Anika entre libros

Ana Botella relata en un libro sus últimos ocho años de vida "no he sufrido el síndrome de la Moncloa"

Jaume Cordelier, abril 2004

 

"No he sufrido el síndrome de Moncloa"

He de reconocer que me sorprendió bastante recibir una invitación de la Editorial Plaza y Janés para que asistiera a la presentación del libro que acaba de publicar doña Ana Botella, mujer del presidente del Gobierno en funciones, José María Aznar. Me sorprendió pero me alegré, porque eso quiere decir que la web de literatura va por buen camino y acrecienta su prestigio de día en día.

Parece que a casi todo el mundo le ha dado por escribir últimamente. No sé si se tratará de una epidemia contagiosa pero, en cuanto alguien alcanza alguna mínima relevancia pública, sea por el motivo que sea, ya se cree en la obligación de contarnos su vida y milagros o dictársela a alguien para que la escriba. La verdad es que, en la mayor parte de las ocasiones, se podría ahorrar el esfuerzo. Así que, con ese criterio, tuve serias dudas sobre la utilidad de asistir o no.

El caso es que, a pesar de que en Madrid hacía ayer un día muy desapacible, como diría un taurino, y de las presumibles escasas hechuras literarias de la señora Botella, por seguir con el lenguaje de Cossio, me decidí a asistir al acto en cuestión que se celebró en el Hotel Palace de Madrid, muy cerquita del Congreso de los Diputados, testigo mudo de los "éxitos" de Aznar durante los últimos ocho años.

Y precisamente de estos últimos ocho años trata el libro, ya que, en él, se narra la vida del matrimonio Aznar y de su familia en el Palacio de la Moncloa desde que juró el cargo de presidente del gobierno hasta ahora. Ocho intensos años en la vida de los Aznar-Botella y en la de los españoles.

Y, como era de esperar, el éxito de la presentación del libro fue apoteósico. Nada menos que ocho ministros en funciones, entre los que estaban Federico Trillo y Ana Palacio y también presencia de otros políticos que no están en funciones como Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre, alcalde de la capital y presidenta de la Comunidad respectivamente, se dieron cita en el salón Neptuno del hotel madrileño, junto a cientos de personas. Menos mal que llevé mi invitación porque la fila de ciudadanos para acceder al acto era impresionante y me hubiera costado pasar al citado salón.

Doña Ana llegó tarde, casi veinte ministros, cuando ya algunos empezaban a expresar sus dudas acerca de su asistencia provocada quizá por algún inesperado acontecimiento político de última hora. Pero no; a las 20:20horas hizo su entrada precedida de su marido, al que escoltaban Mariano Rajoy y Javier Arenas, uno que va a ser jefe del primer partido de la oposición y otro que se va a Andalucía a intentar arreglar lo que estropeado Teofila Martínez. Sin embargo, y a pesar de la emoción contenida, no hubo desmayos. Aplausos muchos, pero desmayos no.

La presentación del acto corrió a cargo de "Rodri" (Rato) como dicen los guiñoles del Digital Plus. Cuánta adulación, cuánto lisonjeo, cuánto jabón. Que si amigos de toda la vida, que si ha sido huésped en no sé cuántas casas de los Aznar. Que si es una vieja amistad. En fin toda clase de parabienes. Tal vez por ello le manden a Rodrigo Rato de candidato al FMI, con escasas posibilidades de ser elegido. Fíate de los amigos.

Y llegó el momento culminante: habla Ana Botella (silencio absoluto). Miles de destellos de flases de cámaras fotográficas, presencia masiva de medios de comunicación, TV y radios. Noté cómo los latidos de algunos corazones escondidos bajo abrigos de visón se aceleraban intensamente. Oh, ¡qué momento! Empezó doña Ana con un recuerdo para los afectados por el atentado del 11 de marzo y explicó que la presentación del libro estaba prevista para el día 15 de marzo, es decir el día siguiente a las elecciones, pero que se aplazó dadas las circunstancias (aplausos). A consecuencia de esto se ha añadido un capítulo cero con impresiones sobre esa fatídica fecha.

La verdad es que yo creo que doña Ana, que sabía que tendría que abandonar la Moncloa al renunciar su marido a una tercera legislatura como jefe del ejecutivo, no se esperaba que su sucesor iba a ser doña Sonsoles, señora ZP. También pudo influir en la decisión de retrasar la presentación.

El libro, en poco más de 250 páginas, refleja una serie de recuerdos sobre la vida en ese Palacio. Yo recuerdo que en las primeras semanas de los Aznar en Moncloa se especuló con la frialdad de la residencia presidencial. Algo debe haber de cierto en ello y esto queda reflejado en el libro. Tengo la seguridad de que la Moncloa les pareció una vivienda francamente inhóspita.

Y quizá, posiblemente por esto, Ana Botella negó que sufriera el síndrome de la Moncloa, aquel que sí afectó a Adolfo Suárez y a Felipe González de tal forma que, en los últimos años de su mandato, estaban totalmente encerrados y alejados de la realidad. Además supongo que los gustos decorativos de los anteriores inquilinos eran muy diferentes de los Aznar. Por cierto, a Felipe González se le nombra en el libro dos veces y de pasada. Tengo que reconocer que no hay la más mínima crítica a los gustos de los González-Romero en lo que se refiere a la Moncloa. Apúntese en el haber de doña Ana. A Los Rodríguez Zapatero ni se les nombra.

Hay una descripción muy pormenorizada del Palacio y sus aledaños e incluso con detalles que me han parecido curiosos como incluir los nombres de los cuadros que Ana Botella ha pedido para decorar diversas estancias de su hogar durante estos ocho años. A veces algunas descripciones resultan ligeramente cursis.

También hay un buen número de fotos familiares, de amigos, de políticos nacionales (casi todos del PP) y extranjeros en las que se ve a Ana Botella ejerciendo de mujer del presidente del Gobierno o simplemente en funciones de "ama de casa", celebrando la Navidad.

En fin que, probablemente, el libro se venderá como las rosquillas, porque a todos aquellos a los que les gusta ahondar y profundizar en la vida de los personajes famosos les gustará con toda seguridad. Pero advierto que decepcionará a quienes busquen en sus páginas chismes y cotilleos porque no los encontrarán. En ese sentido impecable.

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