Anika entre libros

Sant Jordi 2008

Patricia Tena, mayo-junio 2008, texto y fotos  / Fotos Javier Sierra: Celia Santos


Sant Jordi 2008

Rosas


Ya está. Ya ha pasado un año más Sant Jordi, esta festividad tan preciosa que tenemos en Catalunya y que celebramos de Semaforoforma especial y única. Las calles se llenan de gente, de libros, de cultura y de millones de rosas con pétalos de todos los colores. Aunque yo siempre me quedo con la roja.

Parece mentira, pero ese día se vive de forma diferente, en el ambiente hay algo distinto. No en vano, son muchos los catalanes que consideramos este día el de los enamorados y no el de San Valentín.

Y agradezco poder haber disfrutado un año más de este día. De mi día especial, y tener la suerte de no tener que ir a trabajar. Seguro que me dejo muchísimas anécdotas en el tintero, pero al menos os servirá para haceros una día de cómo fue o al menos cómo lo viví yo.

Ayer, algo colgaba de los semáforos. Algunos mirábamos curiosos, muchos ni se percataron de ello. Cuando vives en una gran ciudad estás "harto" de ver cosas raras, y mucha gente, simplemente, deja de verlas. Aún así, cuando bajé del autobús me dirigí hacia el semáforo más próximo y me encontré con esto: Al abrirlo, leí:

 

Cartelsemaforo


Y sonreí. Lo que colgaba de los semáforos eran libros camuflados. Para protestar por los pocos hábitos de lectura que tenemos los españoles - eso dicen las encuestas-, alguien había colgado esos libros cubiertos con tapa rosa fluorescente incitando a que alguien los abriera. Después de esa página, se encontraba un ejemplar de La Tía Tula de Unamuno. Pensé que era una iniciativa espectacular que ya presagiaba un buen día.


Farmacia de guardia y otras obras españolas

En el panorama nacional se vieron muchas caras conocidas y alabadas en el mundo literario: Juan José Millas, Ángela Becerra (guapísima), Eva Arguiñano, Quim Monzó, Espido Freire, Laura Gallego, Juan Eslava Galán, Ferran Torrent, Matilde Asensi, Lucía Etxebarría o Valérie Tasso -francesa afincada en España desde hace años y que repite en cada Sant Jordi-…o el siempre interesante David Trueba, que firmaba sonriente ejemplares de su última obra: Saber perder -alabada por público y crítica- y quien debió escuchar más de dos cientas veces en boca de sus lectores lo importante que había sido su libro Cuatro amigos para ellos. (Si no lo habéis leído, ¡hacedlo! Muchas risas, mucho amor, mucha amistad y si sois de los que subrayáis los libros, tened a mano un par de lápices de repuesto, porque está repleto de frases y párrafos enteros INOLVIDABLES). Con él se produjo una anécdota que a mí, particularmente, me hizo gracia. La mujer que estaba detrás de mí, no paraba de anunciar a los cuatro vientos y en voz chillona, para que le escuchase el autor, que había leído todos sus libros: este último, Cuatro amigos y Farmacia de Guardia. Al escucharla, inevitablemente, Trueba y yo nos pusimos a reír, pues se refería a Abierto toda la noche. Se lo dije a la mujer y sonrojada dijo "Ay, sí, claro, es que como las farmacias de guardia están abiertas toda la noche, me he liado".

También tuve la oportunidad de hablar con Albert Espinosa -Planta Cuarta, Tu vida en 65 minutos-, quien acostumbrado al teatro y al cine, vivía su primer Sant Jordi como escritor. Albert se mostró encantado de participar próximamente en la web Anika Entre Libros y de explicarnos un poco mejor qué es El mundo amarillo.

¡Mira, el de la tele!

RistoComo siempre, los personajes mediáticos fueron el punto de mira de curiosos y el objetivo de la mayoría de flashes fotográficos. Por ejemplo, el malvado y cansino miembro del jurado de OT, Risto Mejide, la polifacética Nuria Roca, Boris Izaguirre o Berto Romero- el "sobrino de Buenafuente" en su programa- a quien los más jóvenes no dejaban de rodear. Algunos se acercaron con su libro, pero la mayoría lo hizo con una hoja de libreta arrancada, simplemente para tener el recuerdo y la prueba gráfica de que lo habían visto. Me hizo gracia comprobar que muchísima gente le confundió con Flippy, el científico loco del programa de Pablo Motos, El hormiguero.

Fuera uno u otro, les daba igual porque a esa edad lo guay es haber visto a alguien que sale por la tele.

Un momento que me pareció muy tierno fue cuando una niña sacó de su bolsa el libro La brújula dorada (Phillip Pullman) para que se la firmara. Su madre estuvo un buen rato hablándole para asegurarse que la pequeña comprendía que aquel chico de gruesas gafas de pasta no había escrito el libro. A ella le dio igual.

Fito -patriDurante la tarde, en el FNAC de Plaça Catalunya, una pequeña carpa estaba dedicada al músico Fito Cabrales -Fito y los Fitipaldis-, que presentaba Soy todo lo que me pasa, su biografía. Muchos seguidores del cantante vasco no se habían enterado de su visita, y cuando le veían firmando y fotografiándose con sus seguidores, maldecían no llevar el cd encima o no poder comprar el libro para que se lo dedicaran por la cola que había. Yo, por suerte, era la décima de la fila. Tuve oportunidad de verle, charlar con él, darle dos besos e inmortalizar el momento con una foto. El calvete con pendientes y largas patillas -así se dibujaba él en sus dedicatorias- fue amable con todo el mundo, firmó entradas de conciertos, cd's, su libro y cualquier otra cosa con una amplia sonrisa y muy agradecido, además de posar con caras extrañas en las fotografías que le pedían.

Casetas propias

Lo común es que cada autor firme durante una hora en cada librería, con alguna excepción como la de Isabel Allende, que tuvo el doble debido a lo excepcional su visita. Los más privilegiados -y suelen ser los más mediáticos- disponen de una caseta propia donde firman unas seis horas entre mañana y tarde, con un parón de 14 a 17 horas.

Buenafuente es un veterano. El humorista de Reus lleva años teniendo su propia caseta en la Pl. Universitat. Este año regaló a los presentes la careta del burro con sus facciones y destacó por mostrarse más accesible que otros años. Y es que el hombre que es Andreu Buenafuente, dista mucho de su imagen televisiva: en persona es bastante seco. Este año, quizá por la menor afluencia de gente que se acercó, posaba sin reparo para las fotografías -que pocas veces ha concedido en otras ocasiones- y se permitió alguna que otra broma.

El equipo de Polònia - programa satírico de TV3 de gran éxito donde se parodia de forma espectacular a los políticos- también tenía una caseta en Passeig de Gràcia, aunque prácticamente era imposible acercarse por la multitud amontonada allí.


El ángel del rey Midas

Cómo no podía ser de otro modo, el reciente rey Midas, Carlos Ruiz Zafón fue quien más veces escribió su nombre durante el día.

Siete años de espera, entre La Sombra del Viento y El juego del ángel, hacían presagiar que el autor barcelonés afincado en Los Ángeles sería el más demandado. Y así fue, en su caseta particular situada entre Passeig de Gràcia y Gran Vía, firmó más de 2.500 ejemplares, unas 8 firmas por minuto. Y es que, a pesar de que las firmas empezaban al mediodía, a las 10 de la mañana la cola ya daba toda la vuelta a la calle, ante la mirada paciente de los que esperaban su gran momento.

Según informa El Periódico, el autor no optó por tomárselo con humor, sino más bien con una tranquilidad zen para afrontar el largo día que le esperaba. Sus dedicatorias fueron escuetas, anotando en la mayoría de casos el tradicional: "Para…". Aunque también hubo alguna excepción: Cristina Velasco, la valiente que obtuvo el primer puesto en la larga cola y que fue obsequiada con un "Per la Cristina, l'àngel de les 9 hores" (Para Cristina, el ángel de las 9 horas) y a la madre de un amigo suyo que murió hace años: "Per a la mare del meu amic Javier Abella". (Para la madre de mi amigo Javier Abella). Por la tarde ya era prácticamente imposible acercarse al autor que adora los dragones y muchos se conformaban con subirse a una escultura de la plaza e intentar verle.


Escritores internacionales

Este año probablemente haya sido el Sant Jordi más internacional. Entre los autores invitados estaban: Isabel Allende (muy elegante y amable, que firmó más casas de los espíritus y paulas que La suma de los días), Quino con su eterna Mafalda, que provocó grandes colas, Noah Gordon, o Alessandro Baricco, quien, como le pasó a la escritora chilena, puso su firma a más ejemplares de sus anteriores trabajos que del último. Eso sí, lo hicieron con una gran sonrisa y comprensión: "Por la fecha es más adecuado Seda que Los Bárbaros. Muchos se lo regalan a su pareja", explicaba alegre el autor de Turín.

Algunos de estos invitados de lujo quedaron absolutamente encantados con la festividad. Fue el caso de la americana afincada en Londres, Tracy Chevalier (La joven de la perla, El maestro de la inocencia) y la británica Diane Setterfield (El cuento número trece), quienes, como publica El Periódico, sentenciaron: "Estamos acostumbradas a ver a mucha gente en las calles como los hooligans, pero que sean compradores de libros nos parece la mejor manifestación del mundo. Iniciaremos una cruzada para difundir esta jornada en nuestro país, que también coincide con el aniversario de Shakespeare".

MocciaEl dibujante Liniers manifestó el mismo deseo respecto a su Argentina natal y el autor de Chiquita, Antonio Orlando Rodríguez, sobre Cuba.

Por la mañana, Federico Moccia, autor de gran éxito en Italia, firmaba en la Casa del Libro su novela Perdona si te llamo amor. Su firma empezaba a las 12, y el autor no llegó hasta las 12.40, cuando tan sólo quedaban 20 minutos para que acabase su turno. Al parecer, venía directamente desde Roma, y como ya sabemos todos, los aviones continuamente sufren retrasos. Por suerte, la espera se amenizó gracias al productivo escritor Jordi Sierra i Fabra, quién estaba situado al lado del hueco que debía ocupar Moccia, y que, al ver a las mujeres que le esperábamos (no había un solo hombre), aprovechó para bromear con acento italiano, chapurreando las cuatro palabras que sabía en el idioma y ¡asegurando que él era Federico! Cuando llegó el verdadero, con gorra de corazones y alas, todos empezaron a aplaudir, y tras disculparse en italiano (no sabía ni una palabra de español) empezó a firmar con una sonrisa seductora e incluso regalando un guiño de ojos a todas las féminas que habíamos estado esperándole.

Lo bueno siempre acaba

Fueron muchas horas de diversión, conocimiento, experiencias, sueños cumplidos y felicidad. Año tras año, desde que hacía campana en el colegio con mi amigo Manel (se te ha echado de menos) hasta ahora, cada 23 de abril siento una felicidad particular; acompañada de ese sentimiento con complejo de Cenicienta que implica disfrutar al máximo con emoción, pero también con la tristeza de saber que tiene un horario límite. Que los hechizos acaban a las 12 de la noche.

Aún así, es magnífico poder disfrutar de un día con una luz diferente y una sensación agradable en el cuerpo. Un día en el que puedes intercambiar impresiones con aquellos que te hicieron soñar durante unas cuantas páginas, pero de por vida, y también descubrir a los que lo harán próximamente. Un día donde un libro y una rosa son el mejor regalo del mundo.

 

 

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Celia Santos y Javier Sierra 

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