Anika entre libros

Maniquíes

Elisa Rodríguez Court, enero-febrero 2008


Al día siguiente de finalizar las Navidades entramos de lleno en la época de las Rebajas. La multitud se agolpa en las tiendas para continuar comprando y comprando. En realidad, para consumir el sueño diseñado por quienes obtienen a cambio colosales ganancias. Se trata de personajes poderosos de poderosas maquinarias y que saben que una mayoría de clientes se guía por la máxima "el hábito hace al monje". Y, mientras se impone la uniformidad en la vestimenta, crece la demanda de dejar de ser uno mismo y de aspirar a convertirse en los otros. En los otros, que también renuncian a su condición de seres vulgares y desean conquistar su fantasía pagando prendas de vestir. Lo que importa es revolver en los cajones de ropa y hacerse incluso con el atuendo más insospechado e innecesario, con cualquier cosa que distinga del resto de mortales que ansían idéntica distinción. Sometidos todos igualmente a los dictados de la moda, resulta una paradoja. ¿Cómo elevarse por encima de los demás que, asimismo, se rigen por los mismos patrones para diferenciarse de las personas corrientes? Una trampa que ha logrado describir el escritor Orhan Pamuk, inspirador de este artículo.

Cuenta, en la voz de uno de los personajes de El libro negro, una terrible historia de fabricación artesanal de maniquíes en Turquía, condenada a una existencia subterránea. En uno de los capítulos habla del maestro Bedii, cuyos maniquíes -una verdadera obra de arte- fueron rechazados por las autoridades, por todos los dueños de almacenes y los vendedores de ropa. La razón de tal rechazo era que mostraban demasiado parecido en sus posturas y sus gestos con la gente de la calle y no con la soñada de los países occidentales. Sus maniquíes se parecían tanto a la muchedumbre que fluía por la acera al otro lado del escaparate, eran tan turcos, tan auténticos, tan ordinarios, que Bedii se vio condenado de por vida a crearlos y a recluirlos en el oscuro sótano de su casa. No pudo competir con los maniquíes importados de Europa. Tal vez, una copia de los maniquíes ambulantes de carne y hueso en los que nos hemos convertido nosotros, entes homogéneos y artificiales.



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