Anika entre libros

Dos buenas noticias para el idioma

Jaume Cordelier, febrero 2005


Los que estamos interesados en la conservación de todas y cada una de las lenguas que existen en España y que, además, abogamos por la convivencia pacífica de todas ellas, hemos recibido en las últimas semanas dos buenas noticias.

Por un lado, la Agencia EFE ha presentado su Fundéu (Fundación del Español Urgente), que se realiza sobre la base del departamento de estilo que ya tenía la citada empresa informativa aunque, he de reconocer, que no me gusta el nombre.

Bien está, sin embargo, que las empresas de titularidad pública se preocupen, y mucho más si están en el ámbito informativo, del cuidado y buen uso del idioma castellano. Tampoco sería mala idea que ese cuidado se extendiera asimismo a los restantes idiomas que se hablan por estas latitudes, tan necesitados de cuidados o más incluso que el castellano. Y para comprobarlo no hay más acudir a las hemerotecas y repasar las noticias que sobre este asunto se han publicado.

Porque las agresiones que sufre el idioma castellano, pese a lo que se diga desde algunos sectores más preocupados en fastidiar y dividir que en la verdadera conservación del patrimonio cultural, no vienen de las otras lenguas peninsulares que, desde el punto de vista de los que tanto defienden la constitución, son tan españolas como la castellana. Eso es demagogia.

No hay más que leer algunas informaciones o incluso artículos de opinión, para constatar la invasión de extranjerismos que sufre el castellano, especialmente de palabrejas de origen inglés que podrían ser perfectamente traducidas. ¿Pereza, desinterés o las dos cosas a la vez?

Que nadie crea con esto que voy a caer en la ridiculez del régimen franquista que en su fanatismo nacionalista llegó a extremos inauditos, tales como suplantar las voces originales por estúpidos neologismos: el Cognac siempre será coñac y la ensaladilla rusa será conocida también por ese nombre.

En realidad me refiero a palabras como zapping, mobing, piercing y similares que han invadido de forma ostensible nuestro idioma. Palabras que, además, no presentan graves dificultades a la hora de ser traducidas. ¿Por qué seguir usando márketing, cuando se puede emplear técnicas de mercado o mercadotecnia? ¿Y rénting y leasing?

Durante años, los que retransmitían partidos de tenis utilizaban los términos ingleses, hasta que poco a poco se impuso el castellano. Ya nadie dice "deuce", sino iguales o empate o "ace" por tanto de saque directo. Pues bien, si en el terreno deportivo se han conseguido avances muy significativos, ¿por qué en el resto no se avanza?

Y por volver a la Fundéu, lo que no me acabo de explicar es que pinta en todo este asunto el BBVA, entidad privada con ánimo de lucro (y mucho) que también participó nada menos que con su polémico presidente, en la presentación. Supongo que dada la mentalidad mercantilista del citado banco, intentará sacar alguna ventaja o contrapartida.

Así que como desde los medios de comunicación se puede y debe hacer una gran labor en la defensa del idioma a través de su buena utilización me alegro de la iniciativa de EFE y espero que se extienda lo antes posible.

La segunda buena nueva, aunque sé de sobra que algunos no compartirán en absoluto mi entusiasmo, es la decisión de la Academia de la Lengua de la Comunidad Valenciana de reconocer la unidad lingüística del catalán, algo lleno de sentido común y que, para nada, impide el reconocimiento del valenciano como idioma. Bienvenida sea pues ésa decisión.

La unidad de la lengua catalana no significa la inexistencia de una variedad lingüística, con personalidad propia, que merece reconocimiento. Ya he dicho en alguna otra ocasión que el error está en usar el idioma como arma arrojadiza, como elemento de controversia, como río donde pescar votos. Nadie en su sano juicio se pondría a discutir sobre el origen latino de las lenguas castellana, catalana, francesa o italiana, por citar las más conocidas. Pues bien, el valenciano y el mallorquín comparten ese origen con, y a través del catalán.

Por tanto, no hay que confundir unidad lingüística con unidad política, error muy común y casi siempre interesado y que tiene consecuencias casi siempre nefastas. El alemán se habla en zonas de la República Checa, en Suiza y en Austria y hoy ya nadie reclama la unidad de esos países. Comparten el idioma pero con instituciones bien separadas. Este es el ejemplo a seguir salvo que los ciudadanos decidamos otra cosa.



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