Anika entre libros

El ratón que comía gatos

Ficha realizada por: Anika Lillo
El ratón que comía gatos

Título: El ratón que comía gatos
Título Original: (Il topo che mangiava i gatti, 1981)
Autores: Emilio Urberuaga, Gianni Rodari
Editorial: SM


Copyright:

© Maria Ferretti Rodari y Paola Rodari, 1981

© Ilustraciones de Emilio Urberuaga, 2013

© Ediciones SM, 2014

Traducción: Carla Balzaretti
Ilustraciones: Color
Edición: 1ª Edición: 2014
ISBN: 9788467552485
Tapa: Dura
Etiquetas: álbumes ilustrados, animales, gatos, literatura italiana, 4 años, 5 años, 6 años, 7 años, 8 años, 9 años, literatura infantil, ratones
Nº de páginas: 32

Argumento:

Un ratón de biblioteca visita a sus primos, simples ratones de barrio, y les cuenta que él come gatos, perros, rinocerontes y lo que quiera. Cuando le preguntan, les dice que saben a papel y tinta. Pero no sólo los ratones están escuchando: un enorme gato aparece de pronto y le hace ver que él es de "verdad".

 

Opinión:

 

Libro de gran formato, editado en tapa dura y a todo color, que contiene un cuento de uno de los mejores cuentistas infantiles italianos contemporáneos (Gianni Rodari, 1920-1980) y las ilustraciones de un gran mago de los colores (Emilio Urberuaga, ganador del Premio Nacional de Ilustración en 2011).

En esta historia el ratón de biblioteca demuestra todo lo que sabe gracias a la literatura, porque sí, porque él es un ratón de biblioteca, y ya sabemos que los ratones muerden lo que se les pone por delante, especialmente libretas, libros y muñecos, si se encuentran en un sótano o un almacén, si no hay comida que les atraiga. El problema es que una cosa es conocer o saber, y otra ser sabio. A este ratoncito le falta sabiduría. Puede presumir antes sus primos que ha comido gatos, perros y hasta princesas, pero cuando se le pone delante un gato de verdad no sabe reaccionar.

Me encanta. Yo siempre digo que las neuronas están para utilizarse -y se lo recuerdo a mis hijos porque creo que es importante que piensen-, y saber mucho está muy bien, pero también hay que tener los pies en el suelo, saber escuchar, y tener experiencia (propia o ajena) para dirigirse bien (o lo mejor posible) por la vida.

Por la historia que cuenta, y por su sentido, podría estar bien leérselo a niños de cuatro años en adelante, hasta los de nueve aproximadamente (en este caso que se lo lean ellos y entiendan la metáfora por su cuenta, sería lo ideal)

Anika Lillo

 

 

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