Anika entre libros

Premios de Novela Ciudad de Torrevieja 2008. Página 2

Anika Lillo, noviembre 2008

Premios de Novela Ciudad de Torrevieja 2008. Página 2

 

Smiles1

 

La crisis llega a los premios pero y qué

La crisis que azota el país había afectado también a los premios. Se invitaban a jefazos y gente importante y se eliminaban de las listas a algunos que provenían de medios de menor tirada o sin suficientes lectores (eso me dijo alguien cuyo nombre no recuerdo). También habría otros cambios que nos enteraríamos más adelante, como que al día siguiente no habría comida (¡Oh, Dios! eso sí que era terrible ¡no poder hacer más fotos! ¡tener menos oportunidades de estar juntos y conseguir conversaciones literarias más interesantes!) o que volveríamos en un tren normalito, no el Euromed, que va más rápido. Pero ¿y qué? Había que divertirse igualmente y hacer nuestro trabajo al mismo tiempo así que yo me puse rápido manos a la obra (pensaba en divertirme, claro, el trabajo vendría ya en Torrevieja)

En el tren aprovechamos para ir de un sitio a otro, hablar unos con otros, y conocernos quienes aún no nos conocíamos. Obviamente para Vanessa yo era nueva, y como íbamos a estar en contacto a menudo aprovechamos para charlar. Cerca teníamos a Teresa (a quien sustituiría)* y al antes mencionado Baltasar Bueno, que aunque definí anteriormente como "de cara divertida", lo cierto es que estaba muuy muuy serio. Y juro por Dios que cuando finalizó mi conversación con Teresa y Vanessa, el señor Bueno se moría de la risa tras pasar de un gesto a otro (digamos... seriedad, sorpresa, asombro, expectación y risas).

* Sí, seguro que habéis pensado -como pensé yo- que Vanessa y Teresa suena a dúo pop.

Y es que al llegar la hora de conocernos también llegó la hora de ciertas confesiones... ejem... Este verano dejé por unos meses Anika Entre Libros porque me había salido un trabajito, y para no dejar sin información a los lectores, pero con algo de humor e incógnita, dejé un mensaje en el blog (para quien tenga curiosidad y de paso leer las reacciones, ver post). Y de este tema precisamente estaba hablando con las chicas cuando el tono erótico festivo subió varios grados.

Durante unos meses me dediqué a hacer definiciones de artículos de una tienda erótica, y en un momento dado hice la definición oral de uno de los objetos más extraños y horteras que había visto en mi vida, y lo hice tratando de definirles cómo era para luego soltarles la definición que puse. Se trataba de un consolador (Baltasar Bueno con cara seria. Estaba demasiado cerca para no escucharnos). Pero era un consolador bastante particular, porque servía para el punto G aunque era grueso, y además tenía como pinchitos a su alrededor (suaves y blandos, claro) de colores amarillo y verde. ¡Qué difícil imaginarlo, ¿verdad?!.

Vale, cuesta demasiado, mejor verlo (¡no se me ofenda nadie! Recordad que definí mi trabajo en el blog como un trabajo, tiene algo de literatura, sin embargo es erótico en exceso)

 

Conso

* Lo de "literatura" viene porque algunas de mis descripciones salieron desde noveleras, hasta poéticas.

- El caso -les contaba- es que no se me ocurría cómo definirlo porque sólo me venían a la mente verduras, por los colores que tenía...

... risas de Teresa y Vanessa, también mías, y Baltasar Bueno con el ceño fruncido y a punto de pasar por las distintas fases gestuales... Continué:

- Así que recordé algo que leí en un libro (Anécdotas de Enfermeras, Elisabeth G. Iborra, Styria) y supe cómo describirlo. Al final mi descripción del producto decía algo así: "Si te gusta ser extravagante, aquí tienes tu consolador. En las Urgencias de los hospitales están hartos de atender a gente que se introduce pepinos, plátanos o berenjenas. ¡Olvídate de las verduras y usa este estrambótico consolador verde y amarillo!)

... Descojono total y... ¡Baltasar Bueno riéndose! Bertolín, que había escuchado las risas desde otra parte del tren, vino a ver qué pasaba (es que intenta no perderse ni una, sobre todo si hay risas incluidas), y como llegó tarde me negué a contarlo otra vez -me parecía demasiado-, pero ahí Baltasar demostró que tenía sentido del humor y le dijo que ni se imaginaba la conversación que habíamos tenido, riéndose y con ciertos coloretes naturales (o sea, sonrojo total) que aparecieron en sus mejillas.

Bueno, como esta crónica se basa en unos premios literarios, con dejar aquí una de las anécdotas y pasar a los invitados, mejor que mejor. Pensad que si sólo hablo de la parte en la que yo me divierto y nada más, igual dejan de invitarme y no quiero perderme estos premios (que por cierto, avanzo, han cambiado también dándoles más credibilidad, algo de lo que luego hablaremos).

El viaje en el autobús nos sirvió también para charlar acerca de traducciones de libros escritos originalmente en catalán, que no se traducen al castellano. Nosotros apostamos por Marc Pastor y La mala dona.

Cuando llegamos (trasbordos incluidos de tren a autobuses, saludos a quienes nos íbamos encontrando, como Valérie Tasso que me presentó a su novio, Jorge) y con la que charlé sobre la entrevista que teníamos pendiente (y otras cosas), hicimos lo mismo que el año anterior: Fuimos a las habitaciones a dejar las maletas y bajar -Manel y yo- para tomarnos algo y luego sentarnos en uno de los sofás a ver, mirar, admirar, charlar o sorprendernos (eso ya no dependía de nosotros, claro)

Si recordáis del año anterior, me sorprendió ver una maleta en mi habitación y pensé que iba a compartirla (principiante que era una...), pero luego me enteré de que era un regalo. Llegaba yo a mi habitación sabiendo que "algo" me esperaría dentro cuando al abrir no vi nada... ¡Pero sí! Una caja reposaba en una mesa y no pegaba con la decoración. La abrí, metí la mano y empecé a sacar una cosa muy rara con pantallitas. Ignorante que es una pensé ¿y si es una ipod? ¿o un lector de ebooks? ¡¡Ignorante pero hasta incluso cuando saqué el detalle!! Cuatro pantallitas -cual árbol navideño- colgaban una debajo de otra con movimiento independiente y... no sabía para qué eran... Y así me quedé, hasta que descubrí -porque me lo dijeron- que era un despertador (ya os contaré para qué era las tres restantes pantallas donde no pone la hora)

Y al sofá (tras congelarnos en la terraza) nos marchamos Manel y yo. Allí conocí a un ser bastante especial pero que no sabía de qué iba... Para empezar se acercó a saludar a Manel y empezó a hablar con acento (finalmente supe que era cubano), luego se dejó caer sobre un sillón frente a nosotros y a hablar y hablar sin descanso. Al parecer, él y Manel se habían conocido el año anterior en el viaje de vuelta a Barcelona. Yo escuché su nombre y al momento se me olvidó (estaba más pendiente de su perorata; y esto me pareció porque es que no nos dejaba ni hablar)... Sin embargo su conversación con Manel -siempre y cuando le dejara hablar- era de lo más simbiótica. Hablaban de lo mismo. Hasta que mentó un libro y su caso con él: Las benévolas, de Jonathan Littell.

Fue entonces cuando ambos coincidimos en "algo" y aquello dio un vuelco. Así descubrí que Julio Guerrero (la COPE) cae mejor cuando coincides con él en algún sentido, porque de lo contrario lo ves lejano y apabullante. ¡Ojo! ¡Que luego se descubriría como uno de los gamberros de Torrevieja!

Después de esto fuimos viendo llegar a algunas personas. Me sorprendió bastante ver a Alejandro Palomas en el hall -donde estábamos nosotros-. Yo le había entrevistado por su libro "El cuaderno del mago" y me daba la impresión de que su literatura no tenía mucho que ver con la de Plaza y Janés, claro que igual era un invitado como otro cualquiera. Iba de blanco, se le veía muy delgado (esto no es de extrañar) e iba acompañado de su editora, Sandra, una chica rubia muy maja.

Y entonces llegó una nueva sorpresa, ¡Carlos Morenilla motorizado! Uno de los chés, habitual de mis crónicas en Torrevieja, Feria del Libro de Valencia o Presentaciones Literarias, había llegado todo de negro, frío como el tiempo, y motorizado. (Jamás lo imaginé motorizado, la verdad... da otra impresión) Así y todo, no tuvimos mucho tiempo de charlar en este evento aunque me proporcionó un rato muy divertido que no puedo contar (a mí y a Manel)

He pensado que, aunque no pertenece a este evento, esta fotografía os recordará quién es Morenilla (y debo decir que es muy divertida porque está firme al lado de un Clip de Famóbil casi tan grande como él. La fotografía pertenece a la presentación de "La escriba", de Antonio Garrido, en Valencia)

 

Famobil

A continuación, nuevas anécdotas divertidas... (siguiente página, menú lateral derecho)

 

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