Anika entre libros

abrieron las ventanas

Ficha realizada por: Anika Lillo
abrieron las ventanas

Título: abrieron las ventanas
Título Original: (abrieron las ventanas, 2009)
Autor: Raúl Hernández Garrido
Editorial: Irreverentes


Copyright: © Raúl Hernández Garrido, 2009
1ª Edición, Diciembre 2009
II Premio Irreverentes de Novela ISBN: 9788496959545
Etiquetas: autores, dimensiones, dimensiones paralelas, escritores, españoles, espíritus, fantasmas, hispanos, libros premiados, literatura española, literatura hispana, más allá, mundos paralelos, pesadillas, premio, sueños, surrealismo, viajes en el tiempo, v

Argumento:


Un hombre se fuga tras explosionar una bomba en un tren, aprovechando un accidente del furgón en el que va preso. Llega a una mansión, una mansión donde hay dos mujeres, una de ellas muy joven. La mansión, como las mujeres, le acogen al tiempo que le aislan, y le hacen objeto de sus deseos. Pero esas mujeres visten con ropas de otra época, ocultan un secreto, y a Santos, el hombre, le llaman por otro nombre.
 
EL AUTOR:
"Abrieron la ventanas" es la primera novela de Raúl Hernández Garrido. Ha escrito relatos incluidos en antologías como Poeficcionario, 250 años de Terror y Microantología del Microrrelato. Sobre todo, ha desarrollado una larga carrera como dramaturgo, distinguida con premios como El Espectáculo Teatral, el Lope de Vega, el Born y el Calderón de la Barca. Es guionista y director de los largometrajes Escuadra hacia la muerte, basado en la obra de teatro de Alfonso Sastre (2006) y Antes de morir piensa en mí (2009).

Opinión:


Leer por primera vez a Raúl Hernández Garrido empezando con esta novela es adentrarte en terreno nuevo: no ha escrito una novela al uso, no está estructurada como un best-seller... ni siquiera es una novela en si. Es una novela dentro de otra o, como diría Borges, una no-novela. Quizás, también, un laberinto: dos novelas que se unen al final pero... sin salida.
 
La sensación que me ha producido en todo momento a mí es la del viaje onírico. A Santos se le percibe febril y viviendo una vida que no es la suya, una vida que no rechaza, a la que se adapta, de la que disfruta lo bueno y soporta lo malo, porque la otra alternativa –salir de la mansión y dejarse atrapar por la policía y sus perros, más allá de los lindes de ésta- no es el final ideal, ni siquiera una opción. Pero al tiempo que el narrador nos habla de Santos, un nuevo personaje, aquel al que originalmente pertenece el nombre por el que llaman a Santos, nos narra su vida.
 
Estas dos vidas, la de Santos y la de Juan Domingo Urbieta (nacido en 1873), tienen en común la mansión y las mujeres: Eloisa y Clara. Y si hay algo que seduce en esta historia son ellas, las hermanas y sus roles, nunca claros del todo, siempre distintos según qué vida estemos leyendo, y en cambio siempre imprescindibles. El cambio de roles, además, es fantástico, en particular el de Clara, la pequeña... Clara que es una niña a la que supones algún problema mental poco aclarado, y Clara que es una niña precoz y que posee lo peor del ser humano. Dos Claras, dos Eloísas... Dos fantasmas, quizás.
 
Esta es una de esas novelas a las que no puedes darle explicación, una narración dentro de otra llena de guiños entre ellas, un laberinto sin salida, una serpiente que se muerde la cola. No necesita explicación, aunque puedes descubrirte fácilmente tratando de hacerlo, como cuando ves en el cine “Donnie Darko” y tratas de unir pistas porque quieres entender lo que está pasando. (Cito “Donnie Darko” porque su juego de pistas en la trama me fascinó; también podría citar, por esa sensación onírica, la serie “Twin Peaks”) Y algo de esto tiene “Abrieron la ventanas”, pues es un viaje onírico y febril, un sueño o una pesadilla, una experiencia –quizás- con fantasmas.
 
Sin embargo las dos historias con personajes compartidos no deben unirse, porque a pesar de los paralelismos, la relación es inexistente. Y ese es un juego que Raúl Hernández Garrido ha conseguido hacer bien: la verdadera historia, aquella que no es irreal, la que Santos vive (el tren, la mochila, la explosión), acabará por renacer. Lo demás es, en principio, ilusión.
 
Y debo decir que los personajes me han gustado mucho a pesar de las veces que me he sentido confundida con ellos. En Juan Domingo Urbieta y en Clara he encontrado a quien odiar, en Santos y en Eloísa, en cierto modo, a quien compadecer. Y es curioso esto último porque ninguno de los dos son seres bondadosos precisamente, pero es el contraste con los otros dos los que les dan esa impresión.
 
Momentos geniales –a la par que confusos en ocasiones- tiene la novela, a veces en forma de pinceladas oníricas (como Clara con las manos manchadas de tierra, o Eloísa apareciendo para hacerse cargo del pequeño) o brutales e inquietantes (como el cachorro sobre la cama de Santos, o el propio Santos prisionero de la lujuria de las dos mujeres...)
 
Podría seguir hablando de la novela porque es de esas que, aun no teniendo explicación, sí tienen mucho que observar y comentar, pero aquí lo dejo esperando que quien se atreva con ella aprecie el viaje febril, fantasmagórico e inquietante que he descubierto yo.
 
Anika Lillo

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