Anika entre libros

La guerra de los botones

Ficha realizada por: Patricia Rubiera,Déborah F. Muñoz
La guerra de los botones

Título: La guerra de los botones
Título Original: (The Button War, 2018)
Autores: Avi, Louis Pergaud
Editorial: Bambú
Colección: Bambú Exit


Copyright:

© 2018, Avi Wortis Inc.

© 2019, Editorial Casals, S. A., por esta edición

Ilustración de cubierta: Riki Blanco

Diseño de la colección: Miquel Puig

Coordinación editorial: Jordi Martín Lloret

Traducción: David Paradela López
Edición: 1ª Edición: Febrero 2019
ISBN: 9788483435762
Tapa: Blanda
Etiquetas: Historia, I Guerra Mundial, novela, 15 años, 14 años, 12 años, 13 años, literatura juvenil, soldados, obsesiones, Polonia, pandilla, desafíos, competición, retos, experiencias extremas
Nº de páginas: 256

Argumento:

En "La guerra de los botones", un grupo de niños vive en un pueblo aislado ocupado por los rusos. Cuando los alemanes lanzan una bomba y estalla la Gran Guerra, todo cambia y el pueblo se convierte en un campo de batalla.

Entre tanto, los niños deciden lanzarse un desafío peligroso: el que robe el botón más valioso de un uniforme militar se convertirá en el rey.

 

Opinión:

 

Déborah F. Muñoz

"La guerra de los botones" es una novela cruda y con la que no me sentí cómoda (lo cual, seguramente, era la intención de Avi).

Tenemos una pandilla de niños de doce años (un poco mayores para ser tan egocéntricos y desdeñar el peligro por una cosa tan absurda) que aceptan un desafío estúpido: robarles los botones a los soldados poniendo en riesgo sus vidas. Y todo para no quedar como cobardes delante de Jurek, un niño sociópata obsesionado con que es el rey y con ganar.

Ni siquiera cuando se producen inevitables muertos y heridos por culpa de la estúpida competición se echan atrás y siguen más centrados en conseguir los dichosos botones que en sobrevivir a la guerra que ha llegado a sus puertas y está destruyendo todo lo que conocen. Francamente, me pusieron de los nervios.

Aun así, resulta creíble la dinámica del grupo y cómo esos niños, en especial Patryk, narrador y protagonista, viven los acontecimientos de una lucha que no entienden entre dos bandos que han elegido un pueblo al que le importa poco que gane uno u otro como campo de batalla.

La narración, además, es ágil, especialmente cuando empieza la guerra, porque la introducción se hace un poquito pesada. Y, en definitiva, resulta una lectura amena, algo incómoda pero interesante por lo diferente que es.

 

Déborah F. Muñoz

 

SOMBRA

 

Patricia Rubiera sobre la versión original de Louis Pergaud

¿Las guerras son un cúmulo de despropósitos sangrientos, barbaridades de todo tipo, atrocidades horribles, la sinrazón elevada a la máxima potencia? No siempre, "La guerra de los botones" es un cúmulo de aventuras disparatadas, barbaridades lingüísticas, emboscadas horribles, la diversión elevada a la máxima potencia, es la guerra que todos hemos deseado librar una vez en nuestra vida.

Cien años han pasado desde que Louis Pergaud nos contara las venturas y desventuras de las rivalidades de los chicos de dos pueblecitos franceses y la novela sigue manteniendo su frescura, desenfado y alegría como si se hubiese escrito ayer mismo. La lectura de "La guerra de los botones" asegura diversión, carcajadas y una punzadita nostálgica de esa niñez que siempre nos parece demasiado lejana y corta; nos recuerda que hubo una época en la que un caramelo se podía partir en diez trozos sin problema y que cargarse las culpas por salvar a un compañero era todo un acto heroico merecedor de una medalla… o una lata de sardinas, que viene a ser lo mismo.

Una guerra que se desarrolla siempre, puntualmente, cada tarde al salir de clase, en la que el mayor miedo es caer preso del rival y que te deje, literalmente, con el culo al aire, en la que las armas son palos, piedras, los pies, las uñas y los dientes, la peor herida es un ojo morado, una nariz sangrando y una rodilla despellejada, se convierte en el eje central de la vida de estos chavales, la escuela, la iglesia, las riñas de los padres son algo totalmente secundario. Lo realmente importante es machacar al adversario, robarle los preciados botones que hacen que la ropa se le sujete al cuerpo, salvar el honor de su villa de una ofensa que ya nadie sabe cuándo ni cómo empezó, divertirse celebrando el triunfo y sacar pecho si la batalla ha sido adversa; "La guerra de los botones" es disfrutar la vida como si mañana fuese la última escaramuza en la que uno pueda participar.

Si hay algo que por suerte nunca cambia con el pasar de los años es que los niños seguirán siendo niños, así que nuestros protagonistas insultan, malinterpretan, suspenden, se meten en líos, desobedecen a sus mayores, mienten a su profesor como uno sólo puede hacer en ese periodo de su vida. Su corta edad les impide ser mezquinos (y si alguno lo es recibirá unos severos varazos en el trasero por parte de sus compañeros), atacan con honorabilidad, perspicacia, un poquito de ingenuidad y valor, mucho valor para hacer frente a la lluvia de collejas que van a recibir al llegar a sus casas en una época en la que un sopapo no era un maltrato y poner los calzoncillos del enemigo como bandera no tenía nada que ver con el acoso escolar. Estamos ante una historia que lo cuenta todo con una mirada limpia y veraz, en la que las penurias y la amargura propias de una época tan dura pasan a ser mera anécdota debido a que todo está evocado desde el punto de vista de los niños. Unos niños que nos cautivan desde su primera aparición al ser una mezcla de granujillas, pícaros y descarados sin malicia alguna, con los que es imposible no sentirse identificado de una manera u otra y que terminan por robarnos el corazón y contagiarnos todo su entusiasmo, alegría y, si nos apuramos, hasta su atroz manera de hablar basada en chascarrillos, improperios e insultos que harían palidecer al cura rural.

Pese a ser una novela protagonizada por niños ocurre lo mismo que con "El señor de las moscas" de Golding o "El guardián entre el centeno" de Salinger, no están exclusivamente dirigidas a un público infantil, por el contrario un adulto la disfrutará muchísimo y sabrá leer entre líneas muchas cosas que a nuestros protagonistas (y a lectores más jóvenes) les pasan inadvertidas.

Como es sabido, en este tipo de historias es necesario sacar una reflexión, hasta en esto Pergaud ha sabido conseguir que nos riamos, la verdad universal que se desprende de la historia es que los padres son unos muermos y ya no se acuerdan de lo que es ser niño y tener que defender tu honor por encima de todo; o puede ser que la verdad sea que, precisamente por recordar lo que hacían ellos de niños, vigilen con cien ojos a sus vástagos para que no se metan en jaleos; o puede que sean ambas cosas cubiertas en un paño infinito que es el ciclo de la vida y en el que, por suerte, casi siempre sale el sol el día siguiente y todo esto se repetirá una y otra vez por los siglos de los siglos, cambiando el escenario pero jamás la sana intención de disfrutar la vida mientras se pueda. Sea cual sea la enseñanza es pequeña frente al enorme deleite que nos han proporcionado estas batallas infantiles.

Paradójicamente, tres años después de que esta novela viera la luz, Louis Pergaud falleció en el frente en la Primera Guerra Mundial, y a buen seguro que habría dado todos los botones que fueran por cambiar su suerte.

Einstein dijo que no tenía ni idea de cómo sería la Tercera Guerra Mundial pero estaba convencido de que la siguiente sería con palos y piedras. Si por desgracia esto es así, espero encontrarme con Pacho, Grillín y compañía y poder disfrutar "La guerra de los botones" en primera línea de ataque; voy guardando un par de corchetes por si nos hacen falta.

Patricia Rubiera

 

 

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