Anika entre libros

El timo de la independencia, según Saramago

Jaume Cordelier, septiembre 2004


El 30 de julio pasado un querido amigo me hizo llegar una invitación para escuchar una conferencia de José Saramago. A pesar de que la conferencia fue pronunciada en Santander, es decir, bastante lejos de mi residencia, me animé porque la ocasión fue posiblemente irrepetible. Creo que el Nóbel portugués es una de las mentes más lúcidas de la actualidad y además el tema, nada menos que la independencia del periodista, era muy interesante. Tenía interés en oír lo que piensa Saramago sobre esa ficción que es la libertad de prensa. Así que me armé de valor y encaminé mis pasos a la capital cántabra donde mi amigo Pepe me esperaba con impaciencia. He tenido la suerte de trabajar con él muchos años y es un buen colega y un excelente periodista.

Saramago no me decepcionó en absoluto y creo que puso las cosas en su sitio. En su opinión no se puede hablar de la independencia del periodista. Entre los que se hayan tomado la molestia de leer las crónicas sobre lo que dijo este escritor, habrá quienes piensen que Saramago efectuó una crítica general sobre el "mundillo" de la información y sus "componentes".

Yo creo que en general el periodista normal y corriente, en que cada día se gana duramente su jornal trabajando, logrando noticias allí donde incluso parece imposible quedó bastante bien parado y que como dijo Saramago es consciente de que es utilizado. Una veces con descaro y de forma burda y otras con más elegancia pero, en definitiva, es un mero instrumento. Sin embargo insisto es que este profesional al menos es más digno que los llamados creadores de opinión.

No pueden decir lo mismo los empresarios o los "figurones" de la información que, en la mayor parte de las ocasiones se han olvidado de su ética y profesionalidad para caer en la peor de las subjetividades. Y que conste que la subjetividad no es negativa en sí misma. No creo que un periodista tenga la capacidad de abstraerse de los problemas que le rodean y ser capaz exponerlos de forma totalmente aséptica. Lo que no es admisible es la utilización de la mentira, la calumnia, el insulto y todo eso que tanto agrada a esos que participan en las tertulias y que se aprovechan de una especie de impunidad social.

Yo, que se he sido cocinero antes que fraile, sé una buena parte de lo que se cuece en las cocinas de los medios de comunicación. Lo primero que hay que decir es que no conozco ni uno solo que sea independiente y esto afecta, desgraciadamente, a los de titularidad pública que son mantenidos de forma directa o indirecta con los impuestos de todos los españoles y a los privados que están siempre al servicio de intereses empresariales y no al de la información veraz.

En cuanto un Gobierno -el que sea- llega al "poder", lo primero que hace es controlar los medios de comunicación sobre los que ejerce el control que, en nuestro caso, son TVE y la Agencia EFE. Es cierto que dentro de esta normal general hay matices, y se puede pasar desde la vergonzosa manipulación, como en los pasados años, a la presión más o menos subliminal pero, a efectos del trabajador, el resultado es el mismo: la pérdida de libertad y muchas veces la autocensura.

Por lo que hace a los medios de propiedad privada no comprendo como tienen la desfachatez de poner la palabra "independiente" en la cabecera de sus portadas. No hay nada menos independiente que un periódico. Dependen sobre todo de la publicidad, ya que, con las ventas diarias a los lectores, y más en este país no sacarían ni para pagar el sueldo del repartidor. Y si dependen de la publicidad, está claro que no van a atacar a aquellas empresas o instituciones que les dan de comer, salvo que sea un caso tan escandaloso que no quede más remedio y, desde luego, siempre dentro de unos límites razonables.

Supongo que los lectores de cierto medio nacional se percatarían en su momento de que la campaña que en su día se organizó contra cierto ministro del PP, se acabó poco antes de que la empresa propietaria de ese diario lograse hacerse con el control de cierta plataforma televisiva. Curioso ¿verdad?

Como también es curioso que desde otro medio nacional se confunda a la ciudadanía con la existencia de un tal Juan III, que habría sido rey de España y que curiosamente jamás ha existido. Sencillamente es un invento, una tergiversación. Eso por no hablar de casos más difíciles de detectar. También pasa que, en demasiadas ocasiones, se dan noticias sin haberlas contrastado suficientemente, o que han partido de un rumor y que sólo podrían aparecer en diarios sensacionalistas o sencillamente son producto de la necesidad de hacer una portada llamativa.

De igual manera que se explota vergonzosamente a miles de profesionales con horarios interminables, sueldos de miseria, la espada de Damocles de los contratos temporales, presión para que logran la tan ansiada exclusiva y cosas similares.

¿Se han dado los lectores cuanta de que en los medios de comunicación es extrañísimo que se haga un paro? Evidentemente no es consecuencia de que tengan unas condiciones óptimas laborales sino de que hay tal cantidad de chicos y chicas con contratos por renovar cada tres o seis meses, que el miedo a perder ese "excelente" puesto de trabajo, supera cualquier otro tipo de reivindicación por muy justificada que esté. Con lo cual nos encontramos ante la famosa pescadilla que se muerde la cola: yo no reivindico porque tengo miedo de perder lo poco que tengo y el propietario se aprovecha de esa situación para no hacer concesiones. Y así llevamos años.

Por si todo esto fuera poco, cada año salen de las dichosas facultades de periodismo cientos de jóvenes que no tienen donde trabajar y que incrementan una legión de parados en expectativa de mejora que se conforman con lo mínimo y suponen en peligro para los que ya han conseguido meter la cabeza en cualquier medio.

Así que, no sólo es que los medios de comunicación carezcan de la mínima objetividad e independencia, lo que es perfectamente demostrable, sino que en casi todos los casos se trata de empresas que están entre las más explotadoras.

Son muchos los que carecen de un verdadero convenio colectivo y las negociaciones salariales se llevan individualmente entre el trabajador y el director del medio. Evidentemente esto fomenta la tan alabada competitividad y la deslealtad entre los propios compañeros.

Resulta grotesco y penoso que quienes se pasan el día escribiendo y pontificando en terribles editoriales sobre las actividades y actitudes de los demás tengan tantos trapos sucios en su casa, donde parece que es difícil que entre el jabón y el aire fresco.



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