Anika entre libros

El camino del acero

Ficha realizada por: Jorge Borondo
El camino del acero

Título: El camino del acero
Título Original: (El camino del acero, 2006)
Autor: Andrés Díaz Sánchez
Editorial: Equipo Sirius
Colección: Transversal


Copyright:

© Andrés Díaz Sánchez, 2006

© Equipo Sirius, 2006

ISBN de acceso a e-book

Edición: 1ª Edición, 2006
ISBN: 9788492893324
Tapa: E-book
Etiquetas: fantasía épica, género fantástico, literatura española, aventuras, batallas
Nº de páginas: 538

Argumento:

Carlos Alonso Juárez tiene quince años y vive postrado en la cama de un hospital de Madrid por culpa de una enfermedad terminal. Desde la ventana de su habitación observa un mundo al que nunca fue capaz de enfrentarse, por falta de carácter, sobre todo tras la muerte de sus padres. Todo comienza a cambiar una mañana en que despierta en lo que parece otro mundo y otro cuerpo. Ahora se encuentra en Sarlia, la ciudad más importante de Durba, una tierra salvaje y primitiva, dominada por el poder del acero. Además, ocupa el cuerpo de Dargor Atur, un fornido guerrero heredero al trono de un pueblo enemigo de los bárbaros. A su alrededor, nada es como antes. Pronto, forzado por su nueva realidad, él también empezará a cambiar.

 

Opinión:

 

La tercera novela de Andrés Díaz Sánchez (Madrid, 1973) incide de nuevo en la fantasía épica, el género que mejor conoce y con el que se está forjando un nombre en este sector de la literatura española (tras "Los guerreros sin rostro" y "La maza sagrada"). Sin embargo, desde el principio, el autor plantea algunos elementos a priori extraños de las historias tradicionales de espada y brujería. Algo que los neófitos o no aficionados al género sinceramente agradecemos. No por nada, sino porque uno tiene la sensación de que los seguidores de la literatura épica forman parte de una especie de gueto cerrado en el que sólo son válidos una serie de preceptos argumentales, a saber: mundos imaginarios, cercanos a la Tierra Media de Tolkien, guerreros de gran coraje y honor; grandes batallas entre pueblos enfrentados, monstruos imposibles, grandes camaradas, un poco de sexo, otro de traición, la eterna ambición de poder... Que nadie me malinterprete. Todo eso está en esta novela, como buena novela de género que es. Pero al mismo tiempo, es diferente. Para empezar, porque la novela comienza en el tiempo actual, en el Madrid del siglo XXI, con un chaval enfermo sin esperanza. Además, se incorporan diálogos y situaciones que desmitifican en cierto modo la típica figura del héroe, esa suerte de guerrero casi inmortal, capaz de las más grandes hazañas. En la novela, el entorno del protagonista se extraña del cambio de actitudde quien antaño hacía palidecer sólo con su presencia.

De todos modos, hay que aclarar que la innovación y la originalidad (digamos, el "atrevimiento" y la ruptura de tópicos) es moderada, y se produce sobre todo, en los primeros capítulos, en los que el protagonista tiene que adaptarse a su nueva situación. En ese sentido, el primer capítulo es muy breve, por lo que muy pronto entramos en harina, aunque sí es cierto que la novelatiene un comienzo sosegado, inusual en este tipo de historias, y el protagonista sufre una interesante evolución en su personalidad a medida que va viviendo aventuras.

Por otra parte, esta autoconciencia de género (Carlos Alonso sería el correlato del lector en la historia), acerca la novela a la posmodernidad, confirmada además por la influencia (citada incluso en el libro) del cine, o de los cómics. En ese sentido, esta novela sólo podía haberse escrito hoy, y eso hace que su lectura sea muy fresca. También hay que decir, quizá por la necesidad de no salirse del género, que el autor no explota en mi opinión todas las posibilidades que supondría que un chaval de 15 años ocupara el cuerpo de un guerrero de tiempo inmemorial. Andrés Díaz se preocupa mucho más de la descripción de un mundo imaginario, que remite a la Grecia clásica, de lo más verosímil, que en el mundo interior del protagonista, de quien sabemos muy poco antes de que empiece la aventura. Con todo, el mero planteamiento argumental ofrece mucho juego a la historia, en la que observamos la evolución del personaje principal.

La novela está escrita en primera persona, (vemos por los ojos de Dargor/Carlos) y en un presente lineal, que podría resultar pesado si no fuera porque el autor se vale de capítulos cortos llenos de sorpresas. Además, desde el principio se encarga de presentar a una serie de personajes secundarios a los que mima con fervor, especialmente al Cuervo (el servidor de Dargor) y Nigur, el sacerdote del culto al Vigilante. Por lo demás, Andrés Díaz está más interesado en la historia que en la floritura lingüística (a excepción de la lengua durbana, con nombres a los que enseguida te acostumbras), por lo que se vale de detalladas descripciones de la acción y el entorno, para que el lector "vea" lo que está ocurriendo en su cabeza como quien ve una película.

Al margen del "milagro" inicial, el argumento épico no es muy novedoso (como no podía ser de otra forma), incluye la típica odisea del héroe individual y los numerosos obstáculos que debe superar para alcanzar la gloria. Pero en esa aventura hay reflexiones originales, inspiradoras, nuevas, como toda la historia de la Roca del Vigilante y su culto esotérico, o los diálogos en la Casa del Pensamiento en esa especie de sosias platónico, que suponen un aliciente para el quizá prevenido lector del género. Desde mi punto de vista, el autor podía haber ido más allá, haciendo volar en mil pedazos todos los lugares comunes de la fantasía épica. Sin embargo, de la manera en que está escrita, tiene la suerte de satisfacer al aficionado e interesar al profano, por lo que mata dos pájaros de un tiro.

En definitiva, una novela entretenida e interesante, que recomiendo especialmente a los aficionados al género que estén aburridos de las historias trilladas de espadas y dragones (o ercos), y en general a todos los que busquen aventuras y sorpresas. Porque para sorpresa el final, que no desvelaré, que reconozco no se me habría ocurrido ni en un millón de furás (o años).

Jorge Borondo

 

 

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