Anika entre libros

El pesimismo como cuestión nacional

Alvar Mendes, mayo 2007


"Desde que exista a morte, imediatamente a vida é absurda" (Amália)

Qué se puede pensar de un país que, en una encuesta televisiva, por muy poco seria que pueda parecer, como opina Mario Soares, elige como personaje más importante de su historia al dictador Antonio Oliveira Salazar, con un 41 por ciento de votos, relega a Luiz Vaz de Camoens y Fernando Pessoa y al mismo Marqués de Pombal, y que ni siquiera tiene en cuenta a Saramago, Eça, Amalia, Antero de Quental, Eugenio De Andrade, Teofilo Braga, Florbella u Oliveira Martins, entre otros. ¿Es que estamos todos absolutamente locos?

Algunos, alarmados, quieren dar una explicación a lo inexplicable y argumentan que la mala marcha de la economía puede hacer "añorar" (atención a la palabra) a la dictadura. ¿Alguien puede imaginar que en Italia o en España, dos países con los que compartimos tanto y de los que estamos tan distanciados al mismo tiempo, añoren a Benito Mussolini o a Francisco Franco? Sólo alguna minoría bien definida lo hace y es casi un fósil, una reliquia.

Querría llamar la atención sobre la palabra "añorar" porque sobre ella gira, aunque pueda sonar a tópico, todo el problema del pesimismo de Portugal que está tan arraigado en el país, en la nación o en el pueblo, según se prefiera, y que ya forma parte del carácter nacional, si es que admitimos que los pueblos pueden tener esa cualidad.

Añoranza (saudade), terrible palabra, tan cara sin embargo a aquellos que están impregnados del espíritu pesimista portugués, de una especie de fatalismo endémico; querer volver a ser lo que se fue y es imposible volver a ser, el pesimismo por lo que se sabe que no puede ser. La saudade de la vieja gloria imperial y la espera eterna de la vuelta de Portugal al sitio que teóricamente le corresponde.

Es evidente que la no-aceptación de la realidad, es más, su negación absoluta, conduce al pesimismo metafísico, al estilo de Antero de Quental, el primer escritor poeta que abrazó el socialismo y lo hizo compatible con su profunda religiosidad. Escritor pesimista, introspectivo que acabó suicidándose.

Porque, al igual que Italia tuvo a Leopardi, Alemania a Schopenhauer o años más tarde España a Unamuno, Portugal también tuvo en Antero el más ilustre representante de ese pesimismo nacional, bien que no sólo, porque a él se sumaron otros muchos.

Pero, hay en mi opinión, entre ellos, serias diferencias, porque mientras el pesimismo del filósofo alemán, es egoísta, consecuencia de su desprecio por el mundo, por los otros que no son él, el de Antero y Leopardi coincide en su cansancio por vivir, su auténtico asco por la vida, que aumenta con el paso de los años; por un deseo ferviente de morir para dejar de sufrir. Ven la muerte como un hecho liberador.

Tal vez la enfermedad que acompañó a Antero de Quental casi toda su vida, lo mismo que a Leopardi su deformidad física, fueran ciertamente insuperables y les llevara a esta visión.

El español, que no quería ser considerado pesimista, lo es por la angustia que le provoca búsqueda incesante de la inmortalidad que le sumerge necesariamente en la incertidumbre de la duda sobre el yo. De no saber exactamente qué hay después de la vida, de no resignarse a morir y pasar.

Antero, más coherente que el maestro de Recanati, que esperó la muerte deseada tantas veces, acabó como ya he dicho pegándose dos tiros.

Sin embargo, mientras que parece que España, Italia o incluso la melancólica Alemania han superado sus respectivas etapas de pesimismo, Portugal ha hecho de él, una especie de baldón, de estandarte nacional del que se siente orgullosa.

E instalados en ese pesimismo metafísico, en tanto se espera la vuelta de ese quinto imperio, al estilo de Pessoa, mientras regresa montado a caballo y vencedor Don Sebastián para salvar a Portugal y al mundo (nada menos), damos la espalda a la realidad y miramos a la que consideramos nuestra única salida posible: el mar. Portugal es el país donde acaba la tierra y comienza la mar, que dijo Camoens. Craso error que el inconmensurable Eça no dejo nunca de señalar.

Es aquí también significativa la coincidencia pues Eça, como en España, por ejemplo Ángel Guimerá, creen que la razón del atraso nacional está precisamente en las consecuencias de las conquistas americanas que han impedido a los países ibéricos mirar hacia Europa.

Y a través de la mar, exportamos lo nuestro que, a la larga, y también soy yo en esto pesimista, es muy poco: el fado y el idioma. Nada más. Y nada menos me dirán en tono triunfalista algunos de los que, seguramente añoran la dictadura.

Es cierto que el idioma portugués es hablado por millones de personas en varios países del mundo, pero ¿a nosotros nos sirve algo? No pasa de ser el idioma de países del tercer mundo y, por ello, sin peso específico, ni política ni culturalmente. Por tanto, más motivo para el desánimo y el pesimismo. El idioma de Camoens, el de los Lusiadas, el de la poesía maravillosa de Eugenio De Andrade, el del Nóbel Saramago, no tiene demasiada importancia más allá de Portugal.

Sin ir más lejos, en esta excelente web, la literatura lusitana está reducida al mínimo, sin presencia verdaderamente significativa, salvo en el caso de José Saramago, como es lógico. ¿Dónde están los demás? Y no digo esto como reproche a los seguidores de "Anika Entre Libros" sino como la simple constatación de un hecho. La literatura portuguesa prácticamente no cuenta. ¡Y eso en una web cultural española!

Sin embargo, y por seguir con la misma web, no deja de ser significativo que en la sección de música hay un artículo dedicado al fado y nada menos que tres entrevistas con sendas grandes fadistas, además de un artículo sobre Amalia que yo mismo escribí. Está claro que el fado sí cuenta más allá de las calles de Lisboa.

Nuestro inveterado pesimismo fue incluso motivo de comentario para el ilustre Miguel de Unamuno que en 1908 escribió, creo que desde Espinho, cerca de Aveiro, unas palabras que son un resumen de lo que acabo de decir: "¿Qué tendrá Portugal para así atraerme? ¿Qué tendrá está tierra por fuera tan riente y blanda, y por dentro atormentada y trágica?

Le bastaron al ilustre pensador español poco más de dos líneas para definir el verdadero problema: la tragedia y el tormento, que aunque él quizá en ese momento no lo comprendiera están en la saudade, en la añoranza, en lo imposible, en la tragedia de creer que sólo la mar es nuestra salida; en la mar y en el fado.

Y este tormento se traslada indefectiblemente a la literatura y a la música que son, en mi opinión, las dos formas más íntimas en las que puede expresarse un pueblo. Creo que mucho más que la arquitectura o la pintura, por citar dos ejemplos.

La literatura: transmite, salvo en el caso de Eça de Queiroz, porque quizá sea el menos portugués de todos, una tristeza secular, dudas y más dudas, búsqueda de un destino. Pessoa y Antero de Quental son posiblemente los mejores ejemplos. Incluso el poema épico Lusiadas, es pesimista.

Eça, tuvo la genial idea de denominar al grupo de amigos que se reunían asiduamente en el hotel Bragança de Lisboa, "los vencidos de la vida" que, aunque no pasó de ser una ironía del maestro, es por si misma muy significativa.

El Fado: decía Amalia Rodrigues que el fado es la expresión de quien se resigna. Se resigna en su pobreza, en su hambre, en su -de nuevo- saudade. Y de nada sirve intentar cambiarlo, porque al final, vuelve el tormento.

De hecho, Amalia, intentó dar aires nuevos al fado, sacarlo de su eterna resignación, del canto pesimista en que se había convertido, a fuerza de querer ser pesimista. Creo que a la larga no lo consiguió, salvo en contadas ocasiones. Las fadistas modernas, cuando se sienten verdaderamente portuguesas es cuando vuelven a la raíz del pesimismo, cuando hacen llorar.

Puede decir Mafalda Arnauth, una de las mejores voces del momento, que quiere sacar al fado de su pesimismo (lo hace en una entrevista en esta misma web) pero dudo mucho de que lo consiga, porque pensándolo bien un país que añora a un dictador, sólo puede ser un país pesimista.

Alvar Mendes (Semana Santa 2007-Aveiro. Portugal)

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