Anika entre libros

baria city blues

Ficha realizada por: Patricia Rubiera
baria city blues

Título: baria city blues
Título Original: (baria city blues, 2012)
Autor: Carmelo Anaya
Editorial: Almuzara


Copyright: © Carmelo Anaya, 2011
© Almuzara, 2011
1ª Edición, Enero 2012 ISBN: 9788415338260
Etiquetas: asesinos, autores, criminales, escritores, españoles, género negro, hispanos, literatura española, literatura hispana, policiaca, policiaco, psicópatas, psycokiller, sociópatas

Argumento:

Unos anónimos llegados a la comisaría ponen al comisario Carrillo tras la pista de un accidente cometido justo hace año en el que una rica y guapa mujer resulta muerta.

La herencia millonaria cobrada por el viudo y un rápido matrimonio tras el fallecimiento de su mujer, la insistencia del padre de la víctima en la culpabilidad de su yerno, un ambicioso detective privado, y un inspector con deseos de fama y prestigio serán los puntos clave de una investigación en la que nadie parece saber nada, o saben más de lo que creen.

Opinión:


No soy mala, es que me dibujaron así”... eso es lo que decía Jessica Rabbit en aquella película de animación que homenajeaba al más puro cine negro. Cambiemos dibujar por escribir y es lo que todos y cada uno de los protagonistas de esta novela podrían decir de sí mismos, porque Carmelo Anaya ha trazado una historia en la mejor tradición de la novela negra, en la que nada es lo que parece y todo se adivina tras la cortina del humo de un necesario cigarrillo.

Baria City Blues” es una clásica novela de género a ritmo de jazz y blues, con sabor a gin tonic, con una galería canallesca en la que los malos no son tan malos y los buenos lo son sólo de vez en cuando, con un ambiente sórdido que se rompe por obra y gracia de unas bien torneadas piernas embutidas en faldas tubo de terciopelo, llena de pintalabios rojo y de maletines rebosando dinero que no saben qué manos son peores, si las que los dan o quienes las reciben; en resumen, es una gran novela en la que no falta ni sobra nada.

Los constantes giros argumentales en la trama nos atrapan como las notas de la trompeta de Dizzy Gillespie, la historia se va enredando, el pulso narrativo va en aumento para acompañarla y nosotros caemos en una red en la que el amor y el odio se confunden tantas veces que la línea parece haberse borrado definitivamente.

Alternando la narración en primera persona para las pesquisas de Carrillo y la tercera para ver qué sucede realmente a su alrededor, lo que le da un toque cinematográfico a la historia, nos vemos sumergidos en un torbellino de crímenes que pueden ser pasionales y apasionantes porque cuando el amor, los celos, la ambición, la venganza y el dinero se dan la mano cualquier cosa puede pasar, dejándonos bien claro que se puede morir y matar por amor y por todo lo contrario, ya que el desgarro que provocan ambas emociones es igual de intenso, y el deseo de poseer algo con todas las fuerzas humanamente posibles no conoce de buenas intenciones, se mata para conseguir lo que se quiere y hacer desaparecer lo que se odia, el resto es interpretable.

En el epicentro de la acción se encuentra Baria, ciudad con leyes propias que no oculta pero que sí mantiene contenidas todas sus miserias y bajezas, a la que iremos conociendo por medio de dos subtramas que, a su vez, nos dibujarán más si cabe el perfil de unos personajes que pese a ser muy negros en su sentido literario tienen unos matices que abarcan todo el gris que la personalidad del género humano puede tener. Personalidades que van desde la brutalidad más exacerbada, hasta la sensualidad más irresistible y es que en toda novela negra tiene que existir una mujer fatal. Una mujer fatal que es víctima y verdugo, seductora nata, culpable e inocente del mismo delito y a la que Carmelo Anaya ha querido acompañar de un hombre también fatal en un alarde de ingenio y originalidad del escritor. En este tipo de historias estamos acostumbrados a la mujer por la que todos matan o serían capaces de morir pero, en este caso, el objeto de deseo, quien despierta la bestia y la maldad que se lleva dentro no es una fémina, es un apuesto varón que quizás por no tener nada de especial provoca terremotos de pasión, en él confluyen todos esos hechos que se han ido tejiendo, pero a la vez es de quien parten, un círculo perfecto en el que el poder se convierte en quien maneja los hilos, siendo los personajes nada más que tristes marionetas, tan tristes como la banda sonora de la ficticia Baria que los acoge y que da nombre al bar que se convierte en el descanso del guerrero.

Si nos atrevemos a traspasar las puertas del “Baria City Blues” descubriremos las trampas mortales que el deseo esconde en sus esquinas, pero también un mundo en la que la relatividad de la maldad nos redime de todo pecado. Probablemente en una mesa alejada se encuentre urdiendo más historias Carmelo Anaya que ya se ha convertido en uno de los sospechosos habituales del negro en español, tan culpable de un buen trabajo como amargo es un gin tonic.

Patricia Rubiera

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