Anika entre libros

El palacio de Liria

Ficha realizada por: Anika Lillo
El palacio de Liria

Título: El palacio de Liria
Título Original: (El palacio de Liria, 2012)
Autores: Javier Salas, Carlos Sambricio, Fernando Checa, Jacobo Siruela, José Manuel Calderón, José Francisco Yvars, Mónica Luengo
Editorial: Atalanta


Copyright:

© Textos de Jacobo Siruela, Carlos Sambricio, Mónica Luengo, Fernando Checa, José Manuel Calderón & José Francisco Yvars

© Fotografías de Javier Salas

© Ediciones Atalanta, S. L.

Ilustraciones: Color
Edición: 1ª Edición: Diciembre 2012
ISBN: 9788493963583
Tapa: Dura
Etiquetas: arquitectura, arte, biografía, divulgación, contemporánea, edad media, escultura, historia de España, libro para regalar, libros ilustrados, literatura española, pintura, aristocracia
Nº de páginas: 328

Argumento:

El Palacio de Liria es, después del Palacio Real, el edificio particular de Madrid más importante del siglo XVIII. Su arquitectura introduce en la ciudad el nuevo gusto neoclásico, que, si bien había sido inaugurado en España por el Palacio de Oriente y La Granja, en Liria tiene una impronta cercana a los debates estilísticos parisinos de la época. El palacio fue concluido en 1785; dos años después, William Beckford lo elogia como "el más esplédido de Madrid". Pero al margen de su excelencia arquitectónica, lo que realza verdaderamente un palacio es la colección artística que alberga, y sus gruesos muros de granito custodian desde hace siglos una notable colección de cuadros de las escuelas italianas, flamenca y española -Fra Angelico, Palma el Viejo, Tiziano, Guido Reni, Rembrandt, Rubens, Brueghel de Velours, Ribera, Murillo, Velázquez, etcétera-, a la que hay que añadir sus valiosos fondos documentales, como los diarios de a bordo de Cristóbal Colón o el testamento autógrafo de Felipe II, y los libros, como la Biblia miniada del siglo XV. Un enorme legado patrimonial con más de seis siglos de historia. Con todo, hasta ahora no existía ninguna publicación sobre el palacio. La presente edición viene a subsanar esta laguna bibliográfica y ofrece, junto a una rica documentación visual sobre la arquitectura, el jardín, los cuadros, tapices, libros y manuscritos del palacio, una solvente y completa investigación conjunta a cargo de un selecto grupo de historiadores del arte, que no hace sino afirmar el carácter fundacional de esta obra para futuras investigaciones.

(argumento editorial)

 

Opinión:

 

Este es uno de esos libros sin edad, que no necesita llevar la palabra "novedad" para llamar la atención ni para ser adquirido o leído. No necesita fecha. Tampoco es un libro barato, pero cuando lo tienes en tus manos entiendes por qué: es un lujo. En formato grande, encuadernado en tapa dura, su peso es equivalente a la calidad de las imágenes a pesar de que las páginas no son satinadas, no tienen brillo, y por tanto es más fácil observar cada detalle porque no hay espacios que deslumbren. Y de detalles están llenas las imágenes.

La primera sorpresa me la llevé al descubrir que en portada estaba la duquesa de Alba. Yo sólo veía el palacio de Liria, pero efectivamente, ahí estaba ella llevando un coche de caballos. Otra sorpresa ha sido encontrar a más Albas que no provienen de la edad media, como Luis Martínez de Irujo, XVIII duque de Alba, porque estamos tan acostumbrados a conocer a la familia más contemporánea a través de la televisión y la prensa rosa que parece que la familia se reduzca a los que vemos ahora, y muchos, como yo, verán por primera vez al padre de los hijos de Cayetana Fitz-James Stuart, un tipo apuesto de aspecto simpático. Para remediar este desconocimiento popular, Jacobo Siruela, uno de sus hijos y editor de este mismo libro, encargado también de escribir el apartado "Familia", hace una pequeña semblanza de su padre. Pero el recorrido familiar viene desde muy lejos y Jacobo Siruela hace un trabajo estupendo en este viaje al pasado, dándonos a conocer su árbol genealógico con detalles importantes y semblanzas varias. Eso sí, se repiten tantos nombres que una puede marearse tratando de diferenciar unos de otros, y es que la costumbre que tienen algunas personas -la gran mayoría, diría- de repetir los nombres en la familia (no, yo no lo he hecho) provoca que en briografías grupales familiares como estas no consiga retener una tanta información. Tampoco es importante. El libro no versa sólo sobre la familia.

Otra parte importante de "El palacio de Liria" es la arquitectura. Si antes veíamos fotografías de la familia -la mayoría de las ocasiones fotografías de los retratos porque muchos venían de la edad media- en esta ocasión las veremos sobre el palacio, e incluyen planos arquitectónicos e Historia. De este apartado se ocupa Carlos Sambricio. Y del jardín se ocupa Mónica Luengo. En este caso mucha de la información aportada viene con un índice final de notas a pie de página recogidas en treinta y ocho notas.

Y como era lógico pensar, la Pinacoteca, apartado escrito por Fernando Checa, tiene una relevancia importante. Tapices, esculturas, pinturas, muebles y cualquier objeto artístico es aquí protagonista. Se nota el gusto de la familia por la pintura, pero qué cara se me ha quedado al ver la pintura "Virgen con el Niño" de Andrea del Sartro (siglo XVI)… qué repelús, qué cosa tan fea. Esta es, obviamente, una opinión muy personal pero creo que me provocaría más pesadillas que cualquiera de las imágenes tortuosas e infernales del Bosco.

Sigue el libro con el apartado dedicado a la biblioteca y el archivo, texto del que se ocupa José Manuel Calderón. Incunables, legajos de Cristóbal Colón en vitrinas, o curiosidades como una Biblia de la Casa de Alba del siglo XV, se dan lugar aquí, pero este es el apartado más pequeño del libro.

Continúa "El palacio de Liria" con un repaso memorístico escrito por José Francisco Yvars, dedicado a la parte histórica -aunque reducida- relativa al aspecto artístico, en el que vemos en imágenes antiguas salones, habitaciones, despachos, comedores, capillas e incluso el baño de la XVII duquesa de Alba. Este da paso al apartado "Salones", con un conjunto de fotografías de Javier Salas, ya en color, donde te puedes perder en los detalles. Creo que si hiciera una visita al Palacio de Liria necesitaría meses para disfrutar de cada detalle. Es impresionante. Desde las alfombras, a los tapices, los techos incluso, los silllones y sofás, las lámparas, los objetos artísticos y hasta las paredes, todo está lleno de detalles. Recargado, dirían algunos, y lo es para la época del minimalismo, pero también es en sí misma una obra de arte en su conjunto.

Una nota frívola: después de ver una de las fotografías de Salas realizadas de una habitación, a una mesa -que por cierto es maravillosa- llena de objetos pequeñitos -de hecho casi no se ve la mesa- una se asusta pensando ¿quién limpiará allí el polvo? Luego sigues pasando páginas y te das cuenta de que necesitan un regimiento para tan ardua labor.

"El palacio de Liria" es un lujo digno de leerse y disfrutarse, pero entrar en el mismo palacio debe ser como vivir una experiencia onírica.

Anika Lillo

 

 

Frases de esta opinión pueden utilizarse libremente en otros medios para promoción del libro, siempre que no se varíe y se mencionen al autor de la misma y al medio anikaentrelibros.com

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