Anika entre libros

Col recalentada

Ficha realizada por: Patricia Rubiera
Col recalentada

Título: Col recalentada
Título Original: (Reheated Cabbage, 2009)
Autor: Irvine Welsh
Editorial: Anagrama
Colección: Panorama de Narrativas


Copyright:

© Irvine Welsh, 2009
© Anagrama, 2012

Traducción: Federico Corriente
Edición: 1ª Edición, Marzo 2012
ISBN: 9788433978318
Tapa: Blanda
Etiquetas: adicciones drogas alcohol antología deporte humor fútbol humor negro literatura escocesa sexualidad recopilatorio de autor relatos
Nº de páginas: 277

Argumento:

Recopilación que consta de ocho relatos en los que el escocés Irvine Welsh retrata la problemática de la juventud de Edimburgo, llena de sexo, alcohol, bestialidades impensables y diversión a raudales. Un paseo por el lado salvaje de aquella juventud de los noventa que se creyó perdida para siempre.

 

Opinión:


En las últimas décadas ha habido un libro o una película, muchas veces la segunda debida al éxito del primero, que ha marcado a toda una generación. Así los años ochenta fueron el coto de caza particular de Bret Easton Ellis retratando a la conocida como Generación X con sus excesos en "Menos que cero" y sus perversiones en la ya clásica "American Phsycho"; poco después fue el turno de aquellos JASP desencantados que no sabían qué hacer con su vida en "Reality Bites". Pero si tenemos que elegir el libro y la película que se adueñaron de los años noventa convirtiéndose en todo un fenómeno y en religión para muchos no cabe duda de que "Trainspotting" se lleva el gato al agua, los heroinómanos creados por Irvine Welsh nos mostraron los chutes como forma de vida de un modo tan humorístico y patético que se hicieron difíciles de olvidar. Ahora se recopilan estos ocho relatos escritos por Welsh a lo largo de los años noventa y el espíritu de "Trainspotting" se conserva íntegro.

Una juventud que deambula por las calles en busca de gresca, pasando las horas en el pub de su ciudad bebiendo litros de cerveza, sin oficio ni beneficio, adictos al LSD, al éxtasis, la heroína, el pegamento, cualquier cosa que les dé un subidón, es la protagonista de esta recopilación que se convierte a la vez en una experiencia delirante y grotesca.

Irvine Welsh no entra en juicios, ni vacías moralinas, reconstruye la vida de unos marginados, de la clase obrera del Reino Unido de finales del siglo pasado que subsiste gracias a los servicios sociales y a los cheques que el paro les ingresa semanalmente en la cuenta. La literatura del escocés está más cerca del costumbrismo de lo que uno cree, no inventa, es la cruda realidad, un realismo sucio en exceso que roza de cerca el esperpento, para mostrarnos que cada uno hace con su vida lo que da la gana, que tiene todo el derecho del mundo y al que no le guste que no mire, porque si mira demasiado acabará con los dientes esparcidos por la acera.

Este es el mundo de Welsh, un universo en el que el partido de fútbol es más importante que el que tu mujer se desangre como pasa en "Una avería en la línea", el lugar propicio para acabar a ostia limpia con el novio pijo de tu hermana en la cena de Navidad pero, claro, hay que tener valor para tocarle la moral al Begbie de "Trainspotting" en su puñetera casa como hace "El novio de Elsphet". Un mundo que se va a la mierda por momentos y que lo mejor que nos puede pasar es que los extraterrestres adictos al fumeque de "El incidente Rosewell" nos invadan y nos manden a tomar por el saco a la voz de ya porque, después de todo, de nada sirve que uno se deje los cuernos enseñando a esa panda de desgraciados para encontrárselos años después y ver que siguen metidos en el mismo pozo de basura en el que estaban, como nos cuenta el viejo profesor Black en "Miami soy yo".

No hay medias tintas que valgan, ni remilgos, ni lenguaje delicado, los personajes que por estas páginas arrastran el culo se expresan tal y como la panda de malnacidos que son, en argot, con tacos, improperios, todo un surtido de lenguaje barriobajero que el autor plasma sin tapujos, yendo directo al grano y acordándose de los muertos de toda la humanidad. Una humanidad a la que le importa un carajo que estos parados, parásitos de la sociedad, se pongan hasta el culo de coca mientras fantasean con follarse, a pelo, a la adolescente de turno y acaben pillando el SIDA, en respuesta ellos se dedican a ver el basurero que es vida tras la neblina de la borrachera y la consiguiente resaca, escupiendo en la cara de aquel que se cruce en su camino y riéndose hasta de la madre que los parió. La mordacidad con la que Welsh nos aclara que ese estercolero es su zona de comodidad y que no salen de él porque se está de puta madre, es delirante, un paroxismo irónico que no da tregua y con el que disfrutamos porque, no seamos hipócritas, a nosotros también nos importa un comino lo que esta panda haga con sus vidas mientras nos hagan reír.

Estos relatos de Irvine Welsh pueden herir susceptibilidades, justo lo que él pretende, dirigirse a un sector de pijotería que niega la existencia de esta gente que como Mark Renton eligieron la heroína en lugar de la vida. Puede que no sea una versión color de rosa de la juventud de toda una generación pero el autor no mira con ojos amables al pasado, después de todo así han sido las cosas y así "Col recalentada" nos la ha contado; mientras tanto iremos tirando hasta el día que la palmemos.

Patricia Rubiera

 

 

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