Anika entre libros

cuentos de navidad

Ficha realizada por: Patricia Rubiera
cuentos de navidad

Título: cuentos de navidad
Título Original: (cuentos de navidad, 2011)
Autor: Charles Dickens
Editorial: Espasa


Copyright: © Charles Dickens 1837-1853
© Espasa 2011
Traducción de C. Axenleld y Manuel Ortega y Gasset
1ª Edición, Noviembre 2011 ISBN: 9788467038200
Etiquetas: autores, clásicos, época victoriana, escritores, fiestas, inglaterra, ingleses, literatura inglesa, navidad, victoriana

Argumento:

Antología editada para conmemorar el Bicentenario del nacimiento de Charles Dickens. La edición recoge cinco relatos y cuatro artículos que tienen como protagonista la Navidad, los sentimientos que nos evoca y, en ocasiones, simplemente son historias que contar a la luz de la chimenea en una fecha tan significativa.

Opinión:


Sería injusto decir que hablar de Dickens es hacerlo de la Navidad, pero no lo es, al contrario. Hablar de Navidad sí es hablar de Dickens, al menos desde que a mediados del XIX apareciera el famoso “Cuento de Navidad”. Desde entonces miles de personas han leído, releído o visto una adaptación cinematográfica de este clásico que ha terminado por encarnar el espíritu de esas fiestas. En la presente edición no se incluye la historia, puede que alguien se sienta defraudado pero, como diría Ebenezer Scrooge, eso son paparruchas porque Dickens tiene mucho más que contarnos sobre, probablemente, la época más feliz del año.

Encontramos en esta recopilación todas las características de la literatura Dickensiana, el lado más oscuro, humilde e incluso infame de ese Londres Victoriano que el inglés supo plasmar como nadie, lleno de personajes que se sobreponen a su destino tras haber sido abandonados a su suerte y, por supuesto, cierta atmósfera sobrenatural debida a aquella ya perdida tradición inglesa de contar cuentos de fantasmas en la Nochebuena. En esta línea se encuentra “La Historia de los duendes que se llevaron a un sacristán”, en la que un enterrador mezquino y desagradecido hace todo lo posible por amargar las fiestas de todo aquel que celebra con ilusión esa noche tan especial. Un protagonista que es mezcla de Scrooge y del Fagin de Oliver Twist y que recibirá la visita de unos duendes que le recriminarán el estar trabajando en el tétrico cementerio cuando tendría que estar festejando el mayor milagro del mundo, no hace falta decir que la visita no es agradable y que tiene sus consecuencias.

En el lado amable, aquel que celebra la Navidad todos los días del año y da gracias por lo poco o mucho que tiene, se encuentra el protagonista de “La Historia del pariente pobre”, una de las historias más tiernas, emotivas y sorprendentes con un final capaz de derretir los corazones más duros, y en la que se hace imposible no ver la sombra del ingenuo Mr Micawber de “David Copperfield”.
 
Las Navidades son días para compartir con la familia y, a ser posible, para ayudar a sobrellevar esa festividad a los menos afortunados como se nos cuenta en “Los Siete Vagabundos”, historia en la que Charles Dickens aprovecha para recordarnos que lo importante no son los regalos, ni las riquezas, sino el hecho de tener alguien con quien compartir tan especial momento y aprovechar esa noche para cerrar rencillas pasadas que nos impiden disfrutar de todo lo que nos rodea. Relato escrito a cuatro manos junto a un principiante Wilkie Collins que gustará a los seguidores de ambos autores.

Son todas narraciones para contar a la luz del fuego y que nos conminan a ser mejores personas no sólo durante quince días, ese espíritu debería estar vivo los trescientos sesenta y cinco del año y agradecer todos y cada uno de ellos lo bueno que nos haya ocurrido, seguro que algo ha habido entre las desgracias que tendemos a magnificar, o al menos así ven la vida los personajes de “El Naufragio de la Golden Mary; si ellos están agradecidos, nosotros con más motivos porque otra vez la mano de Collins hace acto de presencia para narrarnos la parte más aventurera y dejar la humana para Dickens.

Pero si hay algo que exhala humanidad son los artículos que se incluyen, si bien no son la parte más conocida del autor, son de una delicadeza y nostalgia exquisitas. Destacan “Un árbol de Navidad” en el que la visión de unos niños decorando el abeto llevan a Dickens a un viaje por las Navidades de su infancia, despertando unos recuerdos tan vívidos y puros como los experimentó en su momento y con el que sin duda nos sentiremos identificados.

También por desgracia nos identificamos con “La Historia de Nadie”, fábula que alude a los Gobiernos y su pasividad de una vigencia tal que nos hace preguntarnos si no será el momento de rebelarnos como intentan sus protagonistas pero, al igual que ellos, parece que no tenemos las armas necesarias. Esta ineptitud gubernamental será posteriormente desarrollada en “La Pequeña Dorrit” y si alguien piensa que no es un tema muy Navideño, que pregunte a sus conocidos y familiares cuál ha sido la conversación más frecuente en la sobremesa de esta última que acabamos de pasar; la crisis y la Navidad están íntimamente relacionadas y así lo ha hecho notar el escritor en varias de sus obras.

Por último llega esa reflexión que te hace añorar tu infancia, los nervios de la Noche de Reyes, la ilusión en estado puro, el creer en lo imposible, esa losa que nos otorga el tiempo y que en “El significado de la Navidad cuando envejecemos” es descrita con tal inteligencia y habilidad que parece que nos han quitado las palabras de la boca y nos devuelve la esperanza de poder recuperar todas esas sensaciones que, en realidad, no se han ido, más bien las tenemos guardaditas en un rincón y están esperando a que las liberemos de nuevo. Es este último pensamiento el que nos revela el porqué Dickens es el creador que mejor ha entendido el Espíritu Navideño al regalarnos una disertación que es capaz de hacer recordar a los más descreídos, sí, aquellos que nos desean una Feliz Falsedad, que incluso ellos fueron capaces de amar esa celebración y de esperar año tras año su llegada con los brazos abiertos y la sonrisa en los labios.

Dickens estaba convencido de que el mundo sería un lugar mejor si fuera Navidad todos los días del año, y es posible que así sea siempre y cuando leamos cualquier día del año estos “Cuentos de Navidad”, llevemos a la práctica sus valores y hagamos como Scrooge al final de su historia, celebremos esa época todos los días en nuestro corazón; puede que así volvamos a ser tocados por la magia de nuestra niñez.

Patricia Rubiera

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