Anika entre libros

Nos queda la palabra (Homenaje al poeta Eugenio de Andrade)

Alvar Mendes, abril 2006


Quiero tomar prestado, en mi primera participación en esta web literaria, el título de un poema del español Blas de Otero y que no es otro que el famoso "me queda la palabra" porque, posiblemente, sea un fiel reflejo del sentimiento de vacío, compartido por muchos dentro y fuera de Portugal, tras la muerte del poeta Eugenio de Andrade.

Es cierto que el cuerpo ha desaparecido, pero nos quedará siempre el verbo. Ese verbo a veces no bien comprendido, incluso muchas veces rechazado y algunas también denostado de forma mal intencionada porque, como él mismo decía, Andradenos pueden quitar la vida y eso es muy poco.

Portugal perdió en pocos un muy breve plazo de tiempo algunas de las voces más significativas, aunque por motivos muy diferentes, de los últimos años de su historia. Con muy escaso margen el general Vasco Gonçalves y el ex secretario general del Partido Comunista de Portugal, Álvaro Cunhal, protagonistas de la Revolución de los Claveles han decidido no seguir adelante.

En el caso de Cunhal, también meritorio escritor, fallecido con 91 años, es imposible sustraerse a su personalidad, que es un referente, incluso desde el más profundo desacuerdo, ya que su trayectoria siempre estuvo del lado de los más desfavorecidos.

Lo mismo su puede decir de Vasco, un militar que en su día entendió que había que cambiar el orden establecido y sacar al país de las tinieblas. Ambos, cada uno a su manera, fueron un poco poetas.

Y precisamente también con los desfavorecidos estuvo siempre aquel al que muchos consideran la mejor voz lírica de Portugal del último siglo, Eugenio de Andrade, aquel a quien no gustaba la fama, el bullicio, los homenajes y que consciente y coherentemente los rehuía. Prefirió no destacar en un mundo en que sobresalir se ha convertido en lo más esencial, aunque en la mayor parte de las ocasiones no hay nada que decir, nada que comunicar.

El poeta de la voz luminosa, el poeta solar, fueron algunos de los títulos que Andrade recibió a lo largo de su vida que, por lo que refiere al aspecto literario, se inició, al menos de forma pública, en 1948 con la publicación de "Las manos y los frutos", cuando tenía 25 años y que Andrade, cuyo verdadero nombre era José Fontinhas, consideró su obra estelar.

Tal vez no le faltó razón, porque hasta ahora ya se han realizado 20 ediciones y todavía causa admiración entre los lectores. A partir de entonces viajó por España y Francia y fue uno de los mejores traductores de Federico García Lorca. Por esos años también a otra de las grandes figuras de las letras lusitanas que es Sophia de Mello Breyner y comenzó a trabajar como inspector de Servicios Médicos y Sociales, una actividad que ejercerá durante los siguientes 35 años, lo que fue impedimento para proseguir su carrera literaria que se vio recompensada en muchas ocasiones, aunque no pudo obtener el Nóbel de literatura, a pesar de que fue candidato en varias ocasiones.

Posiblemente Andrade en su sabiduría sería consciente de que los premios no son siempre un adorno necesario y si una fuente de conflicto que hay que esquivar.

Despedimos el cuerpo, pero nos queda la palabra porque ésa es eterna.

A. Mendes (Aveiro)

 

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