Anika entre libros

Entrevista a Eduardo Mendoza por "Riña de gatos. Madrid 1936"

"Cuando pongo el punto final, el libro ya no me pertenece, y los personajes tampoco"

Firma y fotos: Saray Schaetzler / Diciembre 2010

 

Estamos en la presentación oficial del Premio Planeta 2010 donde Eduardo Mendoza dedica un tiempo a entrevistas personales para diferentes medios. El comienzo lo relatamos en el artículo que puede leerse en ArtiLiteratura ( aquí).

Eduardo Mendoza y Saray Schaetzler hablan de "Riña de gatos. Madrid 1936" bajo la presión del turno de entrevistas que aquí puede vivirse como si lo hubiérais visto con vuestros ojos.

 

 

ENTREVISTA

 

Me llama la atención la comparación contínua que hace entre Gran Bretaña y España. ¿Hay algún motivo especial para que Anthony (el protagonista) sea británico?

Varios. Uno es el truco del oficio. Me convenía un personaje que viniera de fuera y que además se le pudiera atribuir el fair-play, un personaje que muestre que escucha a todos, que para él lo importante es el Presentacionmendoza1diálogo, una cosa muy británica.

 

¿Por qué británico y no Suizo, o italiano, por ejemplo?

Bueno, podía haber sido suizo -admite-, lo que no podría haber sido es alemán o nazi o un enviado soviético. Tenía que ser alguien con una neutralidad natural.

Podría haber sido suizo, pero me hacía más gracia que fuese inglés. Yo creo que la Guerra Civil española, uno de sus motivos, fue para que los ingleses pudieran escribir muchos libros (risas), porque es propiedad privada de los ingleses.

La Guerra Civil española -continúa- está íntimamente ligada al testimonio o testigo inglés (y aquí nombra a varios autores),... es propiedad intelectual de los ingleses. Y la pintura del Siglo de Oro también. La conexión con el Velázquez y la National Gallery.

Además, en aquel momento el espionaje inglés, el soviético, estaba muy metido, muy pendiente de lo que ocurría en Madrid, porque todos sabían que lo que estaba pasando en España era un juego en el que participaba todo el mundo, un ensayo general de lo que luego ocurriría en europa.

Todos en un momento dado hemos querido ser ingleses -concluye-, y muy poca gente ha querido ser suizo (más risas).

Alba (la responsable de prensa de la editorial) dirige una mirada aterrorizada a los folios que sostengo.

-¿Todo eso....?...- comienza- No, no, estoy resumiendo, no son todo preguntas. Seré breve-. Contesto. Y respira hondo, parece que mi respuesta la tranquiliza.

 

En su entrevista para TVE, tras ser galardonado con el premio Planeta comentó que no pondría el dinero recibido por este premio en el banco. ¿Apuntaba ya maneras el Sr. Eduardo Mendoza, como precursor del movimiento sugerido por Cantona? - bromeo-. ¿Qué piensa de que esta idea se extienda en los foros sociales? ¿Qué le parece el complot contra la banca?

No, no, ... -aclara-, a lo que yo me refería con no poner el dinero en el banco, es porque ya lo tenía repartido, antes de que me lo dieran. Lo cogía con una mano y con la otra ya estaba gastado.

Y el complot en contra del sistema capitalista, creo que tendrá poca repercusión. No se puede avanzar por un lado y tener al mismo tiempo en cuenta esta actitud que solo sacudiría a la economía. Si se llevara a Presentacionmendoza4cabo, sería un desastre.

 

¿Un nuevo corralito?

Precisamente cuando surgió el corralito estaba yo en Argentina. Aquello no te imaginas lo que fue, ver cómo una mañana te levantabas de la cama y los bancos estaban cerrados. La gente se había quedado sin sus ahorros. Nada, de la noche a la mañana, sin esperárselo.

 

En un pasaje de la novela, la protagonista le llama la atención el sistema de propinas español, que permite mantener los sueldos bajos, y redoblar el servilismo al amo. Sr Mendoza, este sistema está aún vigente...

Hemos avanzado en este tema. En otros paises está estipulado un tanto por ciento, incluso, en que se incluye la propina, pero en España no. La decisión es libre; es un acuerdo no escrito, pero se actúa con libertad, para dar o no, y la cantidad

 

El punto final de cualquier escrito es algo simbólico, porque queda una huella indeleble en el ánimo del escritor. ¿Con qué ánimo ha puesto Eduardo Mendoza el punto final a "Riña de gatos. Madrid 1936"? ¿Qué huella le ha dejado su paseo particular por el Madrid de la época?

Cuando pongo el punto final, el libro ya no me pertenece, y los personajes tampoco. El personaje descansa al fin. Les olvido. A este personaje le tenía cierto cariño, sí.

 

Como ya me pasó al leer "La Ciudad de los prodigios", hay una clara diferencia entre la manera de componer las imágenes o escenarios exteriores y las que transcurren en ambientes cerrados, utilizando para esta última un estilo más cercano al teatro...

Lo hago ex profeso, dando voz a los personajes para que actúen como lo harían en esa época, para que los veamos como haríamos con una foto en blanco y negro, o esas fotos antiguas en tono sepia.

Yo no sé cómo entonces una mujer se podía fijar en aquellos bigotes (y pinta con sus manos la línea de un imaginario bigote alargado y como sostenido en el aire), pero ellos tenían su éxito. Si no, nosotros no estaríamos aquí (utiliza una expresión de obviedad).

 

Eduardo Mendoza mira nervioso el reloj, y Alba me indica que tiene que irse, así que me digo "hazle ver que no quieres robarle más tiempo, corta y ¡ya!".

He llegado a varias conclusiones. Sigo admirando a Eduardo RinadegatosMendoza, y a partir de ahora comenzaré también a bucear por los mundos de Carmen Amoraga. Esta mañana he disfrutado, y no hace falta insistir en ello.

Otra conclusión es, que al no gustarme demasiado los saludos con besos (ni dejar yo ni que me dejen otros estampados los sellos labiales, esta costumbre española tan poco higiénica) y preferir el abrazo o un apretón de manos cariñoso, me alegro de que nadie haya dado pie a traspasar esa frontera. Por esta zona no suelen ser besucones. Manías que importé de Alemania. Total, yo les voy a querer lo mismo.

Y para terminar, compruebo que hoy tengo en común al menos tres cosas con Eduardo Mendoza. Ni la manera de escribir, ni la oratoria, ni el temple, para mi desgracia:

Eduardo Mendoza comenta que una tendinitis le ha impedido dormir, y yo todavía no he dormido, entre una cosa y otra.

Eduardo Mendoza toma el café con unas gotitas de leche; mire usted, otra casualidad. El que no se conforma es porque no quiere, dicen.

Y por último, teme que cuando de un mordisco al bocadillo será cuando salte el flash de la cámara. A mí no hay más que verme la cara, la tristeza de mis pelos y la sonrisa de circunstancia para entender que yo tampoco disfruto dejándome fotografiar, en general.

El día no ha terminado para Eduardo Mendoza y Carmen Amoraga. Les quedan todavía las firmas de libros por la tarde, en un conocido centro comercial.

Y ahora resuelvo el enigma de la grabadora. En efecto, se paró sola. Acostumbro a pasar a papel o repasar lo aprendido dentro de las cinco horas posteriores al momento en que se aprendió. Dicen los entendidos que es la manera de fijarlo en la memoria. Una de mis manías me ha salvado la vida. Buenas tardes.

 

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