Anika entre libros

la escala de los mapas

Ficha realizada por: Lidia Casado
la escala de los mapas

Título: la escala de los mapas
Título Original: (la escala de los mapas, 2012)
Autor: Belén Gopegui
Editorial: Debolsillo


Copyright: © Belén Gopegui, 1993
© Random House Mondadori, 2012
1ª Edición, Septiembre 2012 ISBN: 9788499899954
Etiquetas: autores, book, ebook, e-book, escritores, españoles, hispanos, libro electrónico, literatura española, literatura hispana, narrativa

Argumento:


Sergio Prim desmenuza para su amada Brezo su fracasada historia de amor, condenada desde el principio por un hombre con fobia al compromiso cuyo único objetivo en la vida es habitar un vacío. A ella (y a nosotros) le irá contando sus miedos, su tendencia al escapismo, cómo se oculta de la realidad que le persigue con cuerpo de mujer fatal, su falta de sintonía con un mundo con el que choca (literalmente) de forma constante y con qué criterios va configurando la escala de su mapa de la vida al tiempo que trata de comprender la escala que aplican los demás. Una poética reflexión sobre las relaciones personales y los miedos que entran en juego cuando amamos.

Opinión:


La escala de los mapas  es, como su propio nombre indica, un juego de perspectivas. Un juego literario que se muestra ya en el segundo de los breves capítulos que conforman la obra. Un juego de luces y sombras, de enfoques y personas narrativas, de tiempos y espacios, de técnicas y de destinatarios, de metáforas y sugerencias. 

Es, en primer lugar, un juego de perspectivas que muestra la relación entre el punto de vista y el tamaño relativo de las cosas. Así, igual que puedes tapar con tu dedo el sol y pensar que es más grande que el propio astro, el protagonista de la novela, Sergio Prim, muestra cómo el amor nos lleva a poner al amado en una escala diferente en nuestro mapa sentimental, a darle una dimensión mayor que al resto de los seres humanos, quizá exagerada, quizá, incluso, desmedida. De esa manera, pasa de ocupar su posición relativa en nuestro tiempo y nuestro espacio a situarse en un estado preeminente, ocultando parte del mundo que se queda, en comparación, en una escala menor; a llenarlo todo, a invadirlo todo, hasta convertirse, en ocasiones, en obsesión. 

Una obsesión como la que Prim muestra por su amada, Brezo, una mujer del pasado a la que encuentra fortuitamente y con la que emprende una intensa relación. Prim, narrador en primera persona (aunque en ocasiones habla de sí mismo en tercera persona, en una suerte de desdoblamiento metafórico que muestra tanto su lucha interior entre el amor y el miedo al compromiso, el amor físico y el amor sentimental como la dualidad entre locura y cordura), escribe estas páginas a una Brezo que se aleja y se desdibuja, a la que recuerda su historia de amor al mismo tiempo que va interpretando las razones de ese fracaso: el pasado de ella (sus amores como catarros mal curados), la fobia al compromiso de él, la soledad, la necesidad de encontrar un lugar propio, las relaciones con el entorno. Con un tono apasionado, vehemente, implorante en ocasiones, desesperado, suplicante (abundan, pues, las repeticiones, la imprecaciones, las alusiones directas a Brezo… en una narración en segunda persona), Prim intenta mostrar a su amada y al resto del mundo sus razones, sus circunstancias, su modo de entender la vida, la escala que utiliza para moverse por su propio mapa del mundo. 

La escala de los mapas  es, también, un juego de espacios y tiempos, que viaja a través de ellos, que une pasado, presente y futuro hasta desdibujar la esencia misma de las coordinadas que nos anclan a una época determinada de la historia y a un rincón específico del mundo. Buena muestra es la metáfora del nadador que pretendía llegar a su casa a través del circuito que unía a todas las piscinas del mundo. 

Pero es, ante todo, un juego literario y cultural. Un maravilloso juego literario que mezcla las narraciones en primera, segunda y tercera persona; que enmaraña a los destinatarios del texto (Brezo, sí, pero también Prim se dirige a un “ustedes”, a unos amigos a los que habla en segunda personal del plural) y que puebla el texto de referencias a otras obras (literarias pero también cinematográficas, musicales, artísticas…), de metáforas, imágenes y sugerencias (casi todas realmente extraordinarias, tremendamente poéticas y capaces de conmover al lector, de mover sus sentimientos). Y todo ello envuelto en una atmósfera irreal, onírica, brumosa, en la que los perfiles entre la cordura y la locura, entre lo soñado y lo real, entre lo imaginado y lo ocurrido y entre la realidad y la ficción se desdibujan hasta convertir a la propia realidad en una mujer fatal propia del cine negro. 

Belén Gopegui realiza, uniendo la belleza literaria y formal con la reflexión a través del contenido, un estudio sobre la soledad, sobre el miedo al compromiso, sobre ese hombre que busca habitar un hueco, un vacío; un hombre lleno de fantasías de simultaneidad o de escapismo, como tantos otros, que intenta escapar de la realidad y fundirse con la nada, con el espacio vacío que se encuentra entre los átomos, el silencio que separa cada nota y convierte el ruido en melodía. Una hermosísima metáfora sobre el miedo a los demás pero también a uno mismo, el miedo a amar y a ser amado.
 
Lidia Casado

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