Anika entre libros

Al morir don Quijote

Ficha realizada por: Lidia Casado
Al morir don Quijote

Título: Al morir don Quijote
Título Original: Al morir don Quijote
Autor: Andrés Trapiello
Editorial: Destino
Colección: Áncora y Delfín


Copyright:

© Andrés Trapiello, 2004

© Ediciones Destino, 2004

Edición: 1ª Edición: Octubre 2004
ISBN: 9788423336623
Tapa: Dura
Etiquetas: clásicos, versiones, homenaje, literatura española, novela, siglo de oro, Quijote, Cervantes, locura
Nº de páginas: 416

Argumento:

Andrés Trapiello se pone en la piel de Cervantes para continuar, con maestría y profundidad, la historia de don Quijote justo en el punto en el que el alcalaíno la dejó. ¿Qué pasó al morir el Caballero de la Triste Figura? ¿Cómo afectó su muerte al resto de los personajes de la novela cervantina? Trapiello nos lo cuenta.

 

Opinión:

 

No es la primera vez, ni será la última, en la que un escritor actual se decide a continuar una de las grandes obras de la literatura universal. En este caso, el reto era colosal: cambiar el punto final de "El ingenioso caballero Don Quijote de La Mancha" por un punto y seguido que continúe las desventuras de Sancho Panza, Sansón Carrasco, el ama y la sobrina… y lo haga con verosimilitud y siguiendo la estela marcada por el propio Cervantes, así como por su personalísimo estilo. Y Andrés Trapiello lo consigue: logra meterse en la pluma del alcalaíno, empaparse de su manera de contar y de la personalidad de los personajes que creó para ofrecernos una continuación plausible de lo que pudo ocurrir, modernizando la expresión pero sin perder la esencia cervantina.

Trapiello analiza minuciosamente qué ocurrió al morir don Quijote, cómo afectó su muerte a sus vecinos y amigos, qué pasó con sus posesiones, su sobrina, su ama; cómo se quedó el pobre Sancho sin su amo o en qué se convirtió el Sansón Carrasco que venció al caballero y le hizo regresar a su casa para morir, recuperada la cordura. Pero al trazar ese análisis meticuloso, el autor leonés llena de vida nueva a esos personajes, les da una mayor profundidad y nos ofrece datos de su trayectoria desconocidos para el lector hasta el momento. Trapiello hincha como globos a los personajes que en la obra cervantina eran poco más que decorado para convertirlos en seres casi casi de carne y hueso que tratan de reponerse a la muerte del caballero y continuar con sus vidas.

La capacidad para devolvernos al Quijote cervantino y la profundidad que da a los personajes ya inventados son dos de los puntos fuertes de esta novela junto con el que creo que es el más interesante: el continuo juego entre realidad y ficción, entre vida y literatura, entre personajes y personas que se mantiene durante sus páginas. Trapiello toma, aquí también, el testigo de Cervantes para romper la frontera entre lo que es puramente ficción literaria y lo que es realidad histórica. Así, prolonga el juego metaliterario que ya aparece en la segunda parte de "El Quijote" por el que los personajes de la obra han leído la primera entrega escrita por Cervantes y hablan continuamente sobre ella. Algunos de esos personajes han leído, incluso, el Quijote apócrifo de Avellaneda (que también tiene su protagonismo en esta novela). De hecho, aquí se hacen múltiples alusiones a la publicación inminente de la segunda parte de las aventuras de Don Quijote, se especula con quiénes aparecerán en ella y cómo quedarán retratados y hasta se analiza la repercusión para el pueblo y sus gentes de la fama de los libros de Cervantes y se presenta a quienes esperan sacar provecho de esa fama. El juego con la lectura de las obras cervantinas es tal que hasta Sancho Panza pide a Sansón que le enseñe a leer para poder conocer de primera mano (de primera mano escrita, porque él ya las vivió in situ) las aventuras de su amo, reconocerse, recordarle para siempre… y descubrir las artimañas que los duques utilizaron en aquella segunda parte para reírse del caballero y de su escudero.

Trapiello venga esas burlas, venga a los personajes cervantinos y hasta al propio Cervantes: enterados de las penurias económicas por las que atraviesa el autor, Sansón y Sancho se deciden a viajar a Madrid para entregarle el dinero que los duques dieron a escudero y que este, tras leer sus burlas, no quieren ni ver. Esta visita, al más puro estilo de Unamuno, no llegará a producirse: en una vuelta de tuerca más, Trapiello (o la vida misma, porque al final Cervantes solo sobrevivió a Don Quijote en unos meses) establece un paralelismo entre las vidas y las muertes de creado y creador, entre autor y caballero, con el que rinde homenaje a ambos.

Además de este juego metaliterario, el autor incluye continuas reflexiones sobre los dones de la literatura, sobre lo que supone leer, sobre el placer que causan las buenas historias y sobre quienes las aman tanto como el propio Don Quijote hizo con sus libros.

Leer "Al morir don Quijote" ha sido como volver al universo quijotesco inventado por Cervantes. El gran conocimiento que del autor y su obra tiene Trapiello ha logrado consumar una continuación más que digna a la que, probablemente, hasta el propio Cervantes hubiera dado su aprobación.

Lidia Casado

 

 

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