Anika entre libros

Francisco Ors: una voz molesta, impertinente... y necesaria

Alberto Ciáurriz, mayo 2004


Francisco Ors, autor de aquella pieza formidable, Contradanza, que desde el escenario nos conmocionó a tantos gays y no gays al comienzo de los años ochenta, es un ejemplo, de los muy escasos en nuestro país, de homosexual no vergonzante; ha llevado siempre muy alto el pabellón de su homosexualidad, y puede, a sus espléndidos más de setenta años de edad, mirar hacia atrás con orgullo, sabiendo que jamás ha traicionado su verdad ni ha prestado sumisión a las conveniencias sociales de cada momento. Cierto es que no le ha faltado la suerte: agudo e inteligente, bien plantado, rico de nacimiento, las miserias de la posguerra española, aunque le alcanzaran, lo hicieron con más benevolencia que a la gran mayoría de sus conciudadanos. Pero tiene a gala haber conducido siempre su vida por el camino que ha deseado, sin dejarse doblegar por las mezquinas conveniencias sociales ni influir por las convenciones aceptadas por la dominante masa de los imbéciles. Y eso puede depender algo de la buena suerte que uno tenga; pero tiene mucho más que ver con la voluntad inflexible de ser uno mismo.

Francisco Ors está lleno de sí mismo, pletórico de orgullo. Sus razones las saca de su propio sentido de la verdad, de la justicia; busca los ejemplos en su propia experiencia. Su pensamiento es, por tanto, marcadamente individualista; pero, por ello, absolutamente original, y atrae al lector de inmediato porque se vislumbra en él una dosis desacostumbrada de verdad, de sinceridad, de autenticidad.

Otra cosa es que uno esté de acuerdo con las opiniones que expone. Para el lector que ha nacido unos años (no muchos) más tarde que Ors, su insistencia en idealizar la civilización griega suena a "antiguo"; no debemos olvidar que la luminosa Grecia clásica que hemos conocido en los libros es, en buena parte, creación de los idealistas alemanes del XVIII. En el fondo, estamos muy alejados de aquella civilización ciertamente magnífica, de la que tendemos a admirar el esplendor, pero en cuyas miserias no reparamos. Es muy dudoso que la civilización griega fuera un paraíso sexual, y eso refiriéndonos sólo al amor de los hombres; si tomáramos en cuenta a las mujeres, tendríamos que considerarla francamente injusta.

Otro punto polémico que Ors desarrolla con firmeza es su oposición tajante al matrimonio entre personas del mismo sexo, ahora tan de moda y tan reivindicado por asociaciones y medios de comunicación gays. Pero es que Ors es opuesto al matrimonio en sí, a esta institución que tanta culpa tiene del adocenamiento de las personas, de su domesticación, de la pérdida de imaginación y hasta del deseo de vivir de los individuos. Y, frente a la alegación de que el matrimonio entre gays habría de ser, naturalmente, voluntario, se ríe: también el matrimonio entre heterosexuales es teóricamente voluntario. Pero todos conocemos la realidad...

Asistí, la tarde del 29 de abril pasado, a la presentación de su libro en el salón de actos de la Fnac madrileña; y era todo un espectáculo contemplar cómo dos de las personas que quizá más han bregado, después del autor, por publicar la obra, Miguel Angel López, director de la revista ZERO, y Oscar Pérez, editor de Odisea Editorial s.21, sello editor del libro (y de mis novelitas, dicho sea de paso), aun elogiando por activa y por pasiva a Ors como persona y como escritor se desmarcaban con insistencia de las ideas expresadas por éste. A los dos les honra haber hecho todo lo posible para sacar a la discusión pública, en buena lid, unas ideas con las que no están de acuerdo. Pero ante aquella situación paradójica a mí me dio por recordar a esas parejas heterosexuales que uno ve desfilar el día del Orgullo Gay muy, pero que muy amarraditas, como queriendo indicar a todo el mundo: "somos progays, pero no gays, ¿eh? Que quede muy claro, no os confundáis".

Tengo mis discrepancias con Ors en muchos asuntos de los que trata en su libro; pero, debo reconocerlo, cuando opina acerca del matrimonio gay, y también del otro, coincido con él al 100%. Claro, que él sabe explicarse mucho mejor que yo. Por eso lo recomiendo: creo sinceramente que en esta cuestión los gays nos estamos metiendo en camisa de once varas; y lo menos que puedo desear es que, al menos, haya una discusión verdadera al respecto. Que la oposición a la idea dominante favorable al matrimonio gay no se reduzca, como hasta ahora, a confidencias expresadas en voz baja. Como dijo Ors en su intervención -que tuvo un crescendo maravilloso: el anciano que comenzó a hablar casi con dificultades por la falta de costumbre acabó a los pocos minutos convertido en un león rugiente, en un vigoroso orador que electrizó con su energía a buena parte del auditorio, y a mí en particular me hizo experimentar una especie de orgasmo mental irresistible, que para mi vergüenza se notó en la sala- "todo el mundo habla de lo estupendo del matrimonio; pero nadie se fija en lo que va a suponer el divorcio".


El -encanto -masculino

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