Anika entre libros

Entrevista a Cristina Peri Rossi por "Habitación de hotel"

"Creo que hay dos facultades específicas que hacen al buen escritor: su capacidad de ponerse en el lugar del otro y su sensibilidad, su oído hacia la lengua en la que escribe"

Firma: Manel Haro / Fotos: Web oficial de la Autora / Abril 2007

 

Cristina Peri Rossi ha escrito casi de todo. Nació en Uruguay pero debido a la dictadura que sufrió su país, se vino a España. Aquí encontró otra dictadura y se marchó a París. Finalmente regreso a Barcelona, donde reside actualmente.

Ha publicado una larga lista de libros de poesía, novelas, cuentos, ensayos… En 2007 se ha publicado "Habitación de hotel" en Plaza & Janés, que ha obtenido el Premio Ciudad de Torrevieja, y "Cuentos reunidos" en Lumen. Hablamos con ella para Anika Entre Libros.

 

 

ENTREVISTA

 

Cristina, has escrito cuentos, poesía, novela, ensayo… En poco tiempo han aparecido un volumen con tus cuentos completos y un poemario. ¿Te sientes igual de cómoda en la narrativa que en la poesía?

Escribo en todos los géneros, depende de lo que quiera decir y de cómo lo quiera decir. Hace unos años, por ejemplo, publiqué un libro de poemas eróticos muy lírico: Babel bárbara, enseguida una novela sobre el delirio amoroso, muy intimista (Solitario de amor) y después, un ensayo sobre las fantasías eróticas, con ese título, precisamente. Eran libros individuales, pero en el conjunto de mi obra (y yo siempre tengo en cuenta mi obra completa) eran complementarios.

 

Precisamente el poemario ha recibido el Premio de Poesía Ciudad de Torrevieja. ¿Qué se siente cuando después de tantos años de dedicación a una le siguen cayendo premios?

Yo me presento a algún premio -a pocos, en verdad- sólo cuando necesito dinero. Y he recibido algunos de los cuales me siento muy orgullosa que no tenían dotación económica. Por ejemplo, el premio Don Quijote, del 2005, concedido por votación secreta por los escritores de la Asociación de Escritores de España, por mi libro de poemas Estrategias del deseo.

 

¿Es difícil sorprender o despuntar en la poesía actual?

La buena poesía siempre sorprende por su emoción y su eficacia (decir mucho en pocas palabras). No sorprende la poesía convencional, trillada.

 

Entremos al poemario. Algunas partes de "Habitación de hotel" se presentan como un cuadro de Hopper. Pero las imágenes de Hopper no entran por primera vez en tu poesía. En otros poemarios, por ejemplo en "Estrategias del deseo", hemos podido percibir a esa mujer, al yo poético, en actitud de espera, de recogimiento, en balcones, en bares...

Fui la primera escritora en España que publicó un libro cuya portada era un cuadro de Hopper. Eso ocurrió hace muchos años; fue en l983, con el libro de relatos El museo de los esfuerzos inútiles, que tuvo tres ediciones. El cuadro era Oficina en Nueva York, de Hopper, de l962. La portada la elegí yo, porque entonces, en Seix Barral, me dejaban elegir las portadas de mis libros. Casi siempre, cuando escribo uno de mis libros, pienso en la portada ideal, y he tenido la suerte de que mis editores suelen aceptarla. Entonces, en 1983, debo decir que Hopper era un gran desconocido en España. Recuerdo que encargué a un amigo que iba a Nueva York que me trajera un libro con reproducciones de sus cuadros. El amigo era el editor Mario Muchnik y me lo trajo de regalo.

Pero la pintura ha sido una gran fuente de inspiración para mí, he encontrado en algunos pintores como Hopper, como Richard Estes o Bacon algunos sentimientos y emociones como los míos. Y como los de mucha gente. El arte no serviría para nada si no encontráramos en él un eco de algunas de nuestras propias vivencias, sueños o deseos. Mi libro de poemas Las musas inquietantes (el único no incluido en Poesía reunida, por la dificultad de reproducir los cuadros en un volumen que ya tenía casi mil páginas) fue llamado por Rafael Argullol "una pinacoteca generacional". No escribí sólo sobre mis cuadros favoritos, sino sobre aquellos que me parecían más literarios. Hay muchos poemas dedicados a cuadros de Canaletto, Guardi, Magritte, Bacon, y creo que uno solo a Hopper.

 

En nuestra web han pasado ya tres poetas que se sienten auténticos admiradores de la obra de Hopper. ¿Quizá en la obra de Hopper haya más poesía en lo que imaginamos -intuimos- que en lo que vemos?

Hopper es un gran pintor (pude ver algunos de sus cuadros en N. York y más recientemente en una exposición múltiple en Madrid) que expresa el sentimiento más contemporáneo: la soledad de las grandes ciudades, su fascinación y su dolor. Pero también ha pintado paisajes rurales, marinas, hasta perros. No vemos lo que hay, sino que proyectamos en lo que vemos lo que llevamos adentro. No sé si Hopper quería retratar la soledad de las grandes urbes, pero sé que nosotros vemos eso en sus cuadros.

 

Los viajes en avión, las salas de espera en aeropuertos… Ahora volar es más fácil y asequible, en "Habitación de hotel" lo dices. ¿Ha cambiado para ti la sensación de espera o de divagar en los aeropuertos y en los aviones?

Sí, ha cambiado, lo digo en algunos de los poemas de Habitación de hotel. Ahora los aeropuertos están llenos de turistas con mochilas; el vuelo en avión se ha popularizado, hay vuelos charter, la gente se desplaza en esas latas de sardina con facilidad y con resignación; hay poco espacio, casi siempre tenemos que cristinaperirossicompartirlo con equipos de basket o voleibol llenos de machos muy hormonados que huelen a sudor y a testosterona o con chicos de instituto que llevan el aparatito de música enchufados al oído como una ortopedia. Se ha perdido la poesía del viaje en avión, que era, cómo no, nostalgia y soledad.

 

La poesía urbana cada vez tiene más adeptos, ¿a qué crees que se debe esto?

A que la gente prefiere vivir en las grandes ciudades. El éxodo rural empezó en el siglo XIX. La gran poesía del siglo XIX también fue urbana: Baudelaire, Rimbaud, Walt Whitman. La ciudad es ambivalente: nos da la ilusión de una gran comunicación, pero al mismo tiempo, nos aisla, nos separa, nos vuelve anónimos.

Baudelaire fue el gran poeta de la ciudad moderna y en el siglo XX la línea fue seguida por otros poetas. Pero no es la única. En lengua castellana, que es la mía, y la que amo, tardó mucho tiempo en aparecer una gran poesía urbana, porque la lírica seguía emparentada con lo bucólico y con lo sentimental. En Vallejo ya comienza a sentirse la presencia de la ciudad, pero en la poesía de Neruda, en cambio, siendo tan completa, tan difícil de abarcar, tan sonora y metafórica, el sentimiento de la gran urbe suele estar ausente.

 

¿Entonces crees que se viven ahora más las ciudades que antes?

Las ciudades se transforman rapidísimamente, de una manera demasiado veloz, diría yo, porque entonces, pierden historia. Es difícil encontrar en Barcelona, por ejemplo, las cafeterías que había cuando llegué, en l972, y entonces los lugares pierden esa calidad sacra (en el sentido laico de la palabra) que nos permite adueñarnos de ellas, convertirlas en parte de nuestra biografía. Ahora es casi imposible pasear y encontrar las calles iguales, o sitios que evoquen fragmentos de nuestro pasado en ciudades que cambian tan rápidamente. Es un escenario móvil, y la poesía tiende a fijar, a hacer perenne lo pasajero.

 

Las palabras, el abecedario, el léxico, las vocales, las consonantes… están presentes en "Habitación de hotel", pero también en algún poemario anterior. ¿Pueden apresar las palabras toda la fuerza que uno siente o crees que las palabras liman nuestras emociones?

Las palabras y las cosas no son lo mismo, de manera que la palabra tristeza no es el sentimiento de tristeza, pero lo evoca. En un libro inédito de poemas que publicaré algún día, digo, como aforismo: la palabra no designa, sugiere. Si digo "estoy angustiada", le transmito a mi lector o a mi oyente una información, pero la emoción se comunica también a través de otros medios, no debemos olvidarnos: hay gestos de angustia, como hay gestos de ternura. En todo caso, creo que en la buena poesía las palabras recuperan algo de su poder de revelación primitivo.

 

Vaya, eso me recuerda a algún cuadro de Magritte. Cristina, tengo la sensación de que precisamente el tema de las palabras y demás que comentábamos antes aparecen aquí como homenaje a la lengua española.

Siento un gran amor por la lengua española, con toda su diversidad; en España se dice grifo y en Uruguay canilla, y esto la enriquece enormemente. Me gusta cómo suena el castellano, me gusta cómo construye y estoy tan pegada a mi lengua que me resulta difícil hablar otra, aunque puedo leer algunas que no son la mía, siempre de origen latino.

Nunca entendí cómo Borges despreciaba el castellano y prefería el inglés; mejor dicho: lo entiendo desde el sentimiento de inferioridad de un colonizado. Borges quería ser inglés y escribió un castellano muy anglófilo, quizás por eso es un escritor al que considero sobreestimado. En cambio, Cervantes, o García Márquez gozan con el castellano y nos transmiten ese placer.

 

Teniendo en cuenta que eres una mujer que ha viajado mucho, ¿tu poesía pertenece a cada una de esas ciudades en las que has estado o es más afín al paisaje urbano de Barcelona?

Uno de mis libros de poemas recogido en Poesía reunida ("Europa después de la lluvia" está dedicado casi exclusivamente a recrear poéticamente la ciudad de Berlín, en la época del muro, que es cuando yo viví algunos meses en ella. Pero no suelo hablar de las ciudades modernas en particular, sino de "la ciudad" como urbe, como símbolo de la vida contemporánea. Creo que soy una de las escritoras mujeres más contemporáneas, a pesar de que ya no soy tan joven.

 

Dices "una vez perdí una guerra, perdí un país, perdí una casa…". ¿Se acaba uno/a de reponer de un exilio (dos en tu caso)?

De las pérdidas una no se repone nunca; las transforma el paso del tiempo. Se llora lo perdido, hasta que la nueva realidad nos permite gozar otra vez. Hay un refrán que dice: Si lloras por la ausencia de la luna no podrás ver las estrellas. cristinaperirossi1Hay que saber encajar las pérdidas como el coste que nos impone la vida, para ser más intensa. Quien nunca ha perdido nada tampoco ha ganado nada. Yo soy muy jugadora, soy adicta a casi todos los juegos, y sé que para ganar, hay que perder.

 

La noche es otro de los grandes temas del poemario. Supongo que eres de esas personas que se activan cuando el sol se pone.

La noche siempre me ha gustado, me ha estimulado, me ha hecho sentir muy viva. Detesto el sol, el verano, la luz, quizás por mi constitución genética: nací casi albina, o sea, el sol me hacía daño y me lo sigue haciendo. Además, la noche es la hora en que me siento más libre, más soñadora. Soy ave nocturna, como dice mi madre. Hay menos gente por las calles, un poco más de silencio y el juego de luces nocturnas nos permite ocultar los aspectos más siniestros de la realidad. Aunque hay, también, noches siniestras, las noches de los solitarios, de los drogatas, de las prostitutas apaleadas, de las mujeres que saben que recibirán palizas de sus hombres borrachos o ensoberbecidos.

 

¿Por qué apuestas por un estilo tan directo en tu poesía?

Depende de lo que quiero expresar. Si quiero decir: amo la noche, su densidad, no encuentro mejor manera de decirlo que de esa forma directa. En cambio, tengo libros de poemas completamente líricos, llenos de metáforas y de alegorías: Descripción de un naufragio, Europa después de la lluvia o Babel bárbara. El estilo no es el hombre, el estilo son todos los hombres y mujeres que me habitan, y hay una Cristina Peri Rossi muy lírica, muy metafórica, otra muy analítica, otra muy romántica, otra irónica, una muy sensual, otra metafísica, una sentimental y otra racional. Quiero expresarlas a todas, no a una sola.

 

En su día se hizo tu poesía reunida y ahora tus cuentos reunidos, ambos en Lumen. ¿Hay algún cuento al que tengas especial cariño por alguna razón concreta?

Cuando tuve que "armar" el libro Cuentos reunidos (no están todos los cuentos, por un problema de tamaño: el libro hubiera tenido casi 1600 páginas) y los leí, tuve ganas de volver a escribirlos todos, otra vez, exactamente igual. No cambié ni un punto, ni una coma, ni una palabra. Como el personaje de Borges, Pierre Menard, que quiere escribir Don Quijote de la Mancha, pero sin cambiar una línea. Es más, tuve una pequeña crisis depresiva: comprendí, terriblemente, que estaban escritos definitivamente, que ya no volvería a sentirlos ni a escribirlos, quiere decir que había pasado mucha vida, mucho tiempo de mi vida, aunque fueran contemporáneos, como escritos ayer. Contra esa depresión, queda la esperanza de escribir otros.

Pero hay uno que me estremece especialmente. Se trata del cuento La rebelión de los niños, del libro del mismo título. Relata la sospecha que tiene el niño que narra la historia de no pertenecer a la familia, de ser hijo de padres asesinados por la represión militar. Entonces, cuando lo escribí, en Uruguay, en el año 1971, todavía no se había producido ningún secuestro de niños. Fue una premonición. Imaginé que los militares iban a secuestrar a mucha gente, entre esa gente habría mujeres embarazadas y que las matarían, después de parir, pero que entregarían los niños a "buenas familias", para que los adoptaran. Me horroricé y escribí ese relato que es uno de los más terribles que he escrito en mi vida. Cuando la realidad confirmó mi sospecha, me sentí muy mal, me sentí culpable de haber imaginado tal horror. Pero recordé que Kafka había escrito que la literatura es, a veces, un reloj que adelanta. Me sentí menos culpable cuando me di cuenta de que yo había utilizado uno de los recursos más característicos de un buen escritor: colocarse en el lugar del otro. Yo me había colocado en el lugar de los militares y había imaginado qué iban a hacer. Pero podía imaginar también lo que sentirían los niños con esa sospecha.

Creo que hay dos facultades específicas que hacen al buen escritor: su capacidad de ponerse en el lugar del otro (hace pocos días leí que un novelista español decía que él no podía ponerse en el lugar de una mujer y recordé a Flaubert, que dijo: Madame Bovary soy yo) y su sensibilidad, su oído hacia la lengua en la que escribe. Sin ese oído, no hay escritor que valga, son cronistas.

  

Pues, Cristina, nos quedamos con esto último. Muchas gracias por tu tiempo.

Gracias a ti, Manel.

 

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