Anika entre libros

El cerebro de Andrew

Ficha realizada por: Carol Inabé Barba
El cerebro de Andrew

Título: El cerebro de Andrew
Título Original: (Andrew’s Brain, 2014)
Autor: E. L. Doctorow
Editorial: Miscelánea
Colección: Miscelánea Novela


Copyright:

© 2014, Miscelánea Editores

© 2014, E. L. Doctorow

© 2014, Roca Editorial de Libros, S. L.

Traducción: Isabel Ferrer y Carlos Milla
Edición: 1ª Edición: Septiembre 2014
ISBN: 9788499187648
Tapa: Blanda
Etiquetas: familia, ciencia, amor, duelo, muerte, Estados Unidos, psicología, literatura estadounidense, novela, novela corta, pensamiento, paternidad, cerebro, matrimonio, neurociencia, parejas
Nº de páginas: 174

Argumento:

Cuando tu cerebro va un poco "por libre", la manera de ver las cosas cambia… Es lo que le pasa a Andrew, profesor y científico, cuando su cerebro empieza a trastornar su apacible vida. O no. O es que Andrew justifica sus acciones -relacionadas con su vida marital, social y académica-, ¡a que su cerebro se ha enamorado! El coloquio a tres voces (a veces incluso más): de su cerebro, de Andrew y de su psiquiatra nos van contando esta historia -a veces tan bizarra que no parece real-, de la vida de Andrew, el científico especializado en neurociencia. Un cerebro privilegiado, claro, pero complejo, que late a su ritmo y convierte eso que llamamos "alma" en un debate pleno de interrogantes.

 

Opinión:

 

Doctorow nos maravilla con su versatilidad delante de una hoja en blanco, nos lleva al lejano y árido oeste ("Cómo todo acabó y volvió a empezar", Miscelánea Editores, 2013) o nos introduce en el cerebro de un científico con la misma facilidad, y si es un cerebro que va por cuenta propia, ¡aún más!

Es que la neurociencia, lo que estudia Andrew, el del cerebro enamorado, nos explica que todo proceso interior -cósmico, anímico, espiritual o esotérico, por mencionar alguno-, pasa por este intrincado laberinto de masa gris que todos portamos dentro de nuestras cabezas (que lo usemos o no, ya es otra cosa) y que cada acercamiento a este tipo de materias, es el resultado de alguna combinación de fluidos, neurotransmisores y alguna floritura química más que sería largo de explicar. Vamos, que fantasmas y alucinaciones, por un lado, y los sentimientos y las emociones, por otro, tienen su origen en una reacción bioquímica, real, física, medible. Sí, ahí, en el cerebro, donde parece que finalmente habita el alma.

Pero volvamos a la novela en sí: Andrew, el científico, lleva una vida rutinaria, viene y va de la casa a la universidad hasta que un buen día aparece ella, la mujer que "despierta" su cerebro y empieza a darle color al asunto. Ella, la alumna, joven y despreocupada, emocionada porque un hombre mayor que ella e intelectual le preste atención. Briony, la razón de vivir del cerebro de Andrew. O de Andrew a secas.

Porque Doctorow siempre se encarga de entregarnos un escenario sólido, pero con personajes llenos de aristas, que conforman un caleidoscopio emocional que nos lleva a vivir sus vidas y desencantos. Esa es la fuerza que tienen sus obras, personajes que respiran junto a nosotros, más bien, desde nosotros, te identificas con uno o con otro, tomas partido, la lectura se hace intensa y en el caso de esta novela, es casi una montaña rusa llena de altos y bajos emocionales. Como la vida misma.

Y, sin embargo, aún queda algo más, ese cerebro parlante, que es más bien, ese "diálogo interior" que se reduce a ser y no ser en cada uno de nosotros, porque es eso, la novela de Doctorow, siempre nos deja un sabor de boca agridulce, porque nos toca algo desde muy dentro, porque nos identificamos con sus personajes, porque cada situación es un nuevo encuentro con lo desconocido al interior de cada uno de nosotros, como sucede con la amplia gama de personajes que describe en todas ellas, no te puedes abstraer de su influjo.

Quieras o no, el universo Doctorow te atrapa, y en esta novela, más, porque un lugar común como lo es la vida y desventuras de un profesor que deja a su mujer y se casa con otra más joven, al que luego la vida zarandea con la muerte y la pérdida, con la ausencia y una paternidad inconclusa, e incluso, fantasea -o no, que el asunto jamás queda muy claro- con un puesto en la Casa Blanca que muchos como él codician, no parece un argumento muy original, pero sí lo es, porque el autor hace gala de su infinita capacidad de darle un nuevo giro a las cosas, resaltando una realidad diversa, asombrosa, cercana, gracias a un lenguaje directo, dúctil y, las más de las veces, irónico. Todo ello contado a trozos, como un puzzle a medio resolver, por la boca de varios personajes que se solapan, con un ritmo extraño, como un coro polifónico lleno de matices. 

Carol Inabé Barba

 

 

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