Anika entre libros

Vicente Blasco Ibáñez: periodista de masas

Jaume Cordelier, mayo 2004


Estoy convencido de que la mayoría de nosotros conocemos la faceta novelística de Vicente Blasco Ibáñez. Sus obras han sido traducidas a varios idiomas (es posiblemente uno de los escritores españoles más traducidos) y, algunas de ellas, han sido llevadas al cine o a la TV con mejor o peor fortuna.

Sin embargo, quizá por el paso de los años, quizá por falta de interés, hay una faceta de Blasco que es mucho menos conocida y recordada pero que es, igualmente, de suma importancia: periodista.

Hace ya algunas semanas, concretamente el 14 de abril, mi quiosquero habitual, "Agustinet", un hombre ya entrado en años y con un carácter ciertamente peculiar, me sorprendió con una pregunta que, en absoluto me esperaba, a pesar de que ya hace años que nos conocemos y sabemos de que "pie cojea cada uno".

- ¿Qué, señor Jaume, no hará hoy Usted celebración?
- Pues hombre, celebración, Agustinet, no precisamente. Me reuniré, como cada año, con algunos amigos que vienen de Segorbe y de Vila-real para conmemorar el día.
- Muy bien señor Jaume, que no hay que perder las buenas costumbres. Ahora espere un momentito, que ya le doy su periódico.
- Y usted, ¿celebrará este 14 de abril?
- Claro. Mire me reúno también con algunos amigos y después de una buena comida, recordaremos los viejos tiempos y hablaremos de don Vicent.
- ¿De Blasco Ibáñez? -pregunté un poco asombrado.
- Sí, volvemos a leer sus artículos sobre la República. Son muy buenos. ¿Usted no los conoce?
- Sí, los conozco y por cierto, ahora que lo dice, voy a ver si los releo y me sirven para mi próximo artículo. Adéu Agustinet y gracias por la idea.
- Adéu señor Jaume, y ya me dejará ver lo que escriba.

Me fui de allí un poco asombrado. La verdad es que no podía imaginar que Agustinet se dedicase con sus viejos amigos a leer los discursos republicanos de Blasco Ibáñez, que yo sé que existen porque (Blasco) fue diputado del Partido Federal Vblascoide Pi i Margall, si la memoria no me falla.

Vicente Blasco Ibáñez, que nació en el año 1867, fundó con pocos años y menos recursos el periódico "El Pueblo", que tenía que redactarse, en sus cuatro páginas él sólo, aunque contaba con la inestimable ayuda de Joaquín Sorolla, para rellenar los huecos que quedaban con algunos dibujos. Es, en este periódico, donde, entre editoriales y alegatos levantiscos, empieza a publicar algunas de sus más celebradas novelas: Arroz y tartana y La barraca, entre las más conocidas.

Pero lo que me interesa resaltar es que Blasco es un innovador del periodismo español. Se da perfecta cuenta en 1891, año de la fundación del periódico de por donde va a ir buena parte del periodismo moderno. Desprecia el barroquismo literario de las clases poseedoras y emplea un lenguaje que puede ser entendido por el proletariado y los desposeídos en general.

Hay que tener en cuenta algunas cosas de aquella época. Por un lado, comprar un diario no estaba al alcance de todos y, por otro, el analfabetismo era enorme, con lo que un periódico, muchas veces, era leído en locales de trabajadores por alguien que supiera, más o menos, y todos escuchaban reverencialmente. De ahí la necesidad de emplear un lenguaje sencillo.

"El Pueblo" era un periódico auténticamente subversivo y que pretendía crear una conciencia social entre los más pobres. Ocasiones no le faltaron a Blasco para significarse en ese sentido. Con motivo de la Guerra de Cuba, lanzó una proclama en la que atacaba sin remilgos al sistema de recluta.

La injusticia era repugnante: todos aquellos que contaban con 1.500 pesetas de la época podían librarse de ir a la guerra. Por tanto está claro que, precisamente aquellos que más intereses tenían en la isla, eran los que se quedaban cómodamente en la Patria. Los demás, evidentemente sin recursos, al caribe, no precisamente de viaje vacacional prenupcial, sino a defender el capitalismo de los patriotas.

El 19 de agosto de 1896, decía el editorial de "El Pueblo": "En la paz, debéis sufrir resignados y agotar vuestro cuerpo poco a poco para que una minoría viva tranquila y placenteramente sin hacer nada; en la guerra, debéis morir para que los demás, que por dinero están libres de tal peligro, puedan ser belicosos desde su casa".

Es evidente, que con este tipo de artículos, Blasco tenía problemas muy serios con el gobierno de la época y, como señala el propio escritor en una carta a Isidro López Lapuya, entre unas cosas y otras, se pasó un tercio de su juvenil vida, en la cárcel.

El caso es que tras ese artículo, en Valencia, ciudad de tradición muy republicana, se armó un buen jaleo. La cosa acabó mal, se declaró el estado de sitio, entró el ejército y Blasco tuvo que escapar de forma rocambolesca a Italia. Él mismo lo refiere en la citada carta que, por cierto, fue después publicada en el Bulletin Hispanique gracias al editor francés Charles Pitollet y por eso podemos conocerla.

Cuenta el novelista que, tras los disturbios, tuvo que estar escondido durante cuatro días en la trastienda de un almacén de vinos de El Grao, en la casa de un correligionario que allí vivía con su madre. Pero, ni aún es esas penosas condiciones, dejó de escribir nuestro amigo. En esos cuatro días angustiosos terminó un cuento que se titula "Venganza moruna", que acabó abandonado en las estanterías de la tienda y fue publicado mucho después, como refiere el propio autor.

Volvió a España nuestro periodista y fue condenado a cuatro años en un presidio militar, aunque el fiscal, un coronel del ejército, pedía nada menos que 14 años de reclusión. La verdad es que sólo cumplió uno, ya que el resto de la pena le fue conmutada por tres años de destierro fuera de Valencia.

El caso es que Blasco, en su destierro madrileño seguía empeñado en su profesión periodística y, para ello, contó con la inestimable ayuda de Rodrigo Soriano, que también era republicano pero, a diferencia del valenciano, muy rico. Así que el madrileño Soriano se fue a Valencia, tras comprar el 50 por ciento de las acciones de "El Pueblo" por 30.000 pesetas y Blasco se quedó en su destierro.

En el año 1901 los dos fueron elegidos diputados a Cortes por el partido republicano, con ello lograron la ansiada inmunidad parlamentaria. Desgraciadamente los amigos acabarían muy enfrentados y en 1909 la ruptura fue total. Blasco, muy decepcionado, se marchó a Argentina y se alejó, definitiva y desgraciadamente del periodismo.

Sin embargo, su obra periodística ha pervivido y el periódico "El Pueblo" llegó hasta el año 1939, es decir, 11 años más que el propio novelista, que murió en 1928. Fue clausurado por orden de las autoridades franquistas. Pero su espíritu pervive y el tipo de prensa de masas de Blasco Ibáñez es todavía señalado como ejemplo en muchas facultades de periodismo.

Es posible que, muchos, consideren que sólo son periodistas los que salen de las facultades con el título en el bolsillo, por lo que, hoy día, Blasco Ibáñez sería acusado de intrusismo. Allá ellos, para mí es un modelo de periodismo, como lo son, entre otros, Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán, de los que ya hablaremos.


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