Anika entre libros

Así que pasen doscientos años. Los hijos de Mary Shelley

Patricia Esteban Erlés, junio 2011

© Foto de grupo: Mireya García
© Resto imágenes: Silvia Pérez Trejo

 

Así que pasen doscientos años. Los hijos de Mary Shelley 

De todos es sabido que los Hijos de Mary Shelley gustan de reunirse en ciudades con viento. Una vez cada doscientos años, más o menos, acuden a la cita concertada con sus hermanos, se sientan en círculo y se turnan para contar historias de miedo cuando empieza a anochecer. Esta vez la ciudad elegida para el encuentro fraternal fue Zaragoza, famosa al igual que Ginebra, por su cierzo y su querencia a las criaturas monstruosas. No quedaban lagos ni podíamos usar la lluvia como excusa para dar rienda suelta a nuestra calenturienta imaginación, así que debimos conformarnos con un día soleado, convencionalmente precioso, y aparecernos como si tal cosa en el salón del Ámbito Cultural del Corte Inglés a una hora demasiado temprana para los monstruos de siempre, pero propicia para estos de última generación en los que nos hemos visto convertidos una serie de autores, merced a las malas artes (o a las muy buenas, según se mire) de Fernando Marías e Imagine ediciones.


Hijosmaryshelley

Las reuniones para dar noticia de nuevos libros o las mesas redondas de autores, no tienen por qué ser aburridas. Bien mirado, la publicación de un libro siempre es una hazaña, un pequeño milagro que debería valorarse en su justa medida y celebrarse, a poder ser, con una fiesta. Una fiesta de la que participasen los escritores implicados, como las manos culpables que son, y los propios lectores. Así sucedió en una velada de mayo del pasado 2010, en otra tarde de feria, en la que los novelistas Félix J. Palma y José Carlos Somoza, ambos de sobras conocidos por su audaz inventiva, y yo misma, fuimos invitados por Fernando Marías a medir nuestras fuerzas como contadores de historias, ante el público que llenaba la sala de Ámbito Cultural del Corte Inglés. Los tres nos embarcamos en nuestros respectivos viajes en el tiempo y mostramos a los asistentes un objeto regresado de otra época y de otro lugar, un recuerdo material que daba fe de nuestra fantástica aventura. Cronotemia y otras historias de viajeros del tiempo es fruto de esa tarde de cuentos y de la protagonizada siete días después por David LozanoRicardo Menéndez Salmón y Care Santos, también desafiados por el anfitrión Fernando Marías a viajar por el tiempo. Así mismo incluye textos de Antón Castro, Luis Alberto de Cuenca, Espido Freire, Manuel Vilas, Pilar Pedraza y Pedro Ramos, que completan la nómina de Hijosmaryshelley2descendientes confesos de Mary Shelley. De la unión de todas esas obsesiones surgió una criatura negra y extraña, un cofre oscuro, cargado de minutos. Un libro editado por Imagine, el sello que dirige Silvia Pérez Trejo, en el que cada cual explora a su manera, guiado por sus propias obsesiones, ese viaje en el tiempo que le hubiera gustado protagonizar.

Su presentación en público, el sábado 28 de mayo, a las 19.30 horas, fue el primero de los actos del ciclo Hijos de  Mary Shelley que se enmarcan en la Feria del Libro de Zaragoza 2011 y corrió a cargo del escritor y periodista Juan Bolea, Ramón Pernas, director de Ámbito Cultural del Corte Inglés, y el propio Fernando Marías. Entre el público asistente pude reconocer a algunos cronotémicos, como Manuel Vilas, Espido Freire, Luis Alberto de Cuenca o David Lozano, que intentaban pasar desapercibidos, mientras Fernando Marías presentaba a la familia ilegítima de la pobre Mary Shelley y desencriptaba algunas de las claves secretas del libro. Cabe señalar que la propia Mary, quizás enfadada porque no se la había contado en el listado de autores presentes, hizo acto de presencia ultraterrena, en forma de chirrido escalofriante que se apoderó del micrófono de Fernando Marías.

Cronotemia y otras historias de viajeros del tiempo es un estuche negro en cuyo interior hemos quedado atrapados todos los que hemos Hijosmaryshelley1tenido algo que ver con él, sentados en torno a la chimenea amarilla y circular. Guarda también el secreto del tiempo, un líquido rojo como la sangre que cae de un lado a otro del reloj de arena, y desgrana historias y poemas en tinta violeta. Un libro atrevido en cuanto a la maquetación elegida que permite hacer doce viajes en el pasado o el futuro a todo aquel que se sienta afectado por el extraño síndrome descubierto en el relato de Félix J. Palma, que da nombre al volumen.

Después de la presentación volvimos a reunirnos todos en el pub El poeta eléctrico, a fin de completar la primera sesión del ciclo shelleyniano. Fue allí donde un cuarteto de frankenstenianos de pro, compuesto por Luis Alberto de Cuenca, Espido Freire, Irene Gracia y Pedro Ramos, leyeron diferentes textos relacionados de un modo u otro con lo fantástico gótico y el terror. Sentada junto a un enorme tigre de expresión fiera, Espido Freire se refirió a una de sus novelas favoritas, Cumbres borrascosas, de Emily Brontë y a modo de introducción dramatizó un diálogo de la protagonista, la joven Catherine, y su ama, Hijosmaryshelley4en el que la muchacha da cuenta de su indecisión a la hora de elegir con cuál de sus dos pretendientes debe quedarse y se muestra dividida entre razón y corazón: mientras que el sentido común le indica que el rico y educado Edgar es el prometido que le conviene, su alma le arrastra de forma inevitable en dirección al atormentado Heathcliff, con quien se ha criado y al que ama desde niña. La escritora cerró esta intervención inicial con uno de los microcuentos de su libro Cuentos malvados, editado por Páginas de Espuma, en el que se había colado una de las mariposas que adornaban su vestido.

A continuación leyeron sus poemas cronotémicos Luis Alberto de Cuenca y Pedro Ramos, muy diferentes entre sí a pesar de compartir el nexo común del viaje a lo largo del tiempo. Mientras que Luis Alberto de Cuenca optaba por un trayecto pendular, que recorría el Bizancio de Justiniano y se trasladaba después al lago suizo en torno al cual surgieron los cuentos de Shelley, Byron y Polidori, en un recorrido preciosista, no exento de humor y nostalgia del tiempo no vivido, Pedro Ramos, bastón de dandy en mano, explicaba que su texto fantasea acerca de lo distinta que hubiera sido su historia de amor con su novia, si ella no se hubiera girado y lo hubiera mirado por primera vez, en el pub irlandés en el que se conocieron. Tomó la palabra después de los dos caballeros la entrañable Irene Gracia, quien confesó en público su sonambulismo y nos mostró dos poemas góticos, en los que fueron surgiendo palacios de hielo, bestias, ángeles y corredores vacíos. Hubo una segunda tanda de lecturas, en las que, como no podía ser de otra forma, fue invocado el espíritu de Edgar Allan Poe, maestro admirado de todos los autores presentes, que rindieron homenaje al señor de los cuervos y el amor más allá de la muerte con fragmentos extraídos de Ligeia y Annabel Lee, en el caso de Espido Freire y Pedro Ramos, respectivamente, y con una atrevida y magnífica versión de El cuervo, que corrió a cargo de Luis Alberto de Cuenca y puso el broche de oro a la sesión literaria.

Hijosmaryshelley3

La noche, sin embargo, se prolongó todavía con dos actuaciones musicales, protagonizadas por Octavio Gómez Milián, Luis Cebrián, y el cantautor Gabriel Sopeña. No obstante, esta misma semana, en concreto los días 4 y 5 de junio, en la carpa de la Feria del Libro no podemos faltar a las dos próximas citas fantásticas, esta vez en torno al eje temático de vampiros, zombies y espectros enamorados, con seis Hijosmaryshelley5invitados de excepción: Ignacio del Valle, Irene Gracia y Jon Bilbao, en la primera sesión, y Vicente Molina FoixVanessa Montfort y Marcos Giralt Torrente en la segunda.

Mary Shelley creó a una criatura condenada a la soledad a pesar de su bondad e inteligencia natural, que ha sobrevivido en el tiempo y que sigue conmoviéndonos. Frankenstein nació de la soberbia de un científico que jugaba a ser Dios y pagó su imprudencia, que sufrió el escarnio de aquellos que le parecían sus hermanos naturales y debió asumir su condición de maldito, tanto entre los humanos como entre las bestias. Creo que todos los presentes en el acto del sábado nos apiadamos en su día, cuando Frankenstein cayó entre nuestras manos por primera vez, del pobre monstruo repudiado por su padre, maltratado por los hombres, castigado a vagar, erráticamente, hasta el fin de los tiempos. Todos hubiéramos querido poder salvarlo, reescribir su historia con un final menos atroz, más feliz, dejarle entrar en la cabaña, en medio de una noche fría, a calentar su cuerpo helado hecho de otros cuerpos junto al fuego. De ahí que me parezca que este ciclo literario es el mejor homenaje que puede rendírsele al hijo mayor de Mary Shelley.


 

¿Te ha gustado? Compártelo:

Comentario de los lectores:

  • Así que pasen doscientos años. Los hijos de Mary Shelley
Publicidad

Anika entre libros
Actividad subvencionada por el Ministerio de Cultura
Ministerio de cultura

Esta web utiliza cookies para obtener datos estadísticos de la navegación de sus usuarios. Si continúas navegando consideramos que aceptas su uso. Más información X Cerrar