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recuerdos de una india sioux

Ficha realizada por: Saray Schaetzler
recuerdos de una india sioux

Título: recuerdos de una india sioux
Título Original: (american indian stories, 2011)
Autor: Gertrude Bonnin
Editorial: Erasmus


Copyright: © Gertrude Bonnin (Zitkala-Sa)
© Erasmus Ediciones, 2011
© Traducción de Carlos Ezquerra
1ª Edición, Mayo 2011 ISBN: 9788492806577
Etiquetas: autobiografía, autobiográfica, autobiográfico, autores, biografía, cuentos, escritores, estadounidenses, indio, indios americanos, literatura americana, literatura estadounidense, literatura norteamericana, norteamericanos, relatos

Argumento:


Zitkala-Sa, nombre indio que significa Pájaro Rojo, es el apodo con el que hoy en día se conoce a Gertrude Bonnin, una mujer nativa del pueblo dakota gracias a la cual hemos conocido una visión nada desdeñable de la historia reciente del continente americano.
 
Gracias a la tenacidad de una mujer que no se conformó con menos de lo que cualquier blanco de la época esperaba de ella, convirtió con su pluma la visión de una niña sioux en una serie de emotivos relatos, algunos de los cuales podemos disfrutar en esta narración.

Opinión:


Esta escritora, nacida a finales del siglo XIX, ha hecho llegar hasta nuestros días, ente otras narraciones, una serie de relatos basados en su niñez, transcurrida en las praderas de Missouri, así como antiguas leyendas indias que conoció por boca de los guerreros que, al anochecer y alrededor de la hoguera –qué lejano y bucólico nos debe sonar en estos tiempos que corren-, ya mostraban la importancia que se le otorgaba al tiempo dedicado a la familia, al clan, así como el respeto que mantenían hacia las tradiciones y otras actividades que, lamentablemente, hoy en día han pasado a engrosar las estanterías cuyo título reza pérdida de tiempo
 
Al final de la narración se incluyen varios de estos relatos-leyenda, que nos trasladan en un asombroso agujero negro de tiempo y espacio a esos fuegos alimentados con madera virgen, al eco de decenas de sonidos con el que sólo nos puede tentar un espacio abierto y el agravante satisfecho de la melancolía nocturna.
 
Rodeada de una naturaleza salvaje y bajo la atenta mirada de una madre tan severa como amorosa, que permite que la Gertrude Bonnin niña crezca libre, esto es, siendo ella misma; la madre (sioux) es una muestra de la calidad educacional que hoy en día se persigue en los progenitores, respetando los tiempos, ritmos personales y los sueños de los hijos, pese a que en ocasiones pueda llegar a producir dolor ver cómo los retoños maduran a su propio antojo, y que sus decisiones no siempre son acertadas. A este respecto, se aprecia que la madre de Zitkala-Sa supo entender, o al menos aceptar, los deseos de su hija. Me pregunto si ésta es una característica inherente al pueblo sioux o tal vez un signo de personalidad característico de esta mujer, que según consta en los relatos de Gertrude Bonnin no parecía especialmente entregada a algunas esclavizantes costumbres del hombre blanco. Tampoco reclamaba lujos ni condiciones especiales para sí misma, aún después de que sus hijos hubieran alcanzado puestos respetables gracias a la educación recibida fuera de la reserva. Por esto es importante recalcar la presencia de la figura materna en estos textos, quizá para entender mejor el posterior desarrollo de la especial personalidad de la Gertrude Bonnin adulta.
 
El ritmo de los relatos es rápido, y sin embargo transcurre la lectura en medio de una paz que denota cuál es la piedra angular sobre la que esta mujer pudo construir una vida paralela en un mundo que no parecía aceptarla del todo como propia. 
Y sin embargo, ella parece no darse cuenta, enfrascada en observar, continuar su camino y dejarse descubrir por lo que parece se convertirán en sus pasiones. 
 
Los relatos recogidos en Recuerdos de una india sioux están por encima de las etiquetas y los clichés que dividen al mundo en razas, porque lo que prima es la mirada inocente -exenta de maldad, aunque incisiva- de la joven que a pesar de sentir la incompetencia, deslealtad y racismo del hombre blanco no pierde el tiempo quejándose o lamentándose, sino que su lucha es participativa, y es obvio que sale ganando: estudios, una familia, un compromiso de por vida con ella misma, siendo eso sí consciente del lugar en que están plantadas sus raices.
 
Los relatos comienzan siendo una narración de la vida de la Gertrude niña, y avanzan hasta la época de juventud, en que nos consta ha cumplido el sueño de convertirse al fin en una maestra. No conforme con esta conquista, además de escritora y maestra figuran entre sus conocimientos la música –colaboró con el compositor William Hanson-, y fue además una activista política que perteneció al Consejo Nacional de Indios Norteamericanos.
 
Creo que el secreto de su grandeza se encuentra no en el hecho de superar o anhelar por inercia lo que el hombre blanco tenía, sino en la tenacidad que demostró al querer cumplir su sueño: acceder al conocimiento. 
Eso hace que los relatos cobren una dimensión que va más allá de la simple narración, ya que parece que la visión inocente aunque no exenta de inteligencia y sagacidad de aquella niña es la que planea en sus escritos, ya de adulta. Es como si se introdujera de nuevo en el cuerpo de aquella niña que jugaba con abalorios y cuentas de colores, que calzaba mocasines y actuaba a modo de esponja absorbiendo cada movimiento de aquello que la rodeaba, para transmitirnos sensaciones, para que sus mocasines sean nuestros zapatos durante el breve instante de la lectura. 
  
Saray Schaetzler

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