Anika entre libros

Amor tirano

Elisa Rodríguez Court, octubre 2004


Cuenta el Quijote que Grisóstomo, ferviente enamorado de la pastora Marcela, acabó quitándose la vida al no ser correspondido en su pasión. Marcela defendió su inocencia frente a la inculpación pública a la que fue sometida. Nada había hecho para tornarse en objeto de ofuscación. Tampoco se había visto, además, obligada a satisfacer un amor únicamente por ser amada. A Grisóstomo lo mató su arrojado deseo. Se murió de ardor.

En otro pasaje del libro, Cardenio, el Roto, aquejado del tormento de los celos, decidió emboscarse en las montañas. Dejó escrito a su enamorada: "Que mi desventura me lleve a parte donde antes volviera a tus oídos las nuevas de mi muerte que las razones de mis quejas". Su anhelo imposible le condujo a un desesperado término.

Son escenas que se repiten a lo largo de la historia de la literatura. Escasas son las veces que se suceden en el ámbito de lo tangible: se elige antes asesinar que perecer. Sobre todo en el caso de los hombres abandonados por su pareja.

Sencillo resulta en general entrar en el amor. Sin embargo, difícil cancelarlo si llega el desenlace. Contadas son las ocasiones en que se sale de una relación amorosa por la puerta grande. Se suele, por el contrario, pegar el portazo: apelar a una filosofía de las descalificaciones cuando previamente no se precisaba ninguna para la entrega. Es el momento de vengarse de quien resuelve desertar: alcanzar el convencimiento de haber escogido a un idiota allí donde la imaginación dibujó el rostro de su sueño. Se niega incluso a la persona sus propios atributos anteriores a la posesión. Es la manera perversa de liberarse de la tortura de la ausencia.

Se desama tan mal como bien se cree amar sólo por ser mucha la pasión. "O le falta al Amor conocimiento o le sobra crueldad", escribe Cardenio en una de sus cartas.

Ya podría imitar la realidad aquella literatura que, aún rebosante de emociones desenfrenadas, sugiere una salida menos indigna a la pérdida de la correspondencia amorosa. Como escribiera Cardenio, para que una parte no quede arrepentida de lo que hizo y la otra no tome venganza de lo que no desea.



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