Anika entre libros

Fernando Pessoa y Ophelia Queiroz

Teresa Marcos, abril 2004


La vida de este autor portugués, que nació en Lisboa y que a pesar de haber pasado una parte de su adolescencia y juventud en Sudáfrica, apenas salió de su ciudad y alrededores, fue solitaria y dedicada casi en exclusiva en sus 47 años de vida a su gran obra literatura.

Pessoa está unido a la capital portuguesa por muchas razones y casi todos los que hemos viajado a Lisboa recordamos su figura en la escultura de una de las plazas principales del Chiado, junto a las cuestas, callejuelas y miradores del barrio, a los que uno puede asomarse y divisar el inmenso Tajo y su desembocadura.

Esa ciudad, que se asoma a su río en uno de los parajes naturales más asombrosos de la Península Ibérica, tiene en Pessoa un referente cultural de primera magnitud y como tal su tumba está, junto a los grandes poetas portugueses como Luis de Camoens, en el Monasterio de los Jerónimos.

Desde allí y mirando al río que está a punto de ser mar, se puede degustar su poesía, aconsejo hacerlo en portugués, porque aunque parezca difícil al principio y aún solo sabiendo español, con muy poco esfuerzo y sin importar que a veces pueda perderse el sentido exacto de las palabras, se siente el ritmo y el sonido de los versos.

En él único libro de versos que Pessoa escribió con su nombre verdadero "Mensajes" se puede leer el poema titulado "Mar Portugués" y que dice que está salado por todas las lágrimas derramados por el pueblo portugués que a lo largo de los siglos ha llorado a quienes han perecido en sus entrañas para pescar o para explorar nuevas tierras o ese otro: "Que o mar com fin sera grego ou romano: o mar sem fin portugués". (Que el mar con fin será griego o romano: el mar sin fin es portugués).

La fuerza de ese Océano rompe a menudo con furia en las costas y recuerda el miedo que debía producir el Atlántico antes de conocerse sus límites, como saben muy bien los gallegos con su costa de la muerte, y como los portugueses recuerdan en su Cabo la Roca, un acantilado escarpado que es el punto más occidental de todo el Continente Europeo.

Pero en este pequeño artículo no quería hablar del mar, sino de la que fue la única relación amorosa de Fernando Pessoa, Ophelia Queiroz, a la que conoció cuando ella tenía sólo 19 años y el 32.

Su relación se puede entrever en un precioso libro titulado "Cartas de Amor" y que se publicó sólo a la muerte de Ophelia, que murió muchos años después que él y que sólo entonces permitió que se publicaran las cartas de su relación con el poeta.

Pessoa murió a los 47 años con el hígado destrozado por la bebida y cuando ya había renunciado hacía mucho a casarse con su querida Ophelia, una señorita burguesa para la que él, dedicado por entero a la literatura, creía no tener ni suficiente dinero ni tiempo como ella merecía.

Ophelia sólo se casó tras morir Fernando y vivió en su larga vida un matrimonio tranquilo y feliz aunque reconoce que nunca sintió por su marido la pasión que vivió por el poeta, que la llamaba bebé porque era baja y delgada y que la hizo versos en los que, con gran ternura, llegó a compararla con una pulga.


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