Anika entre libros

Entrevista a Alfonso Mateo-Sagasta por "Caminarás con el sol"

"Lo que yo he encontrado ha sido mucha diversión, he disfrutado muchísimo, pensando en cómo sería Gonzalo Guerrero, en si dolerían las escarificaciones y los tatuajes, en los cambios que atraviesa. Lleva con orgullo su historia en la cara y eso me emociona"

Firma y fotos: Pilar Alonso Márquez / Abril 2011

 

Autor de El olor de las especias (2003), Ladrones de tinta (2004), El gabinete de las maravillas (2006) o Las caras del tigre (2009), este licenciado en Geografía e Historia acaba de ganar el III Premio CajaGranada de Novela Histórica con su novela Caminarás con el sol (2011), la apasionante historia de Gonzalo Guerrero.

Alfonso Mateo-Sagasta nos recibió en su hotel y charlamos largo y tendido sobre la obra galardonada y sobre la conquista del Nuevo Mundo. Una conversación tan fascinante como su último libro.

 

ENTREVISTA

Tu novela ha sido la ganadora del III Premio de Novela Histórica CajaGranada ¿Qué representa para ti ganar un certamen de tanta repercusión?

Sienta genial. Yo me considero un escritor lento, tardo entre dos y tres años en sacar nuevo libro, y en el proceso sientes una soledad tremenda. Es un esfuerzo que no sabes cómo va a resultar, ni quién lo va a leer al final. Un premio como el Caja Granada representa una reafirmación del trabajo que has estado haciendo, un espaldarazo caminarasconelsol-portadaimportante y una visibilidad que de otra manera es muy complicado conseguir

 

¿Cómo surge la idea de escribir esta novela?

Caminarás con el sol surge de una tertulia nocturna en la Semana Negra de Gijón con Rafa Marín y Juan Miguel Aguilera, a quienes está dedicado el libro. Ellos habían escrito primero un guión de cine sobre Gonzalo Guerrero que no prosperó, y trataron de escribir una novela a cuatro manos, pero no habían terminado de ponerse de acuerdo en cómo orientarla y el proyecto estaba parado. Yo les dije que me parecía una historia fantástica y que tenían que terminarla y ellos me propusieron que la escribiera yo. Fui dándole vueltas a la historia y ese verano cogí las Crónicas de Indias de Bernal Díaz del Castillo, que es quien más habla sobre Gonzalo Guerrero.

 

Parece que Gonzalo Guerrero fue un personaje real ¿es así?

Es un personaje que está en las Crónicas, que se sabe que existió, pero poco más, y eso te proporciona una libertad absoluta a la hora de escribir. Lo que yo cuento en la novela es pura ficción, con ese paisaje real del mundo maya tardío. Lo que pasó en esos seis años desde que fue capturado como esclavo en las costas de Yucatán hasta que se convirtió en capitán de guerra maya nadie lo sabe.

 

El proceso de documentación, ¿ha resultado muy arduo?

Hay bastantes referencias a él en las Crónicas, aunque siempre parece hablar por boca de Jerónimo de Aguilar. Hay distintas versiones más o menos demonizando a los indios y muchas de ellas elevando al mismo Jerónimo de Aguilar casi a la altura de un santo, en contraposición a Gonzalo Guerrero, el traidor, de quien se decía que seguramente era hereje, o tal vez medio judío, un miserable de baja casta…

 

¿Hubo algún otro como él o con una trayectoria similar?

Hernán Cortés, en la primera Carta de Relación, que se perdió y que conocemos por citas o referencias, dice que había más hombres como Guerrero desperdigados por aquellas tierras, pero no se sabe más de ellos.

Alvar Núñez, Cabeza de Vaca es otro personaje increíble. También naufraga, se salva gracias a los nativos, también se mete en una tribu, de la que llega a ser chamán, tuvo también una vida increíble, y además escribe su propia crónica.

Hay varios casos más, pero todos están deseando regresar a su país, excepto Gonzalo. Creo que en ese sentido es determinante que estuviera casado y tuviera hijos. Ni siquiera se plantea volver, aquella se convierte en su casa, en su patria. Jerónimo de Aguilar, en dos crónicas distintas, decía que no volvía por vergüenza, porque llevaba el rostro tatuado y lleno de escarificaciones

 

¿Qué piensas de Gonzalo Guerrero? ¿Héroe o traidor?

Para mí es un héroe y yo creo que el lector se identifica con Gonzalo Guerrero, pero en su época era el gran traidor. La historia se construye con la sociedad que está viviendo, y aunque para nosotros ahora la diversidad cultural y étnica nos parece enriquecedora, en aquella época no era así. Yo vivo con este personaje como un héroe, porque ve el mundo como a mí me gustaría que se viera el mundo. Y es un héroe en México, donde hay varias estatuas suyas que le honran, aunque para nosotros fuese en otro tiempo un traidor.

 

Gonzalo Guerrero parece adaptarse muy bien y muy pronto a su nueva vida entre los mayas. No llevaba allí ni un año y ya era un hombre libre y un guerrero. ¿A qué crees que se debió una adaptación tan rápida y tan completa?

He tratado de narrar la progresión social de Gonzalo Guerrero dentro del mundo maya. Es capitán de guerra cuando llegan los españoles, pero para llegar a esa posición, partiendo de ser esclavo, pasa por un proceso dentro del conflictivo mundo indígena, y eso es lo que intento plasmar, cómo llega de uno a otro punto y qué puede aportar a una sociedad india en guerra permanente

Los episodios crueles de los españoles hacia los indios que he incluido son verídicos, figuran en las Crónicas, como el hecho de desmembrar a los niños y dárselos de comer a los perros para amedrentar a los demás o apuñalarlos si no eran capaces de seguir a sus madres. Para entender el cambio de este hombre, de cómo pasa de esclavo a capitán de guerra maya, de cómo asimila eso, de cómo asimila llegar a un sitio desconocido, donde le capturan unos tipos que no sabe quiénes son y ver cómo le abren el pecho a sus compañeros para arrancarles el corazón y luego mateosagasta1comérselos… eso no hay quien lo asimile a no ser que sea también una bestia y pueda ser capaz de entenderlo o de incorporarlo a su forma de ser.

Para hacer comprensible su capacidad de aceptación de esa violencia, he tratado de describir de dónde viene ese hombre, por eso al inicio se hace hincapié en su infancia. Él crece viendo las guerras de Granada, se educa en las almadrabas, que en aquel momento es como la escuela de los matones, de ahí pasa a Nápoles, que es donde se curte como soldado y como hombre, y luego viaja al Nuevo Mundo, donde su actuación es considerada normal: llegar a un aldea y justificar el apresamiento de indios bajo la excusa de desobediencia. Él participa en todo eso y se beneficia. En las cuerdas de esclavos, por ejemplo, cuando uno se moría, en lugar de desatarlo, que resultaba más entretenido, se le cortaba la cabeza y se continuaba la marcha. Para un hombre que hace eso y que lo ve normal, no resulta tan complicado asimilar que le saquen el corazón a sus compañeros. Es un shock, pero no tanto como cabría suponer.

De todos modos, su proceso de integración tiene mucho que ver con su necesidad de sobrevivir, y para ello debe adaptarse: aprender o morir. Y cuando toma esa decisión es cuando empieza a distanciarse de sus otros compañeros.

 

Entre las once personas que llegaron a la costa había dos mujeres. De todos los personajes se sabe qué ocurrió excepto de ellas.

En todas las Crónicas aparecen esas dos mujeres, que iban ciertamente en el barco. Jerónimo de Aguilar dice que murieron porque las hacían moler. Seguramente las pusieron a trabajar y fallecieron de agotamiento o a causa de alguna enfermedad.

 

En la novela comentas que el joven rey, Taxmar, llevaba adornos de pieles de serpientes de cascabel y de papel, un material que aparece en otros momentos, incluso en forma de libros. ¿Qué tipo de papel era?

Las pieles de serpiente, que no son típicas de aquella zona, seguramente provenían del comercio con otras tribus, muy activo por cierto. En cuanto al papel era bastante similar al nuestro y lo fabricaban con corteza de árbol. Primero hacían una pulpa y luego la enjalbegaban con cal y quedaba una superficie lisa sobre la que pintaban. Se utilizaba para empapar la sangre y era un producto muy habitual. Había unas bibliotecas espectaculares, no con libros como los nuestros, sino más bien como una especie de acordeón que se desplegaba. Y también se usaba mucho en los tocados, algunos de ellos espectaculares.

 

El dominico fray Antonio de Montesinos parece que fue el primero en denunciar el trato otorgado a los indios que más tarde adoptaría fray Bartolomé de las Casas. ¿Era una postura común entre los miembros de su orden?

Fray Antonio de Montesinos es un gran personaje, aunque no se sabe si había otros que pensaban como él. Seguramente crearía escuela y tendría seguidores.

Esa es otra faceta de la conquista española, esa discusión teórica entre lo que es justo y lo que no lo es y qué hay que hacer. Montesinos es el portavoz de una corriente de pensamiento, no es un hombre aislado, aunque había muchos más en el otro bando, por supuesto.

 

Entre los mayas, a los hijos de familias principales se les achataba la frente y se les provocaba el estrabismo desde la cuna, para que así fueran más hermosos. ¿A qué crees que era debida esa práctica? ¿Era común entre todas las tribus mayas o sólo característica de los chontal?

No queda claro en las fuentes, pero yo lo he diferenciado para la novela. Les colocaban unas tablillas a ambos lados de la cabeza, se las ataban y crecían con ellas, y así conseguían esa forma apepinada. Con respecto a los ojos bizcos, se les colgaba de la frente una bolita de resina para que fijaran la vista en ella. Y además se tallaban los dientes en forma de T, donde a veces se incrustaban oro o jade. Así obtenían ese aspecto, que era considerado muy atractivo.

 

¿Era frecuente dirimir enemistades gracias a un juego de pelota, como sucede en la novela?

No está claro cómo era el juego de pelota, hay mil versiones. Se supone que era un ritual grave, en el que se celebraba la muerte de los dioses y es posible que se dirimieran asuntos a través del juego. No está clara cuál era la finalidad ni a quién sacrificaban, aunque sí se sabe que al menos a uno, por decapitación, pero se desconoce si era al que ganaba (como un alto honor) o al que perdía. Según la religión maya, lo lógico sería que fuese el vencedor, el más fuerte, el afortunado, pero cuesta comprender cómo conseguir convencer a un hombre para que gane y lo maten. De hecho en el mundo maya los sacrificados son los que tienen suerte: los muertos en el altar, los muertos en combate y las mujeres muertas de parto (a la que se consideraba caídas en combate).

 

¿Qué esperas que el lector encuentre en tu novela? ¿Qué has encontrado tú?

Esa inquietud que has mostrado tú, esa nueva visión del mundo, una utopía compartible y deseable. Pero también una historia de aventuras de las que leíamos cuando éramos niños sobre descubrir mundos increíbles.

Lo que yo he encontrado ha sido mucha diversión, he disfrutado muchísimo, pensando en cómo sería Gonzalo Guerrero, en si dolerían las escarificaciones y los tatuajes, en los cambios que atraviesa. Lleva con orgullo su historia en la cara y eso me emociona.

 

¿Y ahora qué? ¿Estás trabajando en algo nuevo?

Ahora estoy metido en otra historia de Isidoro de Montemayor, un personaje que creé para mi novela Ladrones de tinta y que volví a utilizar en El gabinete de las maravillas, ambientadas ambas en el siglo XVII, y con el que escribo muy cómodo. Caminarás con el sol es una novela más seria, sin sentido del humor, y yo habitualmente escribo con mucha ironía, me río mucho escribiendo, y el personaje de Isidoro de Montemayor me lo permite.

 

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