haberse relacionado siempre con un lector adulto. De hecho, esta narración adquiere un tono propio de Perrault o de los hermanos Grimm, más que de lo que a priori se esperaría del autor de "La letra escarlata".

Ante todo, aviso al lector de que no debe esperar ningún orden ni hilo conductor entre los cuentos. Son relatos aislados y autónomos, prácticamente como si fueran sueños que el autor va teniendo noche tras noche. De hecho, esa autonomía facilita la lectura, porque no requiere de una continuidad, sino que es el lector quien se sirve y se organiza, siempre a su gusto. Literatura cómoda, le llamo yo. Los temas, de la misma manera, son diversos, abiertos a distintas interpretaciones y a gusto de todo el mundo. Porque, aunque es evidente la preocupación filosófica y estética del escritor, Hawthorne reflexiona sobre las características implícitas del ser humano: inocencia, humildad, fortuna, deber, etc. Su universalidad, en definitiva.

Diría, sin embargo, que hay un concepto destacable para comprender la obra en su plenitud: el trascendentalismo. Esta filosofía, desarrollada en Estados Unidos durante el siglo XIX, proponía un individualismo extremo, de origen kantiano. También señalaba que el conocimiento estaba constituido no solo por nuestra experiencia, sino por la experiencia de nuestros antepasados. Hawthorne, que tenía muy presente la participación de su familia en los Juicios de Salem, rechazó tajantemente esta filosofía. Como consecuencia, hallamos en el libro relatos que tratan de desmontar el individualismo mediante personajes que intentan huir de la sociedad -por supuesto, sin conseguirlo-  ("Los peregrinos de Canterbury"), u otros que parecen fusionarse con el cosmos ("El gran rostro de piedra"). Los conceptos de individuo y herencia serán, por lo tanto, dos ejes simbólicos en las historias de toda esta primera etapa hawthorniana.

Y, aunque cualquiera podría pensar que la intromisión filosófica en su cuentística es muy aventurada, sorprende la maestría con la que el autor inmiscuye esa filosofía en los textos, a través de los personajes. Porque Nathaniel Hawthorne es un escritor sumamente astuto que, en veinte páginas -a groso modo, lo que dura cada cuento- no solo delinea a sus personajes, sino que los rellena tan bien que el lector no puede creer que lo consiga en tan poco espacio. Como por arte de magia, Hawthorne ignora la condensación cuentística y desarrolla seres sorprendentemente humanos, pero sin olvidarse de las correspondientes historias. Consigue hilarlo todo tan bien, que cada relato podría ser, en su seno, una novela íntegra de veinte páginas.

Sorprende, asimismo, la variedad de los cuentos. Unos muestran rasgos más realistas -en la estela de ese romanticismo de corte sentimental-, mientras que otros abren los caminos de la imaginación y la magia. En todos, de una manera muy visual, destacan sus protagonistas. Así, los lectores no olvidarán nombres como Ethan Brand, Ernest o John Inglefield. Todos son distintos, pero si uno los ve en conjunto pueden parecer el mismo hombre, porque Hawthorne, en "La muñeca de nieve y otros cuentos", no deja de jugar con la universalidad del ser humano y de su interioridad psicológica.

Darío Luque

 

 

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