Anika entre libros

¿Reivindicar la cultura?

Jaume Cordelier, mayo-junio 2009

¿Reivindicar la cultura? 


Nuestra quijotesca y animosa Anika nos alienta públicamente* a que escribamos un artículo reivindicativo de la Cultura; un texto que, supongo, desea comprometido y solidario para con ese amplio y vasto mundo que llamamos Cultura y sus protagonistas. Me da la impresión de que es una tarea, al menos para mí, harto difícil. 

Para empezar tendríamos que llegar a estar de acuerdo en consensuar una definición, aunque fuera de mínimos, de lo que es o consideramos cultura, porque son tantas las definiciones que hay, que han hecho escribir ríos de tinta como dijo del Derecho, el temible civilista Federico de Castro y Bravo. Porque, desde la simple acumulación de conocimientos, hasta el acervo cultural de todo un pueblo, hay varias posibilidades intermedias, que pueden incluir, las típicas literatura y música, pasando por el teatro y la danza, hasta la pintura y la arquitectura, sin ignorar el folclore y la gastronomía. ¿O alguien se atreve a excluir la fabada o la sardana de la Cultura, cuando han dado argumento para varios libros? 

¡Y no digamos nada si dotamos de ideología a la Cultura! Entonces habría que añadir todo el pensamiento filosófico político o ético-moral-religioso que se ha ido desarrollando a lo largo de la historia. Hablaremos de cultura progresista, conservadora e incluso centrista... 

Y un problema similar se presenta en cuanto a los protagonistas: ¿son sólo los autores, los creadores de cultura? O por el contrario ¿los receptores pasivos, somos elementos necesarios, sin los que la creación no tendría sentido? Tenemos un ejemplo bien cercano en Ciberanika: ¿es creadora o receptora de cultura? 

Sin embargo, me da la impresión de que todos esos asuntos no serían un obstáculo excesivo para poder hacer una reivindicación cultural. Bastaría tener un espíritu abierto y tolerante (y participativo) para que tuviera ésta pretensión un amplio espectro donde poder apoyarse, sin condicionamientos apriorísticos excluyentes. 

Podríamos encontrar en esta forma integradora un punto de inicio para, desde ahí, intentar una reivindicación que satisfaga a todos los actores de este drama. 

Pero creo sinceramente que, en los últimos años, se ha producido un hecho que supone un grave atentado contra el fenómeno cultural: la mercantilización, el uso (y abuso) de la obra cultural como simple producto de consumo, con un claro fin lucrativo, lo que de alguna forma supone la exclusión de la mayoría. 

Una pléyade de editoriales, distribuidores, libreros y hasta autores, parecen sólo más interesados en lograr buenos dividendos que en promocionar obras verdaderamente interesantes. Lo importante es vender mucho y en poco tiempo. 

Para colmo de males, los consumidores (actores pasivos) vemos como una sociedad privada (la patética SGAE) acosa sin recato para conseguir cobrar por los famosos derechos de autor, sin importar si se trata de un concierto benéfico o un mitin de cualquier partido político: cualquier ocasión es propicia. Tararear una melodía hortera puede costar caro a quien lo hace. 

Ciertamente, no se trata de que los derechos de autor no deban estar convenientemente protegidos, pero sí de que la gestión de estos no esté en manos de una sociedad privada y tan poco transparente como cualquier organización secreta. Es el Estado el que debe preocuparse par garantizar esos derechos. 

¿Y qué pasa con tantos y tantos artículos y colaboraciones de esta web, utilizados en otros medios, sin que ni siquiera se tenga la amabilidad de citar la procedencia? 

Por lo tanto, difícil se hace una reivindicación cultural en estas circunstancias, porque al final no sabríamos si lo que estamos apoyando es el consumismo dirigido por unos pocos, en beneficio de aún unos menos o la impunidad de unos farsantes en perjuicio de sencillos trabajadores. 

Habría que empezar por reivindicar la universalización de la Cultura, como un derecho fundamental, igual para cada ciudadano y sin cortapisas ni para el acceso ni para la creación. Hasta que consigamos esto, cualquier reivindicación será, o parecerá, tan inútil como la existencia de un Ministerio del ramo con sus subvenciones sospechosas. 

* Jaume se refiere a una idea surgida en la página de Facebook de Anika Entre Libros 

 

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