Anika entre libros

Carbón animal

Ficha realizada por: Inés Macpherson
Carbón animal

Título: Carbón animal
Título Original: (Carvão animal, 2011)
Autor: Ana Paula Maia
Editorial: Jus Ediciones
Colección: Ficciones


Copyright:

© 2011, Ana Paula Maia

© de la traducción, 2018, Teresa Matarranz

© 2018, Jus, Libreros y Editores S.A. de C.V.

Traducción: Teresa Matarranz
Edición: 1ª Edición: Mayo 2018
ISBN: 9786079409937
Tapa: Blanda
Etiquetas: muerte, humor negro, literatura brasileña, novela, novela corta, novela de personajes, realismo, relaciones sociales, fuego
Nº de páginas: 112

Argumento:

Las historias de los personajes de "Carbón animal" están unidas por el fuego y el carbón. Ernesto Wesley es bombero, su hermano Ronivon es incinerador de cadáveres y Edgar Wilson es minero de carbón. Tres formas de enfrentarse a los elementos, tres formas de vivir y de entender la vida. Si es que lo que hacen es vivir, porque la existencia que llevan es la de los que sobreviven, los que se levantan cada mañana porque el corazón sigue funcionando.

En un paisaje tan desolado como sus existencias, los tres personajes trazan una red invisible que los une y nos deja observar un tiempo y un lugar seco, donde parece que el tiempo y la vida están parados, acabados, en proceso de fundirse con el fuego, con la tierra, con el carbón… el carbón mineral y el de los cadáveres.  

 

Opinión:

 

Seco. Hay algo seco en este texto. La aridez del paisaje se une a una prosa que parece desnuda, sencilla y directa. No se anda con rodeos. No intenta decorar nada. Tampoco lo decoran sus personajes. Ni siquiera los lugares que habitan o transitan. Está lleno de carreteras, de hormigón y de edificios, y, sin embargo, uno tiene la sensación de estar en un descampado desierto, donde la tierra se agrieta y cuesta que la vida fluya.

Aunque abundan los humanos, hay dos personajes principales en esta pequeña novela: el fuego y los dientes. Tiene relación. Lo explica Ernesto Wesley en el primer capítulo: si uno muere en el fuego, lo único que puede ayudar a identificar a un cadáver son los dientes. Se puede perder la dignidad, pero es mejor no perder los dientes, porque, sin ellos, el fuego te devora y nadie sabe quién eres. Algo similar encontramos en el trabajo del hermano de Ernesto, Ronivon. Es incinerador de cadáveres. Para él, la tierra está demasiado llena de cuerpos. Ya no caben. La tierra ya no lo soporta. Por eso es mejor quemar los cuerpos. Da calor. A eso se reduce la vida: a unos buenos dientes y al calor que pueden aportar tus restos ardiendo.

El punto de esperanza quizás lo encuentra uno en el personaje de Edgar Wilson, un minero que, por unas circunstancias muy concretas, decide que esos agujeros en la tierra no son para él. Quiere ver el cielo. El cielo, que todo lo observa, el ir y venir de esas hormiguitas llamadas humanos, que trajinan, se apresuran y lo consumen todo, incluso a sí mismos. Es una esperanza escasa, fugaz, que se enciende sutilmente al aparecer en unas páginas, pero después se apaga por el fuego, que sigue ardiendo a través de esta historia, que nos habla de la muerte, de lo insignificantes que somos, de lo fácil que es que un día ni siquiera nos reconozcan. Y ya nadie nos pensará.

"Carbón animal" es una obra extraña, difícil de clasificar. Como ya he dicho, es seca. No parece que tenga aires apocalípticos, de fin del mundo, pero sí que hay algo que nos arrastra hacia abajo, hacia un espacio donde el polvo y el fuego nos ponen en nuestro sitio. No es un libro amable, pero te invita a seguir observando el ir y venir de estos hombres manchados de fuego y carbón, que no esperan nada; tal vez ni siquiera que los comprendamos.

 

Inés Macpherson

 

 

 

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