Anika entre libros

El color de los ángeles

Ficha realizada por: Lidia Casado
El color de los ángeles

Título: El color de los ángeles
Título Original: (El color de los ángeles, 2017)
Autor: Eva Díaz Pérez
Editorial: Planeta
Colección: Autores Españoles e Iberoamericanos


Copyright:

© Eva Díaz Pérez, 2017

© Editorial Planeta, S.A., 2017

Edición: 1ª Edición: Mayo 2017
ISBN: 9788408171126
Tapa: Dura
Etiquetas: familia, ángeles, aprendizaje, arte, biografía novelada, religión, histórica, literatura española, novela, pintura, prostitución, pintores, siglo XVII, Sevilla, la peste, homosexualidad, prostitución masculina, fe y creencias, arcángeles, pintura religiosa, Murillo
Nº de páginas: 352

Argumento:

El reposo obligado, tras caerse de un andamio mientras pintaba, devuelve a la memoria del maestro pintor Murillo buena parte de las escenas de su vida. Así, mientras se recupera, el lector conocerá aspectos de su vida familiar, de su labor profesional, de su empeño por conseguir determinados colores o ademanes, su obsesión por captar las expresiones más adecuadas o las dudas sobre sus cuadros y la fe que en ellos se plasma.

 

Opinión:

 

Leer a Eva Díaz Pérez es como hacer un viaje. Un viaje en el espacio pero también en el tiempo. Y es que su capacidad para reproducir ambientes y escenas es maravillosa y, en este caso, logra realmente que el lector visite la casa, el taller y la ciudad en los que moró y trabajó Bartolomé Esteban Murillo, uno de los pintores españoles que mejor ha retratado la religiosidad, gracias, sobre todo, a sus ángeles y sus inmaculadas.

De ello se habla (y mucho) en la novela. Díaz Pérez ahonda no solo en la recreación o la reconstrucción de la vida del insigne pintor sevillano sino que también nos propone un acercamiento a su técnica y su mente. Así (y aprovechando la excusa del reposo del artista, tras caer de andamio, y de los recuerdos que el forzoso parón traen a su memoria), la autora nos va sacando y metiendo en la vida actual (enero de 1682, momento en el que se produce el accedente de un Murillo ya anciano) y en los sucesos de su pasado como si de un viaje a través de toda una época y toda una vida se tratara.

Conocemos de este modo a su familia, su mujer, sus hijos y el personal de la casa a los que acaba queriendo como uno más. Descubrimos sus pasiones, sus miedos y el dolor de haber perdido a tantos hijos. Y nos adentramos en la mente de un pintor genial, un artista que busca la precisión, el color exacto, la expresión más adecuada, la postura, el entorno y la invitación a sentir la religión a través de sus obras de la forma más minuciosa y rigurosa.

Díaz Pérez nos ofrece, pues, un retrato muy humano y completo de un pintor genial. Un retrato que no se queda en la mera descripción de sucesos, sino que es todo un fresco de la personalidad y el arte de un Murillo que no siempre estuvo seguro ni de su forma de pintar ni de si su obra lograba el objetivo buscado (mover a la religiosidad) o había en ella un puntito de vanidad e intento de sobrevivir a la muerte, duda que le asaltaba, sobre todo, cuando veía a su mujer buscando el rostro de sus hijos fallecidos pero retratados en forma de ángeles en los diferentes cuadros del pintor que adornaban las iglesias sevillanas.

Pero, como decía al principio, la autora no se queda en un vivo retrato de Murillo y su entorno sino que lo acompaña de un telón de fondo que es más que un mero decorado y que se convierte en otro de los grandes alicientes de esta novela. La Sevilla del siglo XVII queda aquí retratada con sus luces y sus sombras, su religiosidad y su beatería, su cara más oculta y rechazada (al menos en aquella época). Y también descubrimos en esta obra la Sevilla de la peste, la de los viajes a las Américas, la del arte y la de la decrepitud.

Y todo ello con una pluma, la de Eva Díaz Pérez, que en este caso más que pluma parece pincel. Y es que la autora se contagia de la minuciosidad de Murillo para ofrecernos una novela ágil, emotiva, melancólica y serena pero que es capaz de llenarse de emociones cuando la historia así lo requiere o de intriga, cuando la trama lleva (ya hacia el final de la obra) a Murillo a enfrentarse con personajes y escenarios que nunca hubiera querido conocer.

En este sentido (y no quiero decir mucho, para no estropear esta parte de la trama a nadie), no he podido evitar pensar en la ocultación, en la vergüenza, en el rechazo y en la visión retorcida de algo que hoy empezamos a ver como normal que se tenía en la época y en el mucho sufrimiento (y los muchos abusos) que tuvieron que pasar los implicados.

En definitiva, creo que Murillo se podría sentir feliz por recibir un regalo como este en el cuarto centenario de su nacimiento. Una obra profunda humana llena de arte y vida.

Lidia Casado

 

 

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